Range Rover Sport Electric: lo he probado en Goodwood y te confirmo que la electrificación no le ha hecho perder su ADN todoterreno

Range Rover Sport Electric Prueba 24

• La versión eléctrica del SUV de lujo llega con una batería enorme de 118,5 kWh, una de las más grandes del mercado. 

• Lo he probado casi en exclusiva en Goodwood en muchas pruebas que lo han llevado al límite. 

El primer Range Rover Sport completamente eléctrico llega con 550 CV, 850 Nm y hasta 609 kilómetros de autonomía WLTP. Pero más allá de las cifras, lo verdaderamente interesante es comprobar cómo se comporta cuando el asfalto desaparece. Lo hemos probado en exclusiva en Goodwood y hemos podido comprobar que la electricidad no le ha hecho perder ni un ápice de sus capacidades todoterreno.

Por primera vez, el Range Rover Sport está disponible con propulsión completamente eléctrica y lo hace manteniendo intacta una de las características que siempre han definido a este modelo: su capacidad para combinar prestaciones, confort y comportamiento dinámico con unas capacidades todoterreno que están muy por encima de lo que uno esperaría de un SUV de lujo de sus dimensiones.

Y precisamente comprobar que esa capacidad permanece intacta era uno de los objetivos de la prueba que pude realizar el pasado mes de julio en Goodwood, durante una experiencia exclusiva con el nuevo Range Rover Sport Electric. Allí no nos limitamos a conducirlo sobre asfalto. Pudimos enfrentarlo a escaleras, zonas de tierra, slalom, cambios de apoyo y diferentes obstáculos, además de protagonizar una de las pruebas más espectaculares: atravesar el fuselaje de un avión de pasajeros entrando por un extremo y saliendo por el otro.

Todo ello antes incluso de conocer todas las cifras definitivas del modelo de producción que ahora se han desvelado al fin.

Un Range Rover Sport que cambia mucho más de lo que parece

A primera vista, el nuevo Range Rover Sport Electric no pretende ni mucho menos revolucionar la fórmula estética del modelo. Su silueta sigue siendo perfectamente reconocible y mantiene las proporciones y la presencia que han convertido al Sport en uno de los modelos más característicos de la familia Range Rover.

Las diferencias están principalmente en los detalles. Una nueva parrilla más cerrada y aerodinámica o unas llantas específicamente diseñadas para esta versión permiten identificar al modelo eléctrico, al mismo tiempo que contribuyen a mejorar su eficiencia. De hecho, según los datos oficiales, estas soluciones pueden aportar hasta 16 kilómetros adicionales de autonomía circulando a velocidades de autopista.

Pero lo realmente importante está debajo de esa carrocería. El Range Rover Sport Electric utiliza una batería de iones de litio de 118,5 kWh y dos motores eléctricos de 260 kW, uno asociado a cada eje. El resultado son 550 CV y 850 Nm de par máximo, la cifra de par más elevada de cualquier Range Rover Sport hasta la fecha. Con el modo Dynamic Launch activado, es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 4,5 segundos.

Es una cifra que lo coloca directamente en territorio de SUV deportivos de combustión de muy altas prestaciones. Pero si hay una cifra que ayuda a entender por qué este coche puede comportarse de una manera diferente a otros Range Rover Sport es la rigidez estructural.

La carrocería es un 61 % más rígida que la de los Range Rover Sport PHEV y el centro de gravedad se sitúa 73 milímetros más bajo. No son cifras especialmente fáciles de apreciar mirando el coche, pero sí tienen una consecuencia muy clara cuando empiezas a conducirlo: el Sport Electric se siente más asentado de lo que uno espera de un SUV de este tamaño.

El reto: conseguir que pese menos de lo que pesa

La plataforma del Range Rover Sport se desarrolló desde el inicio para tener una versión eléctrica

Una de las dificultades de cualquier SUV eléctrico de gran tamaño es conseguir que el peso de la batería no termine condicionando demasiado el comportamiento dinámico, y más en un modelo como este que tiene ya versiones de combustión en las calles con las que compararse. 

En el Range Rover Sport Electric, la respuesta de los ingenieros ha sido trabajar de manera muy profunda sobre el chasis. Cuenta con suspensión neumática Dynamic Air Suspension, amortiguadores de doble válvula, Adaptive Dynamics, Electronic Active Roll Control y dirección a las cuatro ruedas. El sistema Adaptive Dynamics monitoriza hasta 100 parámetros 500 veces por segundo para controlar los movimientos de la carrocería.

Y todo eso se percibe al volante. En Goodwood tuve la oportunidad de comprobarlo especialmente en las zonas de slalom. Aquí es donde un SUV de estas dimensiones debería empezar a mostrar sus limitaciones: cambios de dirección rápidos, transferencias de masas y una carrocería elevada que obliga normalmente a trabajar mucho para contener los movimientos.

Sin embargo, el Range Rover Sport Electric responde con una agilidad sorprendente. No da la sensación de conducir un coche pequeño, evidentemente, pero sí transmite una sensación de control y precisión mucho mayor de la que cabría esperar por su tamaño. La dirección a las cuatro ruedas ayuda a reducir la sensación de volumen y hace que el coche cambie de trayectoria con mucha más facilidad.

La carrocería permanece sorprendentemente controlada y el sistema de control activo del balanceo consigue que los movimientos de la carrocería sean muy contenidos. Es probablemente una de las primeras cosas que llaman la atención al conducirlo: se siente más pequeño de lo que realmente es.

550 CV que llegan prácticamente sin ruido

La otra gran diferencia respecto a los Range Rover Sport que conocemos hasta ahora está, lógicamente, en la forma de entregar la potencia.

Los 850 Nm aparecen de manera inmediata y sin la espera asociada a un motor de combustión. En una aceleración desde parado, el empuje es contundente y muy lineal, hasta el punto de que los 4,5 segundos anunciados para alcanzar los 100 km/h no resultan difíciles de imaginar.

Pero lo curioso es que Range Rover no ha querido limitarse a dejar que el silencio sea la única característica acústica del coche.

El Sport Electric incorpora un diseño de sonido específico que combina diferentes tonos para reforzar la interacción del conductor con los distintos modos de conducción. La propia marca explica que se ha trabajado para crear una firma acústica que se sitúe entre la música y la ingeniería.

No pretende imitar artificialmente el sonido de un V8, afortunadamente. Su objetivo es diferente: aportar información y carácter a una conducción que, por la propia naturaleza de un coche eléctrico, sería mucho más silenciosa.

Y en un vehículo que puede acelerar con semejante contundencia, tener alguna referencia acústica ayuda a construir esa sensación de conexión que Range Rover ha buscado.

Y entonces llega la escalera

Pero si hay un momento de esta prueba que sirve para entender qué pretende realmente Range Rover con este coche, es cuando abandonas el asfalto.

Porque un Range Rover Sport eléctrico podría haberse planteado simplemente como un SUV de lujo de altas prestaciones con cero emisiones locales. Sin embargo, la marca ha querido que sea algo más que eso.

La prueba de Goodwood incluía diferentes obstáculos destinados a poner a prueba el control de los dos motores eléctricos imitando algunos de los retos a los que se ha enfrentado el Range Rover Sport en el pasado. Uno de ellos era una escalera, que simulaba de forma muy leve el reto del Dragón Challenge, que se realizó en la Tianmen Mountain Road de China hace unos años. 

Subir una escalera con un SUV de este tamaño siempre impresiona desde fuera. Desde el puesto de conducción, lo más llamativo es la facilidad con la que el coche avanza. La entrega instantánea de par permite controlar el avance con una precisión enorme y, sobre todo, evita la necesidad de que un motor de combustión tenga que mantener un determinado régimen para generar la fuerza necesaria.

De lo que iba más pendiente era del sistema de cámaras perimetral para evitar salirme de la plataforma, ya que el coche es muy ancho y había riesgo de hacerlo. 

El sistema de gestión de la tracción se encarga de repartir el par entre ambos ejes y entre las ruedas según las necesidades del momento. La marca habla de una tracción total virtual, acompañada de un sistema Intelligent Traction Management específicamente calibrado para este modelo.

Y eso permite algo que resulta especialmente interesante en conducción todoterreno: controlar con enorme precisión qué hace cada rueda.

Atravesar un avión con un Range Rover

Si subir una escalera era una demostración de control, atravesar el fuselaje de un avión era directamente una demostración de espectáculo, pero igual o más impresionante que la anterior. 

El reto consistía en introducir el Range Rover Sport Electric por uno de los extremos del fuselaje de un avión de pasajeros, avanzar por su interior y salir por el extremo contrario.

Desde fuera, la imagen es espectacular. Pero desde el interior tiene además otra lectura: el coche debe avanzar con precisión en un espacio estrecho y, al mismo tiempo, superar los cambios de superficie y los obstáculos del recorrido.

Y aquí vuelve a aparecer una de las características que más sorprenden del Sport Electric: su capacidad para hacer que toda esa tecnología trabaje de una manera prácticamente transparente para el conductor y la ayuda del sistema de cámaras pensado para pasar por sitios muy complicados en la práctica del todoterreno. 

No necesitas estar pensando constantemente en qué rueda tiene adherencia o cuánto par debe llegar a cada eje. El sistema se ocupa de ello y tú simplemente tienes que concentrarte en elegir la trayectoria.

Es precisamente esa facilidad la que hace que el resultado sea tan convincente y la foto para el recuerdo.

Un todoterreno de verdad

La electrificación no ha obligado a Range Rover a rebajar las expectativas cuando hablamos de conducción fuera del asfalto. El Sport Electric puede vadear hasta 900 milímetros de agua y superar pendientes de hasta 45 grados. Son cifras que lo sitúan claramente en el territorio de los todoterreno de verdad y no simplemente en el de los SUV con cierta capacidad para circular fuera de carretera.

De hecho, el programa de desarrollo del coche ha incluido pruebas en condiciones especialmente exigentes. El último escenario de desarrollo ha sido la cantera de mármol de Carrara, en Italia, con pendientes de hasta 45 grados y superficies que iban desde mármol pulido hasta capas de polvo de mármol extremadamente fino.

Es un escenario especialmente interesante porque obliga a combinar dos características que normalmente no van de la mano: precisión y capacidad de tracción.

En Goodwood, aunque las condiciones eran obviamente más controladas, los distintos retos permitían comprobar precisamente esa capacidad de gestión de la tracción. Y la conclusión después de probarlo es clara: el hecho de que tenga dos motores eléctricos en lugar de un motor de combustión no ha convertido al Range Rover Sport en un SUV menos capaz fuera del asfalto.

De hecho, en determinadas situaciones, la respuesta instantánea y extremadamente precisa de los motores eléctricos puede convertirse en una ventaja.

Una batería enorme y una carga sorprendentemente rápida

La batería tiene una capacidad de 118,5 kWh y trabaja sobre una arquitectura eléctrica de 800 voltios. Es una de las baterías más grandes que podemos encontrar hoy en día en un coche de calle. 

Con ella, el Range Rover Sport Electric anuncia hasta 609 kilómetros de autonomía homologada WLTP, mientras que la estimación de autonomía en condiciones reales de la marca alcanza los 537 kilómetros. Lógicamente en una prueba de este tipo no pudimos analizar este aspecto con precisión, para eso habrá que esperar a probarlo con calma cuando tengamos a nuestra disposición una unidad durante una semana completa. 

Pero tan importante como la autonomía es la velocidad de carga. Utilizando un cargador rápido de corriente continua capaz de proporcionar la potencia máxima admitida por el vehículo, puede recuperar hasta 220 kilómetros de autonomía en apenas 10 minutos. El paso del 10 al 80 % requiere aproximadamente 22 minutos.

Son cifras especialmente relevantes en un vehículo de este tamaño y con una batería de semejante capacidad. Además, Range Rover ha desarrollado un sistema de gestión térmica denominado ThermAssist, pensado para optimizar el rendimiento eléctrico y mantener la batería en las condiciones adecuadas.

La batería, por cierto, cuenta con una garantía de ocho años o 160.000 kilómetros, porque seguro hay comentarios en esta línea. 

El Range Rover Sport más tecnológico

La tecnología no termina en el sistema de propulsión. El coche incorpora un Battery Digital Twin que permite realizar un mantenimiento más predictivo y aprovechar las actualizaciones de software inalámbricas de JLR. También existe una nueva aplicación de Range Rover desde la que es posible localizar y programar sesiones de carga.

En el exterior, además de la nueva parrilla y las llantas específicas, el objetivo ha sido mantener intacta la personalidad del Range Rover Sport.

La gama estará disponible con los acabados Dynamic SE, Dynamic HSE, Autobiography y First Edition, además de diferentes posibilidades de personalización a través del programa Range Rover Bespoke. La First Edition, por ejemplo, se distingue por su acabado Zadar Grey con Satin Wrap, techo negro en contraste y llantas de 22 pulgadas.

¿Sigue siendo un Range Rover Sport?

Después de conducirlo en Goodwood, esa es probablemente la pregunta más interesante. La respuesta está en cómo ha planteado Range Rover la electrificación. 

No se ha limitado a sustituir un motor de combustión por dos eléctricos y una enorme batería. Ha aprovechado las posibilidades que ofrece la propulsión eléctrica para modificar el centro de gravedad, aumentar la rigidez estructural, mejorar el control de la carrocería y conseguir una respuesta mucho más rápida.

Y, al mismo tiempo, ha tenido especial cuidado en no sacrificar aquello que define a un Range Rover, ya que desde el nacimiento de esta generación se ha pensado en una versión eléctrica, por lo que la plataforma ya venía preparada para ello. 

El resultado es un SUV que sorprende más por su facilidad que por su espectacularidad. Los 550 CV y los 850 Nm impresionan sobre el papel, pero es la forma en la que el coche consigue utilizarlos lo que realmente marca la diferencia.

En carretera, el centro de gravedad más bajo y el control de los movimientos de la carrocería hacen que se sienta mucho más ágil de lo que sus dimensiones sugieren, pero eso es algo que también ocurre en las versiones de comhustión. 

En zonas técnicas, los dos motores permiten gestionar la tracción con una precisión enorme. Y fuera del asfalto, las cifras de capacidad todoterreno demuestran que no estamos ante un SUV eléctrico que haya tenido que renunciar a una parte de su ADN.

La prueba de Goodwood tenía precisamente ese objetivo: demostrar que un Range Rover Sport puede entrar en la era eléctrica sin dejar de ser un Range Rover Sport.

Después de subir escaleras, hacer slalom, superar obstáculos y atravesar el fuselaje de un avión de pasajeros, la sensación que queda es que lo han conseguido.

El Range Rover Sport Electric no pretende ser simplemente la alternativa eléctrica del Range Rover Sport para quien busque un eléctrico. Pretende aprovechar la electricidad para llevar el concepto de Sport un paso más allá, manteniendo intacta la capacidad todoterreno que ha acompañado al apellido Range Rover desde hace décadas. Y lo más importante de todo, en ningún caso va a sustituir a las versiones PHEV, de gasolina o diésel de este modelo, que seguirán en el mercado.

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