Una pareja de jubilados vende su autocaravana tras solo dos viajes: "Parecía perfecta hasta que la usamos"

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Incómoda y cara de mantener: "Demasiada inversión para usarla dos veces al año"

Alejandra Otero

El sueño de vivir la jubilación, las "vacaciones eternas", viajando en una autocaravana: para algunos supone encontrar la felicidad plena. Para otros, una decepción. Es el caso de nuestra hoy protagonista: soñaba junto a su pareja con tener un vehículo camper para "hacer viajes épicos por carretera". Pero se dio de bruces con la realidad: no era para ellos.

Tanto es así que ahora los viajes los harán en coche y buscando "alojamientos baratos que incluyan el desayuno". La autocaravana la vendieron a los pocos meses de comprarla, tras solo dos viajes.

"Es estrecha, incómoda y cara de mantener"

Marie L. Mangin, maestra jubilada canadiense, cuenta su caso en primera persona en este artículo publicado en Business Insider. Tras 30 años como profesora de educación especial, la jubilación abría la puerta a esas vacaciones para siempre. "Mi esposo y yo siempre habíamos hablado de comprar una autocaravana después de jubilarnos". El momento por fin llegó el año pasado y tardaron poco en hacerse con su casa con ruedas. 

"Pareció caernos del cielo. Estábamos en una exposición de coches y vimos una autocaravana de los años 90 que se ajustaba perfectamente a nuestro presupuesto". Además, "tenía todas las características que creíamos necesarias, incluyendo un generador y una pequeña cocina". Pero sobreestimaron lo que necesitaban y el resultado es que se han deshecho de ella en nada y menos: "Parecía perfecta hasta que la usamos. La vendimos hace poco después de meses de intentar, sin éxito, que funcionara para nosotros".

El principal problema: vivir y dormir en un espacio reducido. "La primera vez que usamos la autocaravana, pasamos la noche en la entrada de la casa de un primo para asistir a un concierto cercano. Nos pareció estrecha y no descansamos mucho", comenta refiriéndose a la cama. Esto en el primer viaje. En el segundo, en el que hicieron más vida dentro, Marie descubrió que se daba en la cabeza con los armarios superiores "a pesar de medir 1,52 m" y que su esposo, de 1,83 m de alto, tenía que estar agachado la mayor parte del tiempo. "Era bastante incómodo" estar dentro.

Se añadieron otros problemas, como que el generador tenía una avería y tuvieron que repararlo o que el microondas no funcionaba bien. Problemas que el vendedor no les indicó. También gastos que no habían calculado: el precio del seguro (para que cubra el mobiliario y el equipamiento suele ser bastante caro) o que tenían que pagar por un párking vigilado para estacionarla cuando no la usaban porque dejarla en la calle era susceptible de robos.

Su conclusión tras dos escapadas es que había sido demasiada inversión para una camper que apenas iban a usar "dos veces al año". Y que no era tan idílico como habían creído: una casa con ruedas supone menos espacio para todo. Tras cambiarle los neumáticos y hacerle varios arreglos se la acaban de vender a una pareja más joven. Marie espera que la disfruten. 

"Tras hacer algunos cálculos, nos dimos cuenta de que no necesitábamos una autocaravana para hacer los viajes por carretera con los que soñábamos. Simplemente necesitábamos ser un poco más creativos con la planificación de las comidas y el alojamiento". Ni se plantean comprar una más grande y espaciosa. El sueño de viajes épicos con la casa a cuestas les duró dos salidas y pocos meses: las vacaciones camper no son para todo el mundo.

Imágenes | Unsplash

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