El Shako Shomeisho, o certificado de aparcamiento, es una condición indispensable para comprar un coche
Tener un coche en propiedad en una ciudad japonesa es prácticamente un lujo
La densidad de habitantes en Tokio y Madrid es bastante similar: 5.801,52 hab/km² para la capital madrileña y 6.501 hab/km² para la japonesa, aunque tenga más de cuatro veces más habitantes (14,2 millones frente a 3,5 millones). Pero si hablamos de movilidad urbana hay un abismo: en Tokio apenas hay coches si se compara con Madrid.
El motivo: en la ciudad nipona tener coche propio es tan limitado como caro. No es exclusivo de Tokio: se aplica a cualquiera de las grandes urbes japonesas. Un ejemplo es que si no tienes plaza de garaje, no puedes comprar un coche. No es lo único.
Una ciudad donde no caben los coches y diseñada para usarlo poco
En España hay unos 25,79 millones de coches censados y en Japón superan los 76 millones de coches. Lo lógico es pensar que en Tokio y los grandes núcleos urbanos japoneses haya más automóviles que en nuestras ciudades, pero pasa justo lo contrario: la media de coches por hogar en Tokio se fija en 0,32 vehículos mientras que en Madrid ronda los 1,08 coches por vivienda.
Para entender por qué nos tenemos que remontar al brutal crecimiento de las ciudades en Japón en el pasado siglo. A principios del siglo XX solo el 15 % de los japoneses residía en las urbes, esa cifra hoy sobrepasa el 90 %. Este cambio llegó especialmente tras la Segunda Guerra Mundial: las ciudades se expandieron sin control, creando un intricado de calles estrechas con apenas espacio para automóviles y vehículos. Así que la solución fue limitar los coches.
Sin garaje no hay coche. En 1962 se implantó en Japón el Shako Shomeisho, obligatorio en las grandes ciudades de este país insular asiático. Es un certificado que se tiene que presentar al comprar un coche y que garantiza que se dispone de plaza de garaje para aparcarlo. Es decir, si resides en una zona urbana, no puedes comprar un automóvil sin demostrar antes que tienes donde aparcarlo.
Hay excepciones: si se adquiere un kei car, coches de menos de 3,4 m y que no superan los 64 CV, no se está obligado a ello. De ahí que sean tan prolíficos en Japón: representan el 40 % de las ventas del país. Aunque en zonas densamente pobladas, como el centro Tokio u Osaka, no están exentos. Así, que si no se tiene garaje hay que alquilar una plaza. Es uno de los inmuebles más cotizados: puede ir desde 77.000 yenes al mes (unos 500 euros) a más de 100.000 yenes (más de 700 euros) según zona.
Además, el estacionamiento en la vía pública en las grandes ciudades está muy limitado y, en muchos casos, restringido a paradas temporales o de carga y descarga. El control es muy estricto y las multas pueden ascender a más de 1.000 euros al cambio. Esto obliga a recurrir a párkings, que no son baratos.
Coche en propiedad, casi un lujo. A esta limitación ya notable se añade otra: mantener un coche en Japón es extremadamente caro. Para empezar, en Japón existe la denominada Shaken, que viene a ser la ITV japonesa: es más estricta que la nuestra, pues la primera inspección es a los tres años y luego cada dos años. Y si un coche es demasiado potente, la primera inspección es a los dos años.
Su precio oscila entre los 100.000 y los 200.000 yenes (entre 530 y unos 1.000 euros al cambio actual). Incluye además un seguro obligatorio y un impuesto sobre el peso del vehículo. De ahí que muchos japoneses opten por venderlo rápidamente, no pasando más allá de los cuatro años.
Se suman otros gastos, como la póliza de seguro ampliada (altamente recomendable), el impuesto anual sobre vehículos (entre 10.000 y 50.000 yenes) o el gravamen que hay abonar cuando se compra un automóvil. Por si fuera poco, la mayoría de las autopistas y carreteras japonesas son de pago.
El coche no es necesario para moverse. Como resultado, Tokio es una de las grandes ciudades del mundo donde menos se usa el coche: los trayectos en automóvil suponen un 12 %, superados por los realizados en bicicleta (17%). La gran mayoría de desplazamientos urbanos se hacen en transporte público o bien a pie. La capital japonesa atesora la red de transporte público con más desplazamientos: unos 30 millones de ciudadanos recurren al tren cada día.
En esto es clave que Japón apostara por una amplia red de ferrocarril, que es hoy en día una de las más densas y eficientes del mundo, siendo la base la movilidad, tanto entre ciudades como dentro de ellas. En Tokio la red de trenes, cercanías y metro conecta los distintos barrios permitiendo desplazarse sin tener que recurrir al coche.
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