Eduardo Barreiros, el "Henry Ford gallego" que motorizó España: "¿Cómo no voy a ser capaz de montar un coche, si los he fabricado yo solo?"

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Solía pasearse por la fábrica de Villaverde para estar en contacto con los trabajadores y la producción: "Me atrae más la ilusión de estar con la gente que produce que quedarme en la cama"

Victoria Fuentes

Eduardo Barreiros (1919-1992) fue un gigante del motor en la España de posguerra. Le apodaban "el Henry Ford gallego" no por casualidad: al igual que el creador del Ford Model T, Barreiros evolucionó con su propio esfuerzo, era autodidacta y muy carismático.

Empezó como revisor del autobús familiar y acabó levantando un imperio industrial en Villaverde, Madrid a base de tenacidad: "Me atrae más la ilusión de estar con la gente que produce que quedarme en la cama", dijo una vez.

Autodidacta, intuitivo y tenaz

Nacido en San Miguel del Campo (Gundiás, Orense), Barreiros comenzó ayudando a su padre en la línea familiar de autobuses cobrando billetes, y antes de los 12 años dejó sus estudios para trabajar como aprendiz en un taller de Orense por dos pesetas diarias, desarrollando una formación mecánica totalmente autodidacta.

En los 40 funda Barreiros Diesel aprovechando la gran demanda de transformación de motores de gasolina a diésel ante la escasez de combustible, y en los 50 se traslada a Madrid. Allí se asienta en los terrenos que actualmente ocupa Stellantis (Grupo PSA). Tras instalarse en Villaverde, diseñó sus propios motores de seis cilindros (EB6) y construyó en 1957 su primer camión todoterreno, el TT90, apodado cariñosamente "El Abuelo".

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A Barreiros no se le resistía nada: motores industriales, camiones, autobuses, tractores, furgonetas... sin embargo, no logró una total penetración en el mercado de turismos, así que se asoció con la norteamericana Chrysler, fabricando el Simca 1000 y Simca 1200 y el Dodge Dart. Para promocionarlos, acudió a famosos de la época como Sara Montiel, Marisol y algún que otro torero, e incluso la Familia Real llegó a conducir sus coches.

A diferencia de los ejecutivos fríos o distantes de la época, Eduardo mantenía un trato directo y cercano con sus trabajadores y solía pasearse por la fábrica de Villaverde para estar en contacto con los trabajadores y la producción: "Me atrae más la ilusión de estar con la gente que produce que quedarme en la cama", aseguraba.

Al igual que Ford, Barreiros veía las derrotas como una nueva oportunidad y cuando perdió el control de su fábrica madrileña tras la entrada de Chrysler, no se retiró a disfrutar de su fortuna. Con más de 60 años, emigró a Cuba para refundar su vida industrial creando los motores Taíno, y allí fue donde pasó sus últimos días.

Acabó siendo el mayor empresario privado del sector automovilístico español de su época, logrando acuerdos de asociación con compañías de Europa y EEUU: "Nuestro mayor orgullo es haber creado 26 empresas en apenas diez años", diría por entonces.

Imágenes | Wikipedia/Fundación Barreiros, Luis García

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