
Con un cañón de 105 mm, visión térmica y un nuevo motor diésel, el M-48A5E2 dominó el arsenal del Ejército de Tierra durante más de una década
A finales de los años setenta el Ejército español tenía un problema: los carros de combate M-48 Patton que había recibido gracias a los acuerdos militares con EEUU empezaban a acusar el paso del tiempo frente a los blindados que desplegaban los países del Pacto de Varsovia. Incorporar una nueva generación de tanques suponía una inversión inasumible, así que la solución fue transformar por completo los que tenían.
De aquella decisión nació el M-48A5E2, una versión desarrollada específicamente para España que llevó al veterano Patton de principios de la década de los cincuenta mucho más allá de lo que nadie habría imaginado cuando comenzó a fabricarse. Durante buena parte de los años ochenta y hasta la llegada de los todopoderosos Leopard 2, fue el carro de combate más avanzado del Ejército de Tierra.
Así se convirtió en el carro de combate más avanzado del Ejército español
El programa fue mucho más allá de una simple actualización: en lugar de desarrollar un carro de combate completamente nuevo, el Ejército apostó por aprovechar la robustez y el enorme margen de evolución del M-48, una plataforma que todavía tenía mucho que ofrecer.
La transformación, realizada por la industria española sobre los vehículos ya en servicio, permitió prolongar durante años su vida operativa y convertir un diseño nacido en los años cincuenta en un carro de combate plenamente competitivo durante la recta final de la Guerra Fría.
Muchas de esas mejoras procedían directamente del M60, sucesor natural del Patton dentro del Ejército estadounidense. Como recoge el historiador militar José María Manrique en ‘La Brunete’, el antiguo cañón de 90 mm fue sustituido por el M68 de 105 mm, la versión estadounidense del prestigioso Royal Ordnance L7 británico, considerado uno de los mejores cañones de carro de combate de la Guerra Fría. Este cambio incrementó notablemente su capacidad de penetración y, además, permitió al M-48A5E2 emplear la misma munición estándar de 105 mm de numerosos ejércitos de la OTAN.
Exteriormente era fácil reconocer esta variante por el característico bloque cuadrado del sistema de visión instalado sobre el mantelete del cañón, uno de los rasgos que todavía distinguen a los ejemplares conservados. Pero además de la transformación del cañón, el carro incorporó una dirección de tiro Hughes Mk.7, un telémetro láser y una cámara termográfica pasiva que permitía detectar, identificar y batir objetivos de noche o con muy baja visibilidad.
En la práctica, el M-48A5E2 podía combatir con una precisión muy superior a la de las versiones originales y hacerlo en condiciones que estaban reservadas a carros de combate mucho más modernos.
Pero su actualización también resolvió uno de los principales puntos débiles del Patton: el motor de gasolina original, criticado por su elevado consumo y por el riesgo de incendio en combate, fue sustituido por un Continental AVDS-1790-2A diésel de 750 CV, asociado a una transmisión Allison CD-850-6A. El nuevo conjunto redujo el consumo, aumentó la autonomía, mejoró la fiabilidad y devolvió la movilidad a un blindado que rondaba las 47 toneladas.
El último gran Patton español antes de la era Leopard
El M-48A5E2 marcó el techo tecnológico de las fuerzas acorazadas españolas durante buena parte de los años ochenta, siguió siendo plenamente competitivo en la recta final de la Guerra Fría y se convirtió en la principal baza del Ejército de Tierra hasta la llegada de una nueva generación de blindados.
Su relevo llegó con la incorporación de los Leopard 2 a mediados de los años noventa, pero el legado del M-48A5E2 va mucho más allá de su vida en servicio: demostró que una modernización bien planteada podía alargar durante décadas la vida útil de una plataforma aparentemente superada y situó a la industria española ante uno de los programas de actualización de vehículos acorazados más ambiciosos de su historia.
Hoy todavía puede contemplarse un ejemplar en el Museo de Medios Acorazados de la Base de El Goloso, donde recuerda hasta qué punto fue posible reinventar un veterano Patton sin renunciar a su esencia.
Imágenes | Wikipedia
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