Según la NASA, China tiene la capacidad de alterar la rotación terrestre con el llenado de la presa de las Tres Gargantas

La presa formó un embalse río arriba de más 600 km de largo y retiene la friolera de 40 km³ de agua

Daniel Murias

La Burj Khalifa, la torre de Shanghái o las Clock Towers: el ser humano tiene tendencia a construir infraestructuras cada vez más lujosas, más altas, más futuristas y también más pesadas. Es el caso de la presa de las Tres Gargantas en China, la central hidroeléctrica más grande del mundo. 

Es tan grande que, según cálculos de la NASA, embalsar tanta agua en un solo punto geográfico puede, literalmente, cambiar la velocidad a la que gira la Tierra.

Un río, tres desfiladeros y una obra descomunal

El Yangtsé es el río más largo de Asia y el tercero del mundo, por detrás del Nilo y el Amazonas. Drena una cuenca de casi dos millones de kilómetros cuadrados y abastece de agua a cerca del 40% del territorio chino. En su curso medio, el río atraviesa tres desfiladeros, Qutang, Wu y Xiling, que en conjunto conforman las llamadas Tres Gargantas, un paisaje de paredes rocosas y corrientes impetuosas que durante siglos fascinó a pintores y poetas chinos.

Fue precisamente en ese tramo donde China decidió levantar, a partir de los años noventa, la central hidroeléctrica más grande del mundo. Las obras concluyeron en 2012, casi dos décadas después de su inicio. El resultado es una estructura de 2.335 metros de longitud y 185 metros de altura. Es una presa tan bestial que cuenta incluso con un ascensor para barcos de 3.000 toneladas.

La construcción de la presa formó un embalse río arriba de más 600 km de largo y retiene la friolera de 40 billones de litros de agua. Sí, 40 millones de millones,  es decir, unos 40 km³ de agua.

Esto ha permitido a la presa de las Tres Gargantas superar a la central de Itaipú, compartida por Brasil y Paraguay en el río Paraná, como la mayor generadora de electricidad del mundo. Con una capacidad instalada de 22.500 MW, distribuida entre 32 turbinas de 700 megavatios cada una y dos generadores auxiliares, la instalación china generó en 2020 casi 112 teravatios-hora de electricidad, suficiente para abastecer durante un año a países enteros como Finlandia o Chile.

Una obra tan inmensa que altera la rotación de la Tierra

Al final, es una masa de agua tan enorme que, según la NASA, podría ralentizar la rotación de la Tierra. Benjamin Fong Chao, geofísico del Centro Goddard de vuelo espacial de la NASA, advirtió ya en 2005 que llenar el embalse de las Tres Gargantas tendría una consecuencia que va mucho más allá de la ingeniería civil: desplazar levemente el eje de rotación de la Tierra y, con ello, alargar la duración del día en 0,06 microsegundos.

Vista de la presa de las Tres Gargantas desde el espacio. (Foto satélite procesada por Pierre Markuse. CC BY 2.0)

El mecanismo que explica este fenómeno se llama momento polar de inercia, sí eso que hace que un deportivo sea ágil o no, y que cualquiera que haya visto patinar sobre hielo lo entiende de forma intuitiva. Cuando un patinador extiende los brazos, gira más despacio, pero cuando los pliega hacia el cuerpo, gira más deprisa. Lo mismo ocurre con la Tierra.

 Cuando una masa enorme de agua antes distribuida a lo largo de un río se concentra en un embalse situado lejos del ecuador, el planeta distribuye su masa de forma diferente respecto a su eje, y eso modifica su velocidad de rotación.

Lo verdaderamente revelador del caso de las Tres Gargantas no es el número en sí (0,06 microsegundos es una cantidad imperceptible) sino lo que dice de nosotros como especie. La actividad humana puede influir en parámetros tan fundamentales como la rotación de un planeta.

Y no es un caso aislado. Entre 1993 y 2010, la extracción masiva de agua subterránea para uso agrícola, industrial y doméstico redistributyó aproximadamente 2.150 gigatoneladas de agua desde el subsuelo hacia los océanos, elevando el nivel del mar en más de seis milímetros y desplazando el eje de rotación terrestre cerca de 80 centímetros hacia el este. 

El deshielo acelerado de los casquetes polares también redistribuye masa hacia las zonas ecuatoriales, contribuyendo a modificar ese mismo eje, que desde 1900 se ha desplazado una media de diez centímetros por año.

Esto, en realidad, nos habla de algo más amplio. Los seres humanos hemos alcanzado una escala de intervención sobre el planeta tan grande que ya no solo afectamos su clima, su biodiversidad o su química atmosférica. También, aunque sea de forma infinitesimal, alteramos el tiempo.

Imágenes | Xinhua, Copernicus Sentinel vía Pierre Markuse

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