McLaren MP4-12C, prueba (conducción y dinámica I)

El McLaren MP4-12C ya nos ha demostrado en la primera parte de la prueba que gana mucho al natural, es poco fotogénico pero en persona no pasa desapercibido. Su línea es bastante tradicional y atemporal al mismo tiempo.

El interior está resuelto de forma magistral, demostrando que con sencillez y pocos mandos también se puede manejar uno de los coches más modernos y avanzados del mercado. Pero toca la parte más esperada, ponernos al volante del poderoso superdeportivo británico y tratar de sacar lo máximo de él.

Un coche con solo 1.301 kilos de peso y 600 caballos de potencia, está claro que solo se puede conducir en un circuito para conseguir llevarlo al límite. Acelera de 0 a 100 km/h en 3,1 segundos, y alcanza una velociad punta de 330 km/h. ¿Arrancamos?

Antes de salir de las instalaciones de Guarnieri en San Pedro de Alcántara, el propio Mario Guarnieri quiso explicarnos los principales detalles del coche. Parados en la entrada del lujoso taller, el cielo se teñía de negro al fondo, mientras la lluvia no dejaba de encharcar el asfalto.

Dimos una vuelta por los alrededores de la concesión, mientras Mario me iba explicando como funcionan los pocos mandos del coche. Para modificar el chasis, hay que pulsar la tecla Active y girar el mando izquierdo hasta la posición elegida. Para cambiar el carácter del motor, lo mismo pero con el mando de la derecha. Eso si, con el día que hacía era mejor llevarlo en la posición más tranquila.

Volviendo de esta breve vuelta de introducción, nos encontramos con un bache bastante considerable en la carretera, seguramente provocado por el tráfico de camiones pesados. El McLaren tocó en el suelo de forma estrepitosa, el ruido del coche rozando contra el asfalto me dolió hasta a mi.

Ponemos en marcha el MP4-12C y comenzamos a disfrutar

Mario me pasa el mando de fibra de carbono que sirve como llave del vehículo. Evidentemente, es un mando con detección de presencia por lo que no es necesario sacarlo del bolsillo para abrir y cerrar el coche, o para ponerlo en marcha.

Mientras me lo da, me mira a los ojos y me pide que cuide el coche. Evidentemente el también estaba nervioso por dejar una máquina semejante en mis manos en uno de los pocos días al año en que diluvia en la Costa del Sol.

Lo admito, yo estaba intranquilo. Y una vez más he vuelto a sentir ese cosquilleo especial que solo siento cuando quedo con alguna chica que me gusta o cuando me pongo al volante de un coche “especial” como éste.

Vuelvo al taller dónde el coche me esperaba, tras rellenar el papel que me permitía rodar con las placas de matrícula rojas de pruebas. Abro la puerta y me siento en el McLaren MP4-12C. Por fin estábamos a punto de salir a rodar, era el momento que llevaba esperando desde que hace dos semanas recibí la llamada ofreciéndomelo.

Sin dudarlo ni un momento piso el freno con fuerza, pulso el botón situado en la consola central y todo en él comienza a tomar vida. Lo primero, se enciende el cuadro de mandos, haciendo un check control para saber que todo está en orden.

Inmediatamente el motor V8 se pone en marcha, y el estruendo se hace notar. Mis manos sudaban, pero no había tiempo que perder porque el cielo estaba cada vez más negro y la lluvia comenzaba a ser ya considerable.

Pulso el botón “D” situado en la consola central, y todo está listo para este viaje inolvidable. Arranco con suavidad, bajando la cuesta del taller con cuidado para no rascar los bajos. Desde San Pedro de Alcántara nos dirigimos hacia Ronda con el objetivo de disfrutar de una de las carreteras de curvas más bonitas de cuantas conozco.

Durante los primeros metros en los que circulé entre el tráfico urbano, una de las cosas que más me llamó la atención del McLaren MP4-12C fue la suavidad con la que se movía. Frente a lo que ocurre en otros superdeportivos, el británico no da ningún tipo de tirones y te permite rodar de forma suave y precisa.

El limpiaparabrisas delantero, fabricado en una única pieza que recorre toda la luna delantera, trabaja sin descanso para evacuar el agua. Enfilamos la carretera de Ronda, pero el tráfico es denso y lento. No es el mejor ambiente para disfrutar de los 600 caballos.

Después de unos cuantos kilómetros detrás de un Kia Picanto conducido por una pareja de jubilados de aspecto británico, veo que a la salida de una curva de izquierdas hay una línea discontinua y no viene nadie de frente.

Pongo el intermitente y comienzo la maniobra pisando casi a fondo el acelerador. El coche, responde de forma instantánea a los movimientos de acelerador, y adelantamos al pequeño utilitario en una exalación.

A lo lejos veo las curvas que tengo por delante en esa preciosa carretera de montaña. Tráfico despejado y toca disfrutar. Bajo dos marchas pulsando con contundencia la leva izquierda situada en posición fija en el volante, y el motor V8 comienza a cantar.

Piso casi a fondo de nuevo el acelerador, y el coche nos pega a Javier Álvarez y a mi al asiento. El suelo está resbaladizo, y las ruedas traseras tratan de derrapar. Por suerte la electrónica se encarga de impedir que se altere el orden lógico, así que decido tomarme las cosas con más calma.

Curva tras curva me voy dando cuenta de que el aplomo del coche es sencillamente perfecto, y al volante se nota que es muy ágil y dinámico. Teniendo más tacto con el acelerador, siendo más progresivo con el pie derecho es sencillo disfrutar al volante a pesar del diluvio sobre el que rodábamos.

Para colmo, la temperatura ambiente era cada vez más baja, tanto que a los pocos minutos se encendió un indicador en el cuadro de mandos que nos decía “Precaución escarcha”. No me lo podía creer, estaba en Málaga a los mandos de un McLaren MP4-12C y estaba a punto de ponerse a nevar.

La clave para conseguir disfrutar de un coche así en esas condiciones, pasaba por rodar en marchas largas, aprovechando la elasticidad del motor V8. Si pisas el pedal del acelerador con cariño, te lo puedes pasar en grande enlazando una curva tras otra.

Eso si, si pisas con fuerza el acelerador el turbo comenzará a soplar y entonces has de estar muy atento porque los movimientos de la parte trasera son una constante. Estoy seguro de que con la carretera seca y el asfalto en buenas condiciones, ese nerviosismo que sentía se hubiese traducido en adrenalina pura y dura.

Seguimos subiendo por la carretera de Ronda, escuchando el sonido del motor V8 y con los dedos cruzados para que no nevase. Pero por desgracia, la climatología no estaba de nuestro lado, no quería que el idilio entre el británico y yo tuviese un marco perfecto y pronto comenzaron a caer copos de nieve.

El marcador electrónico de temperatura marcaba cero grados, y allí estábamos nosotros a los mandos de un McLaren MP4-12C. ¿Gorilas en la niebla? Esto debería llamarse Gorila en la nieve. Por precaución, activamos el modo “Winter” con el botón situado también en la consola central.

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