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El primer Batmóvil no nació para Batman: Henry Ford se había gastado 2,3 millones para demostrar que era el coche del futuro, hasta que lo vendió a un productor por un dólar

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El Lincoln Futura fue uno de los prototipos más espectaculares de los 50, pero su destino acabó siendo muy diferente al que imaginaban sus creadores

Irene Mendoza

Ahora no sucede lo mismo, pero hace años, la mayoría de los concept cars solían tener una vida corta: se presentaban en un salón, recorrían algunas exposiciones y eventos y terminaban en algún almacén o destruidos. Parecía que el Lincoln Futura seguiría ese camino, hasta que ‘Batman’ se cruzó en su camino… más o menos.

Aquel prototipo era la fortuna materializada de Ford: se gastaron el equivalente hoy a unos 2,3 millones en un sólo coche, que se acabaría convirtiendo en una de las estrellas del Salón de Chicago de 1955. Era la más viva representación de la obsesión por el futuro de la industria del coche estadounidense. Pero el destino quiso que lo acabaran vendiendo por un dólar… y que su final fuera muy distinto del esperado.

El coche que intentó mostrar cómo sería el futuro en los años 50

Nadie podía imaginar entonces que aquel prototipo futurista terminaría convirtiéndose en uno de los coches más reconocibles de la historia de la televisión. Porque antes de ser el ‘Batmóvil’, el Lincoln Futura ya era una auténtica celebridad.

En la década de 1950, los fabricantes de EEUU competían por hacer los automóviles más espectaculares que pudieran imaginar; en un contexto coincidía con los años de la carrera espacial, de la fascinación por la aviación y de una confianza absoluta en que el futuro sería más rápido, más grande y más llamativo. Ford quiso participar en esa carrera, pero con un prototipo un tanto… diferente.

El encargo de Henry Ford a los diseñadores William M. Schmidt y John Najjar fue claro: concebirlo como un ‘coche’ inspirado en los tiburones, con líneas agresivas, enormes aletas traseras y una estética que parecía llegada de otro planeta. Para ello, la marca les dispuso un chasis de Lincoln Continental MkII y un motor V8 de seis litros al carrocero italiano Ghia. Allí se construyó artesanalmente una carrocería tan compleja que el proyecto terminó costando unos 250.000 dólares de la época, una cifra que hoy equivaldría a más de 2,3 millones de dólares.

Cuando por fin debutó en el Salón de Chicago de 1955, el Lincoln Futura se convirtió en una de las grandes atracciones del evento. No era de extrañar, pues rozaba los seis metros de largo y su enorme cúpula transparente de doble burbuja parecía sacada de una nave espacial (que era la idea). Los enormes faros estaban protegidos por grandes cubiertas transparentes y las aletas traseras alcanzaban dimensiones difíciles de imaginar incluso para los estándares de aquella época. Respiraba modernismo.

Aunque casi que lo más curioso estaba en la pintura: los técnicos de Ghia desarrollaron un acabado blanco perlado mezclando escamas de pescado con la pintura, una solución tan extravagante como efectiva que convirtió al Futura en uno de los primeros coches en utilizar este efecto visual.

Así se pasó unos cuantos años: recorriendo exposiciones, llamando la atención y apareciendo en revistas especializadas. También pasó por televisión, con apariciones en programas como ‘The Dave Garroway Show’ y ‘The Ed Sullivan Show’, antes de dar el salto a Hollywood. Como es normal, el interés disminuyó poco a poco.

Pero antes de desaparecer, todavía tendría una última aparición como protagonista: en 1959, los estudios MGM lo utilizaron para la película ‘It Started With a Kiss’, protagonizada por Glenn Ford y Debbie Reynolds, y hasta lo cambiaron de color, para pasar a ser rojo. La película fue un éxito y el Futura hizo incluso una gira promocional. Después, acabó condenado al ostracismo.

En Lincoln revivió gracias a… Batman

En los ‘60, el prototipo ya estaba abandonado. Fue entonces cuando apareció George Barris, uno de los preparadores más famosos de EEUU. Barris convenció a Ford para venderle el coche por un dólar simbólico con la intención de convertirlo en un proyecto personalizado; y aunque la transformación acabaría costando unos 30.000 dólares de la época, pero el coche seguía acumulando polvo… hasta que llegó Batman.

En 1965, el productor William Dozier necesitaba un coche para una nueva serie de televisión basada en ‘Batman’. El problema era que el rodaje comenzaba en apenas tres semanas, y claro, diseñar un coche en tampoco tiempo era imposible. De hecho, el primer intento fue transformar un Cadillac, pero el preparador Dean Jeffries avisó que no podría terminarlo a tiempo y acabó descartado.

Barris tenía una alternativa mucho más rápida: el Lincoln Futura. Sus formas futuristas ya hacían buena parte del trabajo, así que sólo hubo que convertir aquellas líneas inspiradas en los tiburones en formas inspiradas en murciélagos: enormes aletas laterales, un frontal nuevo, pintura negra y una falsa turbina. En tan solo unas semanas, el Futura se había convertido en el “Batmóvil”.

La serie fue un éxito inmediato y el nuevo “Batmóvil” se convirtió en un icono de la cultura popular. Paradójicamente, el prototipo que Ford había creado para mostrar el futuro del automóvil terminó alcanzando la inmortalidad por una razón completamente distinta. Ya no sería recordado nunca más como uno de los concept cars más avanzados de los años cincuenta, sino como el coche de Batman.

Imágenes | Wikimedia Commons, Classic Cars in Movies

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