Europa no quiere depender de Asia, así que se está poniendo las pilas con la fabricación de baterías para coches eléctricos

En un coche eléctrico, el elemento más importante es su batería. La industria automotriz está pasando de ser una industria centrada en la mecánica a una industria que tiene en las baterías y el software el valor añadido que tiene la mecánica en un coche tradicional. Y Europa, por fin, se está poniendo las pilas en este apartado.

En 2030, el 40% de los coches nuevos que se vendan serán eléctricos, según las últimas previsiones del banco de inversión UBS, y llegarán casi al 100% del mercado de coches nuevos en 2040. Todas las marcas europeas proponen ya coches eléctricos y esto no ha hecho más que empezar. Lógicamente, la demanda de baterías para coches eléctricos debería crecer como la espuma.

Sin embargo, Europa se queda atrás en la construcción del componente más valioso de los coches: la batería. Con décadas de experiencia en el mercado de la electrónica de consumo, los proveedores asiáticos, como las surcoreanas LG Chem, Samsung y SK Innovation, la china Contemporary Amperex Technology Limited (CATL) y la japonesa Panasonic, dominan la producción de baterías a nivel mundial. Tanto que posee incluso fábricas en Europa: en Polonia y Hungría.

Los fabricantes de automóviles europeos importan celdas de las gigafáctorias asiáticas de estas empresas o las compran en sus plantas europeas. Pero esto podría cambiar muy pronto, con la suece Northvolt al frente. Cofundada por dos antiguos ejecutivos de Tesla, Northvolt aspira a fabricar baterías suficientes como para alimentar a casi 300.000 coches eléctricos al año.

Ya ha recibido un pedido por valor de 14.000 millones de dólares de Volkswagen para producir sus baterías durante la próxima década, y tiene planes para una asociación a largo plazo con el fabricante sueco de camiones y autobuses Scania (propiedad del grupo Volkswagen). Además, Volkswagen y Northvolt prevén la construcción de otra gigafactoría en Alemania para 2024.

El despertar de Europa

El proyecto de Northvolt es sin duda el más llamativo, pero no es el único. La empresa energética noruega Freyr proyecta una gigafactoria alimentada por energía eólica e hidráulica en Mo i Rana, una remota localidad costera cercana a una de las estaciones de esquí más populares del país. El grupo Daimler y BMW ya han creado gigafactorías en Alemania.

En el Reino Unido, la Britishvolt (que no tiene nada que ver con la sueca Northvolt), planea abrir una gigafactoría en la región de Northumberland. Mientras, en Francia, la startup Verkor busca financiación para su desarrollo y compromisos de los fabricantes de automóviles.

En Italia también se preparan para la construcción de la gigafactoría de Italvolt y en España, la Comunidad Valenciana tendrá una gigafactoría de baterías y un centro de investigación de soluciones de almacenamiento, fruto de  una asociación público-privada en la que participarán 23 empresas, entre  las que se encuentra Ford.

Sandy Fitzpatrick, que sigue las tendencias de los vehículos para la empresa de análisis tecnológico Canalys, confía en que habrá mercado suficiente para la nueva oleada de actores europeos. Sin embargo, eso no significa que la competencia asiática vaya a desaparecer. Y es que, recordemos, algunos fabricantes asiáticos ya tienen sus propias gigafactorías en la Unión Europea. Entre ellas, LG Chem, que tiene una planta en Polonia, y Samsung SDI y SK Innovation, que han construido fábricas en Hungría.

"Tienen la experiencia. Tienen el conocimiento del mercado... y lo que es más importante, tienen el capital", asegura Fitzpatrick a la BBC. "La fabricación de baterías requiere mucho capital. Así que van a entrar en Europa con los bolsillos llenos".

Los actores europeos, si quieren poder seguir el ritmo de inversiones, van a necesitar el apoyo de las instituciones y de los gobiernos locales, ya sea en forma de inversión directa, marcos legales favorables e incentivos, asegura la analista.

Las razones del cambio

Hay razones tanto estratégicas como económicas para este despertar de Europa. Según la Unión Europea, hay millones de puestos de trabajo en juego si Europa cede el liderazgo de las baterías a Asia.

Además, los responsables políticos quieren que Europa construya una industria basada en la energía sostenible y la extracción ética de materias primas para alinearse con los objetivos climáticos y de derechos humanos.

Pero sobre todo, los fabricantes de automóviles afirman que una mayor infraestructura europea de producción de baterías les ahorrará dinero al reducir los elevados costes de transporte, sobre todo si las fábricas de celdas se sitúan cerca de los centros de producción.

También quieren diversificar su base de suministro, en parte como consecuencia de la incertidumbre que ha generado la crisis del coronavirus y los problemas de abastecimiento. Básicamente, quieren tener el control de la tecnología.

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