
China quiere una presa aún más gigante, pero India está preparando un contraataque
China ha confirmado la puesta en marcha de la presa de Motuo (Medog en castellano), una megapresa hidroeléctrica sin precedentes. Con un coste anunciado de 165.000 millones de dólares tendrá una capacidad total de hasta 60 GW. Este proyecto tendrá una capacidad cercana al total de las renovables en España, que se sitúa en 83,4 GW.
Esta nueva presa inició las obras el 19 de julio de 2025 en el río Yarlung Tsangpo, en el Tíbet. Batiría los récords establecidos por la presa de las Tres Gargantas (22 GW), pero sobre todo se ha convertido en una preocupación para India y Bangladesh, cuya población depende en parte del agua que fluye río abajo desde la presa.
La madre de todas las presas que controla el agua del Este de India y Bangladesh
La nueva presa será una obra de ingeniería colosal. La presa aprovechará la inmensa energía hidroeléctrica del Gran Recodo, un escarpado cañón donde el Yarlung Tsangpo describe una curva en forma de herradura y luego desciende unos 2.000 metros a lo largo de un tramo de sólo 50 km.
Sus 60 GW de potencia, más de 35 veces la potencia de un reactor nuclear de última generación, son casi el triple de la presa de las Tres Gargantas, en la provincia de Hubei, actualmente la más potente del mundo. La presa de las Tres Gargantas ha alterado ligeramente el eje de rotación de la tierra, y está lo hará también de nuevo.
El objetivo es “acelerar el desarrollo de una energía limpia y luchar contra el cambio climático”, explica el Ministerio de Asuntos Exteriores chino. El 60 % de la electricidad del país sigue produciéndose a partir del carbón, el combustible fósil que más gases de efecto invernadero emite. “La electricidad producida se suministrará principalmente a otras regiones para su consumo, al tiempo que se satisfarán las necesidades locales de electricidad en el Tíbet”, precisó la agencia.
El emplazamiento elegido para Motuo, en la meseta tibetana, no es casual, ya que se trata de un punto altamente estratégico, tanto por el potencial energético que ofrece como por su ubicación en el río Yarlung Tsangpo, más conocido como Brahmaputra a su paso por la India.
Al situar una obra de esta envergadura aguas arriba de grandes cuencas fluviales, Pekín se asegura un control sobre el agua, un recurso cada vez más escaso en China. El gigante asiático concentra el 18 % de la población mundial, pero tan sólo el 6 % de las reservas de agua dulce.
El río Yarlung Tsangpo, o Brahmaputra, atraviesa la India y el Bangladesh. Países para los que la construcción de esta nueva megapresa es motivo de preocupación, ya que supone el control por parte de China de una inmensa fuente de agua.
China ha afirmado que el proyecto no tendrá “ningún efecto negativo aguas abajo”, pero la India le ha comunicado oficialmente sus preocupaciones y asegura que “vigilará la situación y hará lo necesario para proteger sus intereses” en una región donde 1.800 millones de personas dependen de los recursos hídricos para su supervivencia. Cabe recordar que India y China, vecinos y potencias asiáticas rivales, comparten miles de kilómetros de fronteras en disputa, donde decenas de miles de soldados están apostados a ambos lados de la frontera.
La amenaza del agua de Pekín
La presa de Medog, al igual que muchos proyectos anteriores, suscita también importantes críticas sociales. La ONG International Campaign for Tibet (ICT) señala, en particular, la falta de consulta con las poblaciones locales. Y no es una cuestión baladí. Según los datos de ICT, más de 120.000 personas ya han sido desplazadas a causa de las presas en la región y podrían ser necesarias hasta un millón de expulsiones más si los proyectos en preparación (más de un centenar) llegan a buen término.
Con un conflicto estratégico con un bien tan indispensable, India ha comenzado a empujar sus propios megaproyectos hidroeléctricos empezando con el de Upper Siang, en el estado nororiental de Arunachal Pradesh.
Un movimiento interesante de Nueva Delhi para asegurarse un aumento de capacidad energética y los derechos de uso previo del caudal del río Brahmaputra. Este derecho internacional reconocido indica que el país que primero construye infraestructuras para controlar el agua tendrá ventajas jurídicas y garantías de suministro contra alteraciones posteriores realizadas aguas arriba.
Este proyecto es una maniobra defensiva y operativa que sumará 11 GW de potencia y un embalse gigantesco para garantizar la amortiguación de escenarios climáticos extremos que China pudiera usar como ofensiva si decide cerrar compuertas en Motuo o controlar inundaciones en el caso opuesto.
Es más, estamos ante un conflicto más enraizado puesto que la región de Arunachal Pradesh es territorio indio pero reclamado por China; el 'Tíbet del Sur'.
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