El fundador de Valve quiso comprar un superyate y 15 PC gaming. Terminó con un yate de 500 millones de dólares en el astillero

Tiene un comedor para 54 personas, un hospital y una sala gaming para no volver a pisar tierra nunca

Joel Calata

Editor

El nombre de Gabe Newell suele asociarse directamente con el mundo de los videojuegos, pero su otra gran pasión está lejos de las pantallas: el mar. Su fascinación por la navegación ha ido creciendo hasta un punto poco común, tanto que no solo hace unos meses estrenó un superyate valorado en más de 500 millones de dólares, sino que también ha terminado adquiriendo parte de la empresa encargada de construirlo.

Con una fortuna estimada en torno a los 11.000 millones de dólares, Newell no es precisamente nuevo en este terreno: a lo largo de los años ha reunido varios yates, algunos destinados al ocio, pero otros integrados en proyectos más ambiciosos como la organización de investigación marina Inkfish, llevando así su relación con el océano más allá del lujo.

Un superyate diseñado sin reglas

La última incorporación a su colección responde al nombre de Leviathan, aunque durante su desarrollo fue conocido internamente como Y722. Detrás de esta pieza está el astillero neerlandés Oceanco, con quien Newell trabajó de forma tan cercana que acabó involucrándose también a nivel empresarial.

Con sus 111 metros de eslora, Leviathan no es solo un despliegue de tamaño, sino de innovación. Desde el principio, la idea fue romper con lo convencional y replantear cada elemento del diseño: el resultado es un barco que apuesta por soluciones poco habituales en la industria, desde su sistema de propulsión híbrido diésel-eléctrico hasta una potente batería que permite navegar en silencio durante largos periodos y reducir significativamente las emisiones, tanto de contaminantes como de ruido.

La ingeniería del yate va mucho más allá de la propulsión: incorpora sistemas avanzados de tratamiento de aguas, recuperación de energía y una red de más de 450 kilómetros de cableado que conecta desde servicios básicos hasta tecnología médica. Incluso materiales clásicos como la madera de teka han sido sustituidos por alternativas modernas que requieren menos mantenimiento, en una apuesta clara por la eficiencia y la durabilidad.

Un espacio pensado para compartir

Más allá de la tecnología, Leviathan refleja la personalidad de su propietario en cómo se vive a bordo. Newell ha querido que el barco sea un lugar de encuentro, casi como una comunidad flotante. El salón principal, por ejemplo, está diseñado para reunir a decenas de personas en torno a una misma mesa, algo poco habitual incluso en este tipo de embarcaciones.

El detalle más simbólico está en una de las escaleras principales, donde se han grabado los nombres de más de 3.000 personas que participaron en su construcción. Un gesto que refuerza esa idea de colaboración que atraviesa todo el proyecto.

En cuanto a comodidades, el yate no escatima: desde instalaciones deportivas y zonas de relax hasta espacios dedicados al entretenimiento digital. Una de las cubiertas alberga una sala equipada con múltiples estaciones de gaming y simuladores, un guiño directo a la trayectoria de Newell en la industria tecnológica.

Pero el barco también responde a su interés por la exploración marina: incluye un hangar para submarinos, un centro de buceo e incluso un laboratorio que puede integrarse en misiones científicas. A esto se suma un taller de impresión 3D capaz de fabricar piezas en alta mar y un hospital completamente equipado, pensado para garantizar autonomía en cualquier situación.

"Trabajar con el equipo de Oceanco es increíblemente agradable y muy divertido; todos son profesionales, creativos y dinámicos. Sabíamos que estábamos pidiendo cosas inusuales, y Oceanco las acogió con los brazos abiertos", aseguraba Newell en un comunicado acerca de cómo este proyecto donde el lujo convive con la ingeniería, la curiosidad científica y una forma muy particular de entender el ocio en el mar.

Fotos de Oceanco

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