
Una ruta que une los parques de Monfragüe y Arribes del Duero por carreteras secundarias, curvas, cañones, dehesas y gastronomía ibérica
Entre el escarpado hogar de los buitres de Monfragüe y los enormes cañones donde el Duero marca la frontera de España con Portugal hay una ruta diseñada para perdernos entre curvas y naturaleza plena. Carreteras secundarias, panorámicas espectaculares y revirados trazados conforman el menú de este 'road trip' que ronda los 400 km, aunque puede alargarse en cada desvío a rincones únicos.
Esta ruta une el Parque Nacional de Monfragüe, en Extremadura, con el Parque Natural de los Arribes del Duero (Castilla y León) y nos lleva por una de las zonas más desconocidas y espectaculares del interior de la península. Un viaje entre páramos, ríos, bosques, acantilados y pequeños pueblos llena de paradas con premio: miradores sobre cañones imposibles y una gastronomía de interior con quesos artesanos, carnes de retinto y embutidos de bellota.
De Monfragüe a Arribes del Duero: un viaje entre cañones, dehesas y carreteras olvidadas
Poniendo el punto de partida en el santuario natural extremeño por excelencia, donde hay mucho que visitar, empezamos este periplo perfecto entre parques naturales. Podemos arrancar desde Villarreal de San Carlos, un bonito pueblo empedrado en pleno Parque Nacional de Monfragüe comenzando la ruta por la EX-208, o incluso antes ya que también recorre el propio parque. Esta carretera atraviesa un paisaje repleto de encinas, jaras y dehesas, con buitres surcándolo. No es un tramo revirado, pero las vistas ya anticipan una de las zonas más agrestes del interior peninsular.
Nos lleva hacia Plasencia, continuando el recorrido por la EX-370 dirección Coria. La llanura extremeña empieza a ganar relieve hasta enlazar con la EX-109, atravesando el norte de la provincia de Cáceres hacia Ciudad Rodrigo. Recorrer esta carretera secundaria sin cruzarnos con apenas coches es posible, discurriendo entre villas y pueblos, explotaciones ganaderas y sierras. Entonces la ruta se adentra por el oeste salmantino, rumbo a Lumbrales, combinando varias carreteras secundarias, donde pasamos de dehesas eternas a un terreno más abrupto. Comenzamos a aproximarnos al Parque Natural de Arribes del Duero, regado por el río, donde mandan los cañones milenarios.
Desde Lumbrales llegamos a la parte más espectacular del viaje en carretera. La SA-324 entra en el entorno de los Arribes, y comienza la diversión: curvas cerradas, enlazadas y pasos estrechos entre encinas, muros de piedra y antiguos bancales. Aquí podemos optar por desvíos solo por disfrutar del volante y las vistas. Por ejemplo tomar la DSA-575 hasta Vilvestre, y desde allí acércanos a varios miradores del cañón del Duero, como el de la Virgen del Castillo o el del Reventón de la Barca. También podemos seguir hasta Villarino de los Aires para asomarnos al Mirador del Duero. Estos balcones naturales sobrevuelan el Duero a cientos de metros, entre gigantescas paredes de granitos, formando esa frontera natural con Portugal.
Volviendo a la ruta principal, podemos marcar el destino final en Aldeadávila de la Ribera siguiendo por la SA-314. La razón es que desde este pueblo podemos ir a más enclaves impresionantes de los Arribes del Duero, como la presa más famosa del río y su entorno. Por ejemplo al pequeño poblado de Salto de Aldeadávila, solo por disfrutar de la carretera. Su último tramo es un puerto invertido, lleno de horquillas y enlazadas discurriendo entre paredes de granito y coníferas, junto al valle del arroyo de Ropinal. Así llegamos a esta villa a orillas del Duero, en un entorno único. Y desde allí, en solo 20 minutos, al plato fuerte: ver la presa de Aldeadávila desde el Mirador del Fraile, encaramados a un imponente balcón suspendido sobre el desfiladero que enmarca el río.
Qué ver y qué comer en esta ruta salvaje entre naturaleza, pueblos y gastronomía
El Parque Nacional de Monfragüe, al norte de Cáceres, es Reserva Mundial de la Biosfera de la UNESCO, estando atravesado por los ríos Tajo y Tiétar. Es una zona de protección de aves rapaces, destacando buitres negros y leonados o el águila imperial ibérica, además de un magnífico ejemplo de bosque mediterráneo. Allí es de obligada visita el castillo de Monfragüe (siglo IX), la cueva del Castillo, con réplicas de pinturas rupestres o el Salto del Gitano: su mirador más conocido y donde podremos ver a los buitres sobrevolando los cortados del río Tajo.
Por su parte el Parque Natural de Arribes del Duero, entre Salamanca, Zamora y Portugal, es uno de los espacios protegidos más grandes de la península, y como hemos señalado su mayor atractivo son los miradores sobre el cañón fluvial: a los señalados sumamos el de las Barrancas de Fariza, el del Picón de Felipe, el de la Code o el de Peña del Cura, entre otros. En este parque también destacan preciosas cascadas, como el Pozo de los Humos, donde las aguas del río Uces se lanzan al vacío en un salto de 50 metros de altura generando los vapores que le dan nombre.
Y entre medias, los pueblos, destacando Ciudad Rodrigo, una parada casi obligatoria: el casco histórico de esta villa salmantina fortificada está completamente amurallado, marinado con edificaciones renacentista o su catedral medieval, todo a orillas del río Águeda.
La guinda de este viaje es la gastronomía. En la zona extremeña mandan los quesos artesanos de cabra y oveja, incluyendo la deliciosa Torta del Casar, junto al jamón ibérico, los embutidos de bellota o las carnes de retinto, vacunos de dehesa. En la salmantina, seguimos con los ibéricos de Guijuelo y otros embutidos artesanos, sumado al hornazo, carnes asadas o calderetas. En Arribes del Duero podemos deleitarnos de una comida tradicional basada en carnes, legumbres y recetas de cucharas, además de los quesos zamoranos.
Imágenes | Parque Nacional de Monfragüe, Wikimedia, Pexels, Turismo de Salamanca
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