Teníamos ganas de probar el Alfa Giulia y, tras conducirlo, tenemos la necesidad de repetir

Poco hay que contar del Alfa Romeo Giulia que no os hayamos contado ya en las incontables noticias que hemos publicado sobre este coche. La nueva berlina con tracción trasera de la marca italiana ha despertado un gran interés y no es para menos, sobre todo al empezar su presentación con la versión Quadrifoglio Verde de 510 CV y motor Ferrari.

Suspensión delantera de aluminio, eje de transmisión de carbono y muchos más alicientes para un coche en el que Alfa ha apostado muy fuerte y que pretende plantar cara a los grandes de la categoría. Hoy lo hemos conducido por primera vez y os lo vamos a contar.

Al volante del Alfa Giulia

Vaya por delante que la toma de contacto ha sido breve y no hemos podido sacar tantas conclusiones como en otras presentaciones en las que recorremos varios cientos de kilómetros y, ni mucho menos, como en una prueba a fondo en la que disponemos del coche durante una semana. Pero sí hemos obtenido conclusiones interesantes del Giulia.

La primera y fundamental es que se trata de un coche para sentir y disfrutar. Puedes compararlo con el trío de alemanes premium o con quien más te apetezca, pero en realidad el Giulia es incomparable. ¿Y por qué? Porque está desarrollado para transmitir sensaciones, sensaciones que te atrapan desde el mismo momento en el que te sientas en el puesto de conducción y pulsas el botón de arranque situado en el lado izquierdo del volante.

La unidad probada es un Giulia 2.2 diésel de 180 CV de potencia y 380 Nm de par motor con cambio manual de seis velocidades. Esta unidad contaba con 800 kilómetros en el marcador y me temo que el motor está todavía un poco duro, es decir, le falta rodaje y le cuesta subir de vueltas y estirar. Lo he comentado con compañeros que han probado otras unidades y hemos llegado a la misma conclusión porque en otras unidades no sucedía.

Cabe destacar que llega poco sonido de la mecánica al habitáculo cuando rodamos a baja velocidad y muy, muy poco cuando pasamos de los 80 kilómetros por hora. Eso sí, el sistema de parada y arranque es un poco brusco y a ralentí la palanca del cambio (manual) retiembla un poco.

Pero se trata de un detalle que pasa desapercibido en el mismo momento en el que empiezas a engranar una marcha tras otra. Y es que la corta palanca se desliza con movimientos firmes por sus cortos recorridos y sientes perfectamente cómo sacas y cómo engranas cada una de las marchas. Eso y un pomo esférico hacen que te apetezca utilizar el cambio, algo que dice mucho a su favor.

A algunos el simple hecho de sentir que es el eje trasero el que nos empuja (en lugar de notar cómo tira el delantero) nos dibuja una sonrisa en la cara. Si a eso le sumas una dirección muy directa con un tacto que no me ha disgustado (a pesar de lo crítico que soy para este punto) y un chasis con ganas de rock and roll, el resultado es una berlina muy, muy pasional. Una berlina muy Alfa.

Conduciendo atento a los detalles

En los pocos kilómetros que hemos recorrido con el Giulia no sólo hemos descubierto esa primera capa de su carácter (es un coche para probar a fondo y exprimir sus posibilidades), también hemos afilado la vista para descubrir sus pros y sus contras en cuanto a materiales, acabados, ergonomía, etc.

Interior del Giulia 'normal'

Para empezar te diré que me han gustado los asientos delanteros, tienen formas deportivas, un mullido firme y se adaptan bien al cuerpo. Además son atractivos y le ponen otro punto de picante al Giulia. El volante tiene un diámetro contenido y una regulación en profundidad de verdad, no es de esos que dicen que tienen ajuste horizontal y su recorrido no llega ni a cinco centímetros.

La pantalla multifunción situada en la parte alta de la consola central está totalmente integrada en el diseño y no se ven los límites reales de la pantalla, de hecho cuando está apagada ni parece una pantalla. Por lo que he podido escuchar tiene muchos detractores, pero personalmente me ha gustado por varias razones.

Para empezar no es táctil, así que nada de huellas de dedos (además se supone que es anti-huellas) en la pantalla ni largos despistes apuntando con el dedo. El diseño me parece muy acertado y la iluminación es comedida, no hay problemas de deslumbramientos por la noche como pasa en muchos, muchos coches actuales.

Claro que bajo determinadas circunstancias de iluminación los colores oscuros de algunas grafías hacen que cuente un poco leerlas y también genera algunos reflejos. En mi caso no he tenido problema, pero quizá por la posición al volante o que simplemente no he sido consciente ante la avalancha de información que quería recibir para no perderme nada del coche.

El Giulia busca plantar cara a BMW, Audi y Mercedes, sus armas son un diseño diferenciador y una conducción más pasional. En cuanto a materiales y acabados hay luces y sombras, tenemos materiales de mucha calidad y que entran por los ojos, pero también encontramos algunos plásticos mejorables en la parte baja y con remates algo dudosos. En este caso vamos a darle un voto de confianza al tratarse de unidades pre-serie.

Nos quedamos con ganas de más, de más kilómetros con el Giulia, de autopista, de ciudad, de curvas… sí, de muchas curvas porque esa dirección rápida, ese chasis ágil y preciso, ese cambio de carreritas y ese motor al que seguro que le faltan unos cuantos kilómetros de rodaje nos prometen emociones al volante, algo de lo que saben mucho los italianos.

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