Adif ha ido ajustando los límites de velocidad tras múltiples avisos de maquinistas
Las vibraciones explican la medida; los expertos descartan un problema de seguridad
El terrible accidente ferroviario de Adamuz la tarde del pasado 18 de enero, y los dos nuevos descarrilamientos de ayer en Cataluña han puesto a la red ferroviaria española en alerta máxima, y las consecuencias no se han hecho esperar. Mientras las investigaciones de estos tres incidentes siguen abiertas, los pasajeros del AVE Madrid-Barcelona se están encontrando con cambios continuos que generan mucha confusión.
Límites de velocidad que aparecen y desaparecen en cuestión de horas, y que en muchos casos generan dudas sobre seguridad entre los viajeros. Pero detrás de estos ajustes hay avisos reiterados de los maquinistas, protocolos de seguridad activados tras los incidentes y revisiones rápidas en una de las líneas de alta velocidad más utilizadas de España.
Por qué Adif ha ido cambiando la velocidad entre Madrid y Barcelona en horas
El pasado martes, Adif aplicó una limitación preventiva de 160 km/h en unos 150 kilómetros del trazado Madrid-Barcelona después de recibir un volumen inusual de incidencias comunicadas por maquinistas. Se trataba, principalmente, de avisos por vibraciones anómalas en determinados tramos y sensación de irregularidad en la vía que afectaban al confort, incidencias que los conductores están obligados a notificar al centro de control cuando se repiten o se intensifican.
Tras las comprobaciones realizadas durante la madrugada (inspecciones visuales, mediciones dinámicas y revisión de los puntos señalados), la velocidad máxima volvió a situarse en 300 km/h en casi todo el recorrido, manteniéndose sólo cuatro puntos concretos a 230 km/h hasta su revisión en la siguiente ventana de mantenimiento.
Este tipo de ajustes forman parte de los protocolos habituales: cuando se acumulan avisos sobre el estado de la vía, el centro de control reduce la velocidad de forma temporal para ganar margen de análisis. Una vez revisado el tramo mediante auscultaciones técnicas y comprobaciones in situ, la velocidad se restablece de forma progresiva, tramo a tramo, no de manera automática.
El propio Ministerio de Transportes explicó que en un solo día se registraron hasta 25 reportes en esa línea, frente a cifras mucho más bajas en condiciones normales. Ese pico de avisos obligó a actuar con cautela hasta verificar que las irregularidades detectadas no iban más allá de los márgenes previstos.
Qué son exactamente las vibraciones y por qué no implican riesgo de descarrilamiento
Las vibraciones a alta velocidad suelen estar asociadas a pequeñas irregularidades en la vía, asentamientos del balasto o al propio desgaste derivado de un tráfico cada vez más intenso. A 300 km/h cualquier mínima imperfección se percibe más, tanto en cabina como en los coches de viajeros.
Desde SEMAF subrayan en que estas vibraciones afectan sobre todo al confort de marcha y a la fatiga de componentes, “pero no suponen por sí mismas un riesgo de descarrilamiento”. El Consejo General de Ingenieros Industriales, en la misma lía, recuerda que tanto la infraestructura como los trenes de alta velocidad “se diseñan con márgenes de seguridad muy amplios”. Si existiera una anomalía con capacidad real de comprometer la circulación, la línea se cerraría de inmediato.
Aunque ahora está más bajo la lupa, el tramo entre Madrid y Calatayud acumula avisos desde hace meses por vibraciones y desgaste, coincidiendo con un aumento del tráfico tras la liberalización del corredor. El episodio del pasado verano, cuando los trenes S-106 de Talgo (Avril) fueron retirados por fisuras estructurales, reforzó la vigilancia y redujo la tolerancia ante cualquier anomalía, lo que explica la rapidez con la que ahora se actúa.
Un problema que viene de lejos en el tramo Madrid-Calatayud
Para el viajero, todo esto se traduce en pequeños retrasos y mensajes a veces confusos, pero de momento las autoridades aseguran que la línea sigue siendo segura y operativa, y los límites se ajustan para permitir inspecciones precisas sin interrumpir el servicio. De hecho, la mayoría del trazado ya circula de nuevo a 300 km/h, con restricciones muy localizadas y temporales.
Además, Óscar Puente ya ha confirmado que la línea Madrid-Barcelona afrontará una renovación integral en los próximos años. Se trata de una de las primeras grandes líneas de alta velocidad del país y su actualización es clave para absorber el tráfico actual y futuro, con el objetivo de permitir velocidades aún mayores cuando la infraestructura esté completamente renovada.
Hasta que ese proceso se complete, estas revisiones puntuales y ajustes de velocidad forman parte del funcionamiento normal de una red que trabaja al límite de la precisión técnica. Tras Adamuz, la vigilancia se ha intensificado, pero el criterio sigue siendo el mismo: revisar, confirmar y solo entonces volver a la normalidad.
Imágenes | Adif
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