
Henry Ford cambió el mundo con su filosofía de trabajo. Para él, la máquina era clave para el ser humano
Vamos a hacer un ejercicio de imaginación y situarnos en el Estados Unidos de principios del siglo XX, un lugar y una época en la que se vivió uno de los mayores cambios de la historia de la humanidad: la transición del trabajo manual a la automatización.
Se conoce como la Segunda Revolución Industrial y uno de sus protagonistas fue Henry Ford. El estadounidense fue uno de los pioneros en la industria del automóvil y lo que consiguió fue, en gran medida, gracias a su apuesta por las máquinas.
Menos esfuerzo físico, más productividad
La Segunda Revolución Industrial cambió el mundo para siempre. Entre otras muchas cosas, dio un giro a la vida de los trabajadores porque la automatización de muchos procesos de trabajo gracias al uso de máquinas permitió multiplicar el esfuerzo y reducir el cansancio.
Henry Ford lo vio claro y quiso ir un paso más allá, así que introdujo la línea de montaje en el año 1913. De esta forma, se podía ordenar, optimizar y agilizar la automatización.
Ford tenía claro que el esfuerzo físico extremo no era bueno para el ser humano. Consideraba que si una máquina, como una prensa hidráulica o una cinta transportadora que moviera toneladas de acero, podían hacer parte del trabajo, esa máquina liberaba al operario de mucho esfuerzo físico. Por eso, 12 años después de estrenar la línea de montaje, en 1925, dijo: “El hombre sin la máquina es un esclavo. El hombre con la máquina es un hombre libre”.
La reducción de jornada que instauró Ford en su fábrica en 1914 fue una de las mejores demostraciones de esa filosofía. Lo normal en ese momento eran jornadas de trabajo de 10 o 12 horas, pero Ford la redujo a 8 horas. De esa forma, sus empleados tenían tiempo para otras cosas, es decir, eran hombres más libres.
De paso, duplicó el sueldo mínimo de sus trabajadores para llegar hasta los 5 dólares diarios, de manera que no solo tenían más tiempo libre, sino que también tenían más dinero para disfrutar de ese tiempo libre. Para Ford, esa subida de sueldo fue determinante para que el trabajador aguantase el ritmo de la máquina y no se fuera de la empresa a la primera de cambio.
La paradoja del “Fordismo”
Todo eso fue posible gracias a las máquinas. La fuerza bruta dejó de ser la principal herramienta de trabajo de los operarios y aumentó la productividad. Pero no todo era de color de rosa. El trabajo se volvió repetitivo y monótono, además, el operario debía adaptarse al ritmo de la cinta transportadora de la cadena de montaje, y no era algo fácil.
Por si fuera poco, Ford controlaba al máximo a sus empleados, incluso vigilaba su vida privada a través del Departamento de Sociología de Ford (si bebían alcohol, si su casa estaba limpia, si ahorraban, etc.), por lo que su discurso de la libertad tenía lagunas importantes.
Lo que es innegable que el “Fordismo” fue clave para crear la clase media, pero también para cambiar la figura del trabajador porque las máquinas democratizaron el trabajo y permitieron trabajar a gente sin cualificación.
En parte, eso era libertad, pero tenía otra consecuencia: los empresarios ya no necesitaban a gente especialmente cualificada ni dependían de las habilidades de ciertos trabajadores, por lo que si hacían huelga o se ponían enfermos eran fácilmente sustituibles.
Imágenes | Ford
En Motorpasión | Cadillacs, Buicks y Fords. El cementerio de coches americanos que se ocultaba en Europa después de Segunda Guerra Mundial
Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com
VER 0 Comentario