Los arqueólogos han descubierto cuatro metros debajo de Zaragoza un puente romano que puede cambiar para siempre el mapa de la ciudad

Puente Romano
  • Las obras de reurbanización del entorno del Coso han descubierto una arcada a cuatro metros de profundidad que podría pertenecer a un puente romano

  • Esto podría aportar nuevas pistas sobre el abastecimiento de agua de la ciudad en el siglo I

Irene Mendoza

Las obras de reurbanización del entorno de la plaza de San Miguel y el Coso, en pleno centro de Zaragoza, han sacado recientemente a la luz una estructura romana que llevaba siglos oculta bajo la ciudad. Hablamos de parte de una arcada situada a unos cuatro metros de profundidad y construida con opus caementicium, el hormigón característico de la ingeniería romana.

En concreto, los arqueólogos del Ayuntamiento de Zaragoza creen que podría tratarse de los restos de un puente levantado durante las primeras décadas de vida de Caesar Augusta. De hecho, creen que la estructura habría servido para salvar una vaguada que ocupaba el trazado del actual Coso en época romana.

Además, existe otra posibilidad que hace todavía más interesante el descubrimiento: que también tuviera alguna función relacionada con el transporte de agua (algo así como un puente-acueducto) desde el río Huerva hacia el interior de la ciudad. Según el jefe del Servicio Municipal de Arqueología, José Juan Domingo, por ahora se trata de una hipótesis que debe seguir estudiándose.

Una estructura romana que puede cambiar el mapa de Zaragoza

Este importante hallazgo se ha producido el pasado marzo en las zanjas abiertas en la esquina del Coso con la calle Espartero y tiene una importancia especial porque es la primera estructura de este tipo documentada hasta ahora en Zaragoza.

Su ubicación también aporta una pista relevante sobre cómo estaba organizada la antigua colonia romana, pues según los arqueólogos, los restos encontrados en estas obras permiten confirmar que Caesar Augusta se extendía hasta el cauce del Huerva desde sus inicios. De esta forma, la zona situada entre el Coso y el río no habría sido un barrio periférico o vicus, como se había planteado hasta ahora, sino parte de la ciudad consolidada desde los primeros años de la colonia.

La estructura también puede ayudar a estudiar la primitiva muralla de opus caementicium (cuyo trazado entre el Coso y la calle Asalto todavía no se conoce con precisión) y, de paso, a entender mejor cómo se abastecía y distribuía el agua en la Zaragoza romana. Los arqueólogos llevan décadas manejando distintas hipótesis sobre este sistema y el nuevo hallazgo permite volver a examinarlas.

Las excavaciones también han sacado a la luz otros vestigios de distintas épocas, como pavimentos romanos, restos de la muralla medieval, la puerta del Duque de la Victoria, un patio andalusí del siglo XI y parte del antiguo alcantarillado. Además, se han recuperado numerosos objetos arqueológicos, algunos destacados por su calidad artística o su buen estado de conservación, que ahora están siendo limpiados, estudiados y catalogados por los servicios municipales.

Cuatro metros bajo el asfalto y con más historia por descubrir

Tras el hallazgo, los técnicos documentaron la estructura mediante dibujo arqueológico, fotografía y escaneado 3D para dejar constancia de su estado, características y ubicación. Una vez estudiada esta parte de la construcción, se procedió a protegerla y quedó conservada in situ bajo el pavimento de la calle. Es una fórmula habitual en este tipo de intervenciones: los restos se mantienen bajo tierra después de ser documentados, mientras siguen las obras de renovación urbana.

Pero cubrir la estructura no significa que la investigación haya terminado: los arqueólogos todavía necesitan saber si el resto de la arcada continúa bajo el subsuelo y, sobre todo, hasta dónde llega para poder determinar mejor qué función tenía. Por eso, el Ayuntamiento ha previsto realizar una nueva cata arqueológica en la zona.

Estos trabajos se harán de forma coordinada con las obras de las conexiones de las tuberías subterráneas entre la plaza y el Coso, de manera que ambas intervenciones puedan avanzar al mismo tiempo. Hay que tener en cuenta que el subsuelo de Zaragoza presenta, además, una dificultad añadida.

Muchas intervenciones urbanísticas realizadas en el pasado alteraron los restos que permanecían enterrados y, según explica el jefe del Servicio Municipal de Arqueología, José Juan Domingo, “hasta la década de 1980 no existía un control patrimonial sistemático sobre las construcciones de la ciudad”. Por eso, cada estructura que todavía puede estudiarse aporta información especialmente valiosa para reconstruir cómo fue evolucionando Zaragoza a lo largo de los siglos.

Imágenes | Ayuntamiento de Zaragoza

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