
Autopistas, campus universitarios y hasta gasolineras. Los antiguos aeródromos de la última gran guerra en Europa tienen ahora un cometido mucho más amable.
Bajo el asfalto, los campus y hasta las gasolineras de media Europa quedan restos de aeródromos de la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción del continente convirtió el legado militar en cimiento de autopistas, universidades y aeródromos civiles que siguen operativos hoy.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó cubierta de aeródromos militares. Miles de pistas de hormigón, levantadas en meses para bombarderos y cazas, salpicaban un continente que necesitaba reconstruirse desde cero.
De aeródromo militar a autopista o campus universitario
Muchas de esas instalaciones perdieron su función casi de inmediato. La aviación de posguerra exigía pistas más largas y aeropuertos mejor situados, así que el legado bélico quedó entonces como terreno baldío, llano, ya nivelado y casi siempre conectado a la red de carreteras existente, justo lo que necesitaba cualquier plan urbanístico de posguerra.
Cuando llegó el boom de las autopistas, ese suelo resultó irresistible. En Reino Unido, la M62 se trazó en 1973 directamente sobre la pista principal de la base de la RAF en Burtonwood.
Esta base llegó a ser la mayor base aérea de Europa, con más de 18.000 militares destinados allí y un papel clave en el puente aéreo de Berlín. Hoy la autopista pasa sobre lo que fue la pista de este a oeste, y todavía puede reconocerse parte del trazado de las antiguas pistas junto al asfalto.
Algo parecido ocurrió con la M8 a su paso por Glasgow, cuyo tramo entre Hillington y Arkleston ocupa la antigua pista 08/26 del aeropuerto de Renfrew, cerrado en 1966. El trazado de la autopista respeta casi al milímetro la orientación de la pista original, algo que solo se aprecia bien desde el aire.
Otros aeródromos no acabaron bajo asfalto, sino bajo aulas. El aeródromo Barberán y Collar, en Alcalá de Henares, fue base soviética durante la Guerra Civil y hoy es campus externo de la Universidad de Alcalá.
En Alicante ocurrió algo similar. El aeródromo de Rabasa, escala de la aviación postal francesa en los años veinte, de la cuál formó parte Antoine de Saint-Éxupéry, y base republicana durante la guerra, es ahora el campus de la Universidad de Alicante.
La torre de control original, levantada en 1940, se conserva como dependencia administrativa, y el viejo hangar se transformó en el Palmetum del campus, una colección de palmeras bajo la vieja estructura metálica.
España tiene también un ejemplo bajo asfalto. En Llanes, mineros republicanos excavaron un hangar subterráneo junto al aeródromo de Sales Colunga que nunca llegó a terminarse. Hoy esos túneles descansan bajo la gasolinera sur de la A-64, que borró sin saberlo sus últimos restos visibles.
En ocasiones, nada de esto es visible desde el asfalto, salvo alguna torre de control reconvertida en oficina y alguna discreta placa conmemorativa. Pero cada vez que un coche cambia de carril en la M62 a la altura de Warrington, lo hace sobre el punto exacto donde despegaban los B-47 hace setenta años. O cuando un estudiante pasa delante del edificio administrativo de su universidad, hace 90 años pasaban pilotos y mecánicos dispuestos a morir por lo que consideraban justo.
Imágenes | RAF, Viajero Histórico, Dr RdL, Etnacila
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