La mayor migración de la historia. Millones de chinos cambiaron el campo por ciudades, y fue el primer paso de China para cambiar el mundo

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China no se ha convertido en la fábrica del mundo por arte de magia. Todo estaba perfectamente estudiado

Álvaro Ruiz

Si pensamos en China, nos vienen a la cabeza megaciudades, trenes de alta velocidad ultra modernos, puertos automatizados, enormes fábricas de baterías y la mayor industria automovilística del mundo, pero no siempre ha sido así.

Hace menos de 50 años, China era un país rural y su papel económico a nivel mundial era discreto, pero llegaron una serie de reformas para impulsar su industrialización y, no solo cambió el país cambio para siempre: también cambió el mundo.

Un plan perfectamente estudiado que ha dado y está dando sus frutos

A finales de los años 70 del siglo XX, China era un país rural y una economía eminentemente agrícola. Casi toda su población vivía en el campo y se dedicaba a la agricultura, por lo que las grandes ciudades eran algo poco común en el país asiático. Pero entonces se pusieron en marcha las reformas económicas que impulsó Deng Xiaoping cuando se convirtió en líder supremo de China y todo cambió.

En 1978, Deng dio luz verde al programa “Boluan Fanzheng”. La idea era llevar a cabo reformas económicas para liberalizar la economía socialista y abrirse al resto del mundo. Poco después, en 1980, llegaron las reformas políticas de China y en 1982 la nueva constitución del país.

Todo ello lo hizo bajo un marcado liderazgo autoritario, pero es innegable que todos esos cambios permitieron a China alcanzar unas cuotas de crecimiento económico sencillamente impresionantes. 

Además, esos cambios sentaron las bases para convertir a China en lo que es hoy: la segunda mayor potencia económica del mundo, por detrás de EEUU, y el líder mundial en términos de industria y exportación.

Las reformas económicas motivaron uno de los cambios demográficos más extraordinarios de la historia: cientos de millones de personadas abandonaron las zonas rurales y se mudaron a las ciudades. 

UN VISTAZO A...

De hecho, se crearon muchas ciudades para acoger a toda esa gente, que se dedicaron a trabajar en fábricas, a levantar carreteras, a construir líneas de tren y de metro, a desarrollar las grandes empresas tecnológicas que hoy son referentes a nivel internacional y a fabricar coches.

Esa migración interna hizo posible el “milagro económico de China” porque fue la mano de obra que hacía falta para industrializarse. Esos cientos de millones de chinos abandonaron sus pequeñas aldeas y pueblos para vivir en megaciudades, como Shenzhen, Guangzhou, Shanghái, Suzhou o Dongguan.

Fue un éxodo rural sin precedentes y la transformación del país también marcó un antes y un después en la historia porque ninguna potencia ha crecido tanto y, sobre todo, en tan poco tiempo.

China también pagó un precio por transformarse en “cuatro días”

Por supuesto, no todo fue positivo. Esta migración interna masiva provocó que miles de pueblos perdieran casi toda su población joven. Además, muchos trabajadores migrantes se vieron obligados a vivir separados de sus familias por el denominado sistema hukou.

Esto último es un sistema de registro demográfico que vincula a una persona con un lugar administrativo concreto. Cuando una persona del campo migraba a la ciudad, este sistema determinaba a qué servicios públicos y derechos sociales podía acceder: no todo el mundo tenía derecho a las mismas cosas en la ciudad porque el hukou discriminaba para organizar a la población.

Quien tenía el hukou de una gran ciudad, podía acceder a muchos más servicios. Quien tenía el hukou de un lugar rural, no podía acceder a las mismas cosas. Y daba igual que ambos vivieran en la misma ciudad e incluso que tuvieran el mismo trabajo: el sistema discriminaba al emigrante.

No era un sistema de castas, pero impedía que todo el mundo tuviera las mismas oportunidades, o al menos los mismos beneficios sociales. Hoy en día, el hukou sigue vigente, pero se ha reformado varias veces desde esta época para que no existan tantas desigualdades, no solo con los trabajadores, sino con sus hijos.

Imágenes | Unsplash, Audi, Geely

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