He probado el Audi Q5 TDI de 204 CV y todavía me pregunto por qué quieren matar a los coches diésel, porque siguen siendo súper racionales

Audi Q5 2.0 TDI

• En un mundo marcado por la electrificación, pruebas un coche diésel como este y te das cuenta del sentido que tiene. 

• El SUV compacto con mecánica TDI de 204 CV combina prestaciones, bajo consumo y alta autonomía.

El diésel lleva años señalado como una tecnología destinada a desaparecer. Las normativas anticontaminación, la llegada de los híbridos y, sobre todo, el imparable avance del coche eléctrico parecen haberlo condenado a una lenta desaparición. Sin embargo, tras haber probado este coche, creo que quizá nos estamos precipitando al darle por muerto.

Se trata del Audi Q5 2.0 TDI de 204 CV. Un SUV premium de tamaño medio que, además de recurrir a un motor diésel, incorpora tecnología mild hybrid de 48 voltios y consigue algo que hace no demasiado tiempo habría parecido difícil de imaginar: combinar un motor de gasóleo con la etiqueta ECO de la DGT con todos sus beneficios añadidos.

Después de haberlo conducido, creo que precisamente esta combinación es una de las grandes virtudes del nuevo Q5. Porque si alguien busca un coche para recorrer muchos kilómetros, viajar con comodidad y no estar pendiente constantemente de dónde está la siguiente gasolinera o punto de recarga, este Audi sigue teniendo argumentos de mucho peso. Te lo cuento. 

Un Q5 completamente nuevo, pero reconocible

El Audi Q5 llega a su tercera generación con una receta que no pretende revolucionar el concepto de este modelo, sino evolucionarlo. El primer Q5 se lanzó en 2008 y desde entonces se ha convertido en uno de los pilares de la gama Audi, especialmente en Europa. Ahora esta nueva generación estrena la Plataforma Premium de Combustión (PPC), compartida con otros modelos recientes de la marca como el Audi A5.

Exteriormente, el cambio es evidente, aunque Audi ha querido mantener intacta la identidad del Q5. Es más afilado, tecnológico y musculoso, con una línea de hombros muy marcada que recorre toda la carrocería y unos grupos ópticos que adquieren un protagonismo enorme.

El frontal está presidido por una parrilla Singleframe de grandes dimensiones y una posición elevada, mientras que la trasera resulta especialmente limpia. Aquí llama la atención la nueva firma lumínica, con pilotos OLED digitales de segunda generación capaces incluso de modificar su apariencia y mostrar determinados patrones de advertencia en situaciones de riesgo.

Es uno de esos coches que probablemente no necesiten demasiadas explicaciones para saber que estamos ante un Audi. Y eso, en un modelo de este segmento y en los tiempos que corren, sigue siendo importante.

Un interior dominado por las pantallas, desgraciadamente

Si por fuera el cambio es importante, por dentro la transformación en esta generación es todavía mayor. El salpicadero está presidido por el denominado Audi MMI Panoramic Display, formado por una pantalla OLED curva que integra el cuadro de instrumentos digital de 11,9 pulgadas y la pantalla central MMI de 14,5 pulgadas. Además, se puede añadir una tercera pantalla de 10,9 pulgadas para el acompañante, como llevaba el coche de la prueba.

Visualmente es espectacular. Las pantallas tienen una enorme calidad de imagen, los gráficos están muy cuidados y el sistema multimedia funciona con rapidez. Audi utiliza además Android Automotive OS y permite actualizar el sistema mediante actualizaciones inalámbricas, además de instalar aplicaciones desde su propia tienda.

Pero aquí tengo una de las principales críticas que hacerle a este Q5. Porque toda esta tecnología tiene un precio y, en mi opinión, ese precio se paga en términos de sensación de calidad.

Audi había conseguido durante años que entrar en uno de sus coches fuese casi una referencia en cuanto a materiales, ajustes y sensación de solidez. En este Q5 hay zonas que siguen transmitiendo esa sensación, pero otras ya no están a la altura de lo que uno espera cuando está sentado en un SUV premium cuyo precio supera con facilidad los 60.000 euros.

La proliferación de pantallas, superficies táctiles y elementos digitales ha transformado por completo el puesto de conducción. El resultado es muy moderno y tecnológico, pero también menos sofisticado en algunos detalles que los Audi de generaciones anteriores.

Es una tendencia que no afecta únicamente a Audi, por supuesto. El problema es que cuando un fabricante premium ha sido históricamente una referencia en calidad percibida, la comparación con sus propios modelos anteriores resulta inevitable.

Por lo demás, el Q5 es un coche muy agradable para viajar. La postura de conducción es buena, los asientos ofrecen un nivel de confort elevado y la sensación de amplitud es notable. Además, la banqueta trasera puede desplazarse longitudinalmente y permite jugar con el espacio disponible para los pasajeros o el equipaje. Con los asientos traseros abatidos, el volumen de carga llega hasta 1.473 litros.

204 CV que parecen hechos para viajar

Bajo el capó encontramos el conocido 2.0 TDI de cuatro cilindros, en su evolución EA288 evo, que desarrolla 150 kW, equivalentes a 204 CV, y entrega 400 Nm de par máximo. En el Q5 siempre está asociado a la tracción integral quattro y a una transmisión automática S tronic de siete velocidades.

No es el motor que elegiría alguien que busque prestaciones deportivas. Para eso está el SQ5. Pero tampoco pretende serlo.

Los 204 CV son más que suficientes para mover con solvencia un SUV de este tamaño y, sobre todo, los 400 Nm hacen que el Q5 responda con mucha facilidad cuando necesitamos ganar velocidad. La entrega es progresiva y contundente desde la zona baja del cuentarrevoluciones, precisamente donde un diésel sigue teniendo una de sus grandes ventajas.

El cambio S tronic también juega un papel importante. Las siete relaciones permiten mantener el motor en su zona de funcionamiento más eficiente y, cuando necesitamos prestaciones, responde con rapidez.

Pero donde realmente destaca este conjunto es cuando abandonamos la obsesión por los tiempos de aceleración y empezamos a utilizar el coche como lo que realmente es: una máquina para viajar.

El diésel todavía tiene sentido

Hay una cifra que resume perfectamente por qué me parece tan interesante esta versión: entre 5,9 y 6,6 l/100 km de consumo homologado WLTP, dependiendo de la configuración. Y esos consumos se consiguen también en uso real en carretera. Tanto es así que durante la semana de prueba, en la que he utilizado el coche tanto en uso diario como en carretera, la media de consumo se ha quedado en 6,2 l/100 km.

Para un SUV de este tamaño, con 204 CV, tracción quattro y cambio automático, es una cifra realmente buena. Y aquí es donde el diésel vuelve a demostrar que todavía tiene una carta que jugar, pese a que el precio del litro sea superior hoy en día al de la gasolina. 

Porque cuando haces muchos kilómetros por autopista, especialmente en desplazamientos largos, la eficiencia de un buen motor diésel sigue siendo difícil de igualar. El consumo se mantiene contenido y el depósito de combustible permite conseguir una autonomía muy elevada sin tener que detenerse constantemente.

Es algo que se aprecia especialmente cuando haces un viaje de varios cientos de kilómetros. El Q5 puede recorrer una enorme distancia entre repostajes y lo hace con un nivel de confort muy elevado. 

MHEV plus: diésel y etiqueta ECO

Audi ha equipado todas las versiones de lanzamiento del Q5 con su tecnología MHEV plus de 48 voltios. No estamos, por tanto, ante un híbrido convencional ni ante un híbrido enchufable, sino ante un sistema de hibridación ligera que trabaja junto al motor de combustión para mejorar eficiencia y confort.

El sistema utiliza una batería de iones de litio de 1,7 kWh y un generador del sistema de propulsión capaz de aportar hasta 18 kW, equivalentes a 24 CV, y hasta 230 Nm de par adicionales. Además, durante las deceleraciones puede recuperar hasta 25 kW de energía.

En la práctica, lo más interesante es que esta tecnología permite al Q5 realizar determinadas maniobras y desplazamientos a baja velocidad utilizando únicamente electricidad durante periodos limitados.

Fotos RouteEtCircuit

Por ejemplo, al moverte en aparcamientos o incluso en atascos a baja velocidad, el coche lo hace únicamente impulsado por ese sistema híbrido ligero tan conseguido. Podemos decir por tanto que no es solo un pequeño motor puesto ahí para conseguir la etiqueta ECO. Como ocurre en su hermano mayor el Audi A6 con esta misma motorización que probamos hace algunos meses, en este el sistema híbrido realmente funciona. 

Pero hay otra consecuencia mucho más importante para quien compra un coche en España: la etiqueta ECO. Tenemos un SUV diésel de 204 CV, con tracción quattro, capaz de consumir alrededor de seis litros cada 100 kilómetros en condiciones homologadas y con distintivo ECO, lo cual es muy importante en algunas ciudades. 

Y creo que esta combinación explica mejor que ninguna otra por qué el diésel todavía puede tener sentido en 2026.

Al volante: un coche que entiende perfectamente para qué sirve

Hay coches que intentan convencerte de que son muchas cosas a la vez. El Audi Q5 2.0 TDI de 204 CV no necesita hacerlo. Después de varios cientos de kilómetros al volante, tengo bastante claro cuál es su principal virtud: sabe perfectamente para qué ha sido concebido.

No es un SUV deportivo, aunque el acabado Black line y sus formas más agresivas puedan intentar hacernos creer lo contrario. Tampoco es un coche pensado para buscar sensaciones al volante como podría ser un SQ5. Es, sobre todo, un magnífico coche para viajar. Y cuanto más kilómetros haces con él, más sentido empieza a tener esta configuración mecánica.

El primer contacto con el 2.0 TDI deja claro que estamos ante un motor que prioriza la eficiencia y la facilidad de uso. Los 204 CV pueden parecer una cifra modesta en un segmento en el que cada vez es más habitual encontrar potencias muy superiores, pero los 400 Nm de par disponibles hacen que el Q5 responda con mucha solvencia desde la zona baja del cuentarrevoluciones.

No hace falta llevarlo alto de vueltas para conseguir una respuesta contundente. Basta con hundir ligeramente el acelerador para que el cambio S tronic reduzca una o dos marchas y el Q5 gane velocidad con una facilidad que encaja perfectamente con su filosofía.

Y aquí es donde empiezo a valorar especialmente que Audi haya mantenido un diésel en la gama y que en coches como el nuevo Audi Q7, se de prioridad de nuevo a las mecánicas diésel frente a las electrificadas, una decisión atrevida pero acertada bajo mi punto de vista si nos ponemos en el lugar del comprador.

Porque en ciudad probablemente no vamos a apreciar toda la ventaja de este motor y tal vez un E-Hybrid ofrezca una experiencia de conducción más placentera. Pero cuando abandonamos la circulación urbana y empezamos a encadenar kilómetros de autovía, el TDI empieza a demostrar por qué sigue siendo tan difícil de sustituir para determinados usuarios.

Fotos RouteEtCircuit

El motor gira redondo, no en vano lo han ido afinando con el paso de los años y su experiencia en muchos otros coches. El ruido queda muy aislado del habitáculo y el coche mantiene velocidades de crucero con una facilidad extraordinaria. Al mismo tiempo, el consumo puede mantenerse en cifras realmente contenidas para un SUV de estas dimensiones.

Es precisamente en esas situaciones donde el Q5 consigue algo que valoro mucho en un coche de este tipo: consigue que viajar sea una actividad casi desapercibida.

La suspensión tiene buena parte de culpa. El Q5 no intenta ser excesivamente blando para transmitir una sensación artificial de confort, pero tampoco busca una firmeza deportiva que termine penalizando a los ocupantes. Se mueve con aplomo y filtra con bastante solvencia las irregularidades del asfalto.

La configuración de la suspensión de esta unidad resulta especialmente apropiada para ese uso. Audi ha trabajado también en la dirección y en el eje delantero para conseguir un comportamiento más ágil, pero la sensación general continúa siendo la de un coche que prefiere la estabilidad y el confort antes que provocar al conductor.

Y eso no significa que sea aburrido. Al contrario. El Q5 responde con bastante precisión cuando encadenamos curvas y la carrocería está bien controlada. La dirección progresiva permite colocar el coche con facilidad y la tracción quattro aporta esa sensación de seguridad que se agradece especialmente cuando el firme no está en perfectas condiciones.

Pero hay algo importante: nunca tienes la sensación de estar conduciendo un coche que quiere demostrarte constantemente lo rápido que puede ser. El Q5 simplemente hace las cosas bien.

Puedes entrar en una curva algo más rápido de lo previsto y el coche mantiene la compostura. Puedes acelerar antes de salir y la tracción se encarga de transmitir la potencia al asfalto. Puedes realizar un adelantamiento y los 400 Nm aparecen inmediatamente para completar la maniobra con solvencia.

Todo sucede de una forma muy natural. Y creo que esa naturalidad es una de las características que mejor definen al Q5.

Un SUV que demuestra que el diésel todavía tiene argumentos

Después de conducirlo durante toda una semana, la pregunta que me parece más interesante no es si este Q5 es rápido, ni siquiera si es mejor o peor que sus rivales. La pregunta es si todavía tiene sentido comprar un diésel.

Y mi respuesta, después de esta prueba, es que sí. Pero con una condición: hay que ser el tipo de conductor adecuado. Para alguien que hace muchos kilómetros al año, especialmente por carretera y autopista, este Q5 TDI sigue teniendo una lógica difícil de discutir. 

A los consumos racionales hay que añadir una autonomía que permite olvidarse durante mucho tiempo de las estaciones de servicio y una etiqueta ECO que evita que la eficiencia del motor diésel se convierta necesariamente en una limitación a la hora de acceder a determinadas zonas.

Y ahí está, para mí, la clave de este coche. Mientras buena parte de la industria está corriendo hacia la electrificación total, este Q5 representa una solución intermedia muy bien ejecutada: un motor de combustión eficiente, electrificación ligera, tracción integral, cambio automático y una autonomía que sigue siendo muy difícil de igualar con un eléctrico cuando hablamos de viajes largos.

No es el futuro, pero tampoco es el pasado. Es, probablemente, una de las formas más racionales de utilizar un motor de combustión en 2026, aunque algunos no quieran verlo. 

¿Merece la pena frente a sus rivales?

El Audi Q5 2.0 TDI quattro de 204 CV parte en España de 65.300 euros y con el acabado Black Line de esta unidad se va a los 76.110 euros.

Sus rivales directos están en una franja de precios muy similar. El BMW X3 20d xDrive se sitúa actualmente en torno a los 67.700 euros como precio recomendado en España, mientras que el Mercedes GLC 220 d 4MATIC parte de los 64.647 euros. 

Por tanto, el Audi no es precisamente barato, pero tampoco está fuera de mercado. De hecho, el Q5 se coloca en una posición bastante lógica frente a sus rivales premium alemanes.

El problema aparece cuando empezamos a añadir equipamiento y la factura se dispara más, porque en este segmento es muy fácil que el precio final se aleje considerablemente de la tarifa inicial. Y ahí es donde la relación entre lo que pagamos y la calidad percibida del interior empieza a ser más discutible.

Conclusión: quizá el diésel no esté tan muerto como pensábamos

Después de probar este Audi Q5 2.0 TDI de 204 CV durante una semana, tengo una conclusión bastante clara: quizá el diésel no esté muerto. Al menos no para todo el mundo. Simplemente lo han matado por intereses que algún día conoceremos.

Si haces pocos kilómetros al año y utilizas el coche principalmente en ciudad, probablemente haya opciones más interesantes dentro de la propia gama Q5. La experiencia con el Q5 E-Hybrid y su autonomía eléctrica seguro es más placentera. 

Pero si haces muchos kilómetros, especialmente por carretera y autopista, el TDI sigue siendo una herramienta extraordinariamente eficaz.

Consume poco, tiene una autonomía enorme, ofrece 204 CV, 400 Nm, tracción quattro, cambio automático y, gracias a la tecnología MHEV plus, disfruta de la etiqueta ECO.

Todo ello en un SUV cómodo, silencioso, tecnológico y suficientemente dinámico como para que nunca echemos de menos más potencia.

Fotos RouteEtCircuit

Su principal punto débil, al menos para mí, está en el interior. Audi ha conseguido crear un habitáculo espectacular desde el punto de vista tecnológico, pero en ese proceso ha sacrificado parte de aquella sensación de calidad y sofisticación que hacía que los Audi destacasen frente a sus rivales.

Y esa es precisamente la paradoja de este Q5: es más tecnológico que nunca, pero en algunos aspectos parece menos especial. Pero tampoco pasa nada porque eso también ocurre en sus rivales directos, marcados por las pantallas y la digitalización. Son los tiempos modernos que nos ha tocado vivir. 

Aun así, si lo que buscas es un SUV premium para viajar muchos kilómetros, con un consumo contenido y sin renunciar a la etiqueta ECO y no quieres caer en esa moda a veces insensata de la electrificación, este Q5 TDI demuestra que el diésel todavía tiene argumentos para seguir formando parte de nuestras carreteras durante unos cuantos años más. Le pese a quien le pese. 

Fotos | RouteEtCircuit



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