
Suecia aceptó que no podía proteger sus bases aéreas y decidió repartirlas por todo el país utilizando las carreteras
A finales de los años 70, la Guerra Fría atravesaba una de sus fases más tensas. Suecia exhibía oficialmente su neutralidad, pero sus estrategas militares actuaban desde hacía tiempo para protegerse de una eventual invasión soviética o verse atrapados entre la OTAN y el Pacto de Varsovia.
Sobre el papel, la fuerza aérea sueca contaba con cazas modernos, los Saab 37 Viggen y, más tarde, los JAS 39 Gripen. En la práctica, esos aparatos no servían de nada si sus bases eran destruidas antes de que pudieran despegar. A no ser que casi todo el país fuera un aeródromo.
No puedes destruir los aeródromos de un país si éstos son las carreteras
Este diagnóstico, moldeó la doctrina aérea sueca durante cuatro décadas. La URSS no necesitaba invadir Suecia para neutralizarla como país, bastaba con atacar un puñado de aeródromos en las primeras horas de un conflicto, aniquilando así su dominio aéreo. Concentrar la fuerza aérea en unas pocas bases bien equipadas equivalía a ofrecer al enemigo una lista de blancos.
La respuesta sueca fue el enigmático Bas 90, abreviatura de Flygbassystem 90. El concepto surgió en los años 70 como evolución de un sistema anterior, el Bas 60, diseñado en los 50 principalmente frente a la amenaza nuclear. Su implementación concreta, sin embargo, tardó en plasmarse y comenzó en los 80.
El objetivo declarado era ambicioso, disponer de unas doscientas pistas de distintos tipos distribuidas por todo el territorio, en lugar de unas pocas grandes bases tradicionales.
El principio no se basaba en la resistencia, sino en la dispersión. Cada gran base aérea sueca se organizaba en grupos, una agrupación de bases aéreas que incluía una base principal y varias secundarias o de reserva.
En torno a estas instalaciones, carreteras rectas recibían un pavimento reforzado y se convertían en pistas secundarias, las kortbanor, de unos 800 m de longitud y 17 m de anchura. Su corta longitud no era un inconveniente, pues el Viggen, y luego el Gripen, se habían diseñado desde el principio con capacidad de despegue y aterrizaje cortos, un requisito derivado directamente de esta doctrina.
Estas pistas en carreteras eran solo un elemento visible de un sistema mucho más amplio. En los bosques adyacentes se ocultaban zonas de estacionamiento camufladas, depósitos de combustible y refugios para las aeronaves.
Unidades reducidas, entrenadas para reabastecer y rearmar un caza en cuestión de minutos, operaban a menudo en plena naturaleza, lejos de cualquier infraestructura permanente. Una red de telecomunicaciones dedicada, con puestos de mando móviles, coordinaba el conjunto sin depender de un centro único y, por tanto, vulnerable.
La idea central no era evitar un ataque, sino hacerlo ineficaz. Un avión que cambiaba constantemente de ubicación, oculto en un bosque y conectado a la red de carreteras, se convertía en un blanco prácticamente imposible de localizar en tiempo real.
Destruir una pista no servía de nada si el escuadrón siguiente podía despegar desde un tramo de autopista o una carretera secundaria a 15 km de allí. Suecia había convertido así su red de carreteras en una extensión discreta de su infraestructura militar, sin construir nunca el equivalente a una base aérea clásica adicional. La URSS podía destruir sus aeropuertos en pocas horas, pero no podían destruir todas sus carreteras.
El fin de la Guerra Fría hizo que este dispositivo dejara de ser prioritario. El cambio sueco de una doctrina de defensa territorial total hacia fuerzas de intervención más reducidas llevó, en los años 2000, al desmantelamiento progresivo del Bas 90. La mayoría de las bases de guerra fueron desmilitarizadas; algunas, vendidas a propietarios civiles.
Sin embargo, el deterioro del contexto de seguridad en Europa desde la invasión rusa a Ucrania revivió el interés sueco por la dispersión aérea. Ya en 2015, la fuerza aérea participó en un ejercicio de base en carretera en Finlandia, y desde 2017 vuelve a entrenarse en sus propias pistas históricas. Este mismo año, varios ejércitos del aire europeos se han entrenado a aterrizar y despegar desde carreteras en Suecia.
Suecia no es la única en haber pensado en las carreteras y autopistas como pistas de aterrizaje. Alemania, por ejemplo, había desarrollado un sistema comparable desde el final de la Segunda Guerra Mundial, con una veintena de bases de fortuna en carreteras construidas durante la Guerra Fría.
Una carretera recta o un tramo de autopista anodino, pueden constituir un activo estratégico tan valioso como un aeródromo, siempre que se haya anticipado, décadas antes, que un día se pueda necesitar.
Imágenes | Fuerzas Aéreas Suecas, Flygvapenmuseum, SAAB
En Motorpasión | Una investigación científica lo confirma: es posible que el coche eléctrico rinda a -50º C, y lo ha conseguido China
Ver todos los comentarios en https://www.motorpasion.com
VER 0 Comentario