
Al zar le convencieron con una maqueta para desembolsar 210.000 rublos para crear un triciclo blindado de 9 metros de alto.
El Tanque del Zar es un coloso steampunk que pudo haber cambiado el curso de la Primera Guerra Mundial. Y con ello probablemente toda la historia del siglo XX hasta hoy. El primer conflicto mundial vio la creación de innovaciones letales de todo tipo, como las armas químicas o la aviación militar.
Entre las innovaciones más destacadas, un viejo sueño de la ingeniería militar, la unidad blindada motorizada. Sí, los primeros tanques o carros de combate surgieron con la Primera Guerra Mundial. No funcionaron muy bien, la verdad. Y el que menos, el tanque del Zar Nicolás II de Rusia.
Un triciclo blindado de tracción delantera, ¿qué podía salir mal?
Nicolas Lebedenko, su creador, consideró que si bien el blindaje era esencial, lo más importante era poder salvar obstáculos, es decir, las trincheras sobre todo. Esto explica las dos ruedas de radios gigantescas de 9 metros de diámetro cada una. Eso son ruedas de casi 64 m2 cada una. Vamos, que son grandes como un piso. Una barbaridad.
La idea le habría surgido a Lebedenko viendo las carretas en los campos, cuyas grandes ruedas les permitían superar con facilidad baches y socavones del camino.
Para su arquitectura tampoco siguió lo que hacían los otros países, como Francia o Alemania. Optó por una arquitectura de triciclo, dos ruedas (muy) grandes delante y una pequeña detrás.
Antes del prototipo a escala real, lógicamente, presentó su concepto en forma de maqueta al zar Nicolás II en 1915. El emperador quedó impresionado por el artilugio, y se cuenta que ambos habrían pasado un buen rato jugando con la maqueta sobre la alfombra de la sala. Sea como fuere, Lebedenko se llevó una asignación sustanciosa de 210.000 rublos para desarrollar un prototipo.
En cuanto al armamento, la bestia presentaba un puesto elevado, a casi 9 metros del suelo, equipado con ametralladoras y, en los laterales, emplazamientos para cañones.
Para avanzar, este tanque de tracción delantera (una excentricidad más), movía las grandes ruedas por fricción mediante dos ruedas pequeñas accionadas por un motor Maybach de 240 CV cada una.
Sí, 480 CV que le permitían desplazarse a una velocidad teórica de 15 km/h, bastante rápido según los estándares de la época. De todos modos, debían mover algo así como un pequeño edificio sobre ruedas con a bordo una tripulación de una decena de hombres.
¿Y aterrorizó al personal en los campos de batalla? Pues no. El prototipo llegó a fabricarse, pero este mostrenco de más de 40 toneladas se atascó en el barro durante las pruebas.
En realidad, por una mala distribución de masas -¿o falta de tracción adecuada?-, la rueda trasera se embarraba con facilidad y las dos grandes no lograban sacar el tanque del barrizal en el que se había metido. Tanto, que al final el monstruo de acero se quedó atrapado en el bosque donde realizó su última prueba. Y terminó oxidándose durante varios años antes de acabar en el desguace en los años veinte.
Imágenes | tvd.im
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