El actor australiano convirtió su pasión por el motor en algo muy serio: compite, restaura coches y conserva una colección pequeña, pero espectacular
Muchos conocen a Eric Bana por sus papeles en películas como ‘Hulk’ (antes de que Ruffalo encarnase ese papel en el universo Marvel), ‘Troya’ o ‘Múnich’. Lo que no todo el mundo sabe es que fuera de los rodajes lleva décadas viviendo otra pasión igual de intensa: los coches. Bana restaura clásicos increíbles, compite y entiende la mecánica como pocos famosos.
A diferencia de otras estrellas con colecciones interminables, el actor australiano siempre ha defendido que no es coleccionista. Y aunque por su garaje han pasado joyas clásicas de Ferrari o Mercedes míticos como el 'alas de gaviota', él prefiere conservar pocos vehículos, muy bien escogidos y con los que guarde una conexión especial. Por eso su garaje no impresiona por cantidad, sino por carácter.
El corazón de su garaje tiene nombre propio: “The Beast”
Su coche más famoso es un Ford Falcon XB GT al que llama “The Beast”. Lo compró siendo adolescente en Melbourne y nunca se ha separado de él. Este modelo es una leyenda en Australia, uno de esos V8 que marcaron a toda una generación y que ya forma parte de la historia del automóvil local.
De hecho, ese vínculo tan especial entre Bana y ese coche quedó inmortalizado en ‘Love The Beast’, un documental muy personal donde cuenta su relación con el Falcon y el grave accidente que sufrió en la Targa Tasmania de 2007. El coche quedó destrozado tras impactar contra un árbol, aunque después fue reconstruido. Para Bana, venderlo nunca ha sido una opción.
Pero en su garaje también hay sitio para la elegancia europea. El actor ha confesado en varias entrevistas su devoción por Porsche, marca con la que incluso ha competido. Entre sus piezas más especiales destaca un precioso Porsche 356 Speedster, uno de los descapotables más deseados del mundo clásico. Lo compró antes de que sus precios explotaran, lo considera una de sus joyas más valiosas y lo conserva en estado de revista.
En contraste, su lado más americano lo pone una Ford F-100 restaurada respetando su configuración de origen. Lejos de convertirla en un restomod moderno, conserva su motor V8 Y-block 4,5 litros, con una potencia que rondaba los 130 CV en la época, además del cambio manual de tres velocidades en la columna de dirección. Una pick-up sencilla, robusta y con el tacto auténtico de los años 50.
Como buen apasionado del motor, en su garaje no sólo hay coches. También posee una exclusiva Ducati 748RS, una superbike fabricada en tirada muy limitada y pensada para circuito: una máquina rara incluso entre coleccionistas.
Eric Bana podría llenar su garaje de superdeportivos modernos, pero ha preferido algo mucho más difícil de comprar: coches con historia, personalidad y recuerdos propios. Y ahí está la diferencia entre tener dinero y tener criterio.
Imágenes | Eric Bana
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