
Las agujas que no se desplegaron correctamente siguen orbitando la Tierra en grupos y son rastreadas por la NASA
Era 1961, Guerra Fría, y EEUU llevó a cabo uno de los planes más locos e insólitos que se recuerdan: lanzó al espacio 480 millones de agujas de cobre. El objetivo era asegurar las comunicaciones militares de larga distancia y protegerlas del enemigo: la Unión Soviética.
Tuvo un éxito relativo, pues casi al mismo tiempo esta capa lanzada a la atmósfera quedó obsoleta y los millones de agujas se convirtieron en la primera oleada de basura espacial de la historia.
Objetivo: que la URSS no se cargara sus comunicaciones
El nombre de este experimento civil, llevado a cabo por el Laboratorio Lincoln del MIT, fue Proyecto West Ford. Su objetivo era construir la antena de radio más grande de la historia y proteger las comunicaciones de largo alcance del país, especialmente en caso de ataque. Y es que por aquel entonces, todas las comunicaciones internacionales se enviaban a través de cables submarinos o rebotaban en la ionosfera. ¿El material elegido? Millones de diminutas agujas de cobre.
Originalmente llamado 'Proyect Needles', fue concebido por Walter E. Morrow del MIT y Harold Meyer de TRW Inc. en 1958. Su teoría era que si la Tierra "poseyera un reflector de radio permanente en forma de un anillo orbital de hilos de cobre", las comunicaciones de largo alcance de Estados Unidos no se verían afectadas. Así que el Departamento de Defensa decidió colocar un anillo de 480 millones de antenas de cobre en órbita para permitir la comunicación radiofónica global continua. Es decir, una ionosfera artificial sobre la Tierra.
Cada cable de cobre medía aproximadamente 1,8 cm de largo, la mitad de la longitud de onda de la señal de transmisión de 8 GHz emitida desde la Tierra. Se colocaron en órbita terrestre media a una altitud de entre 3.500 y 3.800 km con inclinaciones de 87° y 96° gracias a cohetes lanzados desde California.
¿Funcionó? Más o menos. Las agujas rápidamente se desplegaron por toda su órbita en un periodo de dos meses. La nube de agujas tenía un espesor de 30 kilómetros y una anchura de 15 kilómetros, dando la vuelta al globo a una altitud de 3.700 kilómetros.
Los problemas de un plan tan descabellado no fueron pocos
A pesar de que este escudo de comunicaciones consiguió retransmitir con éxito las comunicaciones entre California y el Laboratorio Lincoln y los aspectos técnicos del proyecto se declararon un éxito, hubo varios problemas que condenaron el proyecto al fracaso.
El primero es que a medida que las agujas comenzaron a reingresar a la atmósfera, las transmisiones se debilitaron: el gel de naftaleno no se evaporaba como debía, lo que provocó que las agujas se pegaran entre sí y formaran grumos. Además, el sistema quedó obsoleto casi al momento con el lanzamiento del Telstar 1 , el primer satélite de comunicaciones activo moderno.
Pero el Proyecto West Ford también puso sobre el tablero la basura espacial, hasta la fecha ignorada. Hoy en día, las agujas que no se desplegaron correctamente siguen orbitando la Tierra en grupos y son rastreadas por la Oficina del Programa de Desechos Orbitales de la NASA. En marzo de 2020, se sabía que 36 grupos seguían en órbita.
Imágenes | Wikipedia, Eureka, Pexels
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