Las tribulaciones de mi amigo Pablo

Verás, ahora ya no me sucede tanto porque he diversificado un poco mis áreas de acción, pero todavía ocurre que de vez en cuando alguien se pone en contacto conmigo y me expresa sus inquietudes por el perfil de quienes (se supone que) sirven a los ciudadanos en su papel de gestores de la seguridad vial. El otro día me pasó con Pablo, un profe de formación vial que conozco.

Y las tribulaciones de Pablo, y las de otros, de forma invariable se mueven alrededor de las competencias que tienen las personas para desempeñar sus funciones públicas. Ojo, que las dudas no suelen venir tanto por un hipotéticamente incierto nivel de formación que pudieran tener nuestros gestores, que como el valor se les supone, sino por sus actitudes cuando ejercen sus funciones.

Y es curioso, porque se les puede aplicar el mismo taburete que he usado yo tantas veces para explicar esto de la conducción ágil y segura (segura y eficaz, si empleo los términos que me enseñaron a mí). Uno puede tener conocimientos teóricos sobre la materia, puede tener las destrezas para ponerlos en marcha, pero si no hay una actitud favorable... el taburete se va al suelo.

En definitiva, en esto de la gestión de la seguridad vial uno encuentra, como en tantas otras facetas de la vida, que sacan mejores notas aquellos que tocan la realidad de forma paralela a sus actividades que consisten en modificar esa realidad. Vamos, que para ser un buen gestor en una fábrica de tornillos hay que querer bajar a donde están las máquinas y aprender cómo se fabrica un tornillo.

Esta afirmación tan categórica es muy mía, por más que les duela a todos los expertos en gestión que no han pisado en su vida más que las aulas de las escuelas de expertos en gestión, y que se me echarán ahora al cuello. Ya. Pues eso: cuestión de actitud. Claro, si además luego ya topamos con un gestor que no sabe hacer la O con un canuto...

Todo para el conductor pero sin el conductor

Cuando uno no conoce las consecuencias reales que tienen los actos que impulsa, por mucho informe que pida a sus asesores, siempre se va a quedar con una visión sesgada de la realidad. Y sí, claro, si baja a la arena y mira lo que hay, se llevará otra visión sesgada, la suya. Pero al menos tendrá elementos de primera mano para formarse un retrato un poco más completo.

¿Y esto por qué venía? Ah, sí, porque mi amigo Pablo está preocupado con los cambios normativos que se avecinan. Y digamos que sabe de lo que habla, porque tiene un buen conocimiento de la materia. De hecho, el que pueda tener yo, ya que al fin y al cabo ambos somos profes, y además él sigue en las trincheras, con lo cual sus conocimientos se mantienen frescos como los huevos del día.

Es también un tío muy válido para explicar su preocupación porque tiene las destrezas necesarias para poner en el mundo real™ lo que en negro sobre blanco aguanta tan bien. Y sí, tiene las actitudes necesarias como para entender que difícilmente puede legislar sobre Tráfico alguien que apenas pisa la calle, circula con vehículos, enseña a nuevos conductores las normativas existentes...

Verás, un artículo que se me quedará en el tintero, por abulia, es una crítica al vigente Reglamento General de la Circulación, el de 2003 con sus posteriores modificaciones. La idea era recoger las incoherencias y las imprecisiones que hacen del actual Reglamento un farragoso texto con más trampas que una peli de chinos, en vez de un manual de uso de las vías.

Se me quedará en el tintero porque llegará la primavera y con ella se supone que tendremos el nuevo texto legal. Y Pablo tiembla. Tiembla, porque teme que los cambios normativos se habrán realizado a espaldas de personas que entiendan verdaderamente del asunto, como mucho consultando los informes que les hayan ido pasando... si es que se los han leído y han decidido aplicar lo que en ellos se les cuenta. Que me dice otro amigo, ingeniero de caminos, que eso no se estila demasiado.

¿Un reglamento no es un manual de uso?

Quiero pensar que Pablo no tiene motivos para estar preocupado. Pero no siempre uno tiene lo que quiere, claro. Desgraciadamente, los... teasers de la nueva reglamentación en materia de velocidades que se han ido... filtrando (convenientemente) no dejan demasiado espacio para la imaginación. Un ejemplo serían los nuevos límites de velocidad, pero no el único. Sin ir más lejos, ¿alguien sabe si se clarificará un aspecto tan espinoso como la circulación en rotondas, por ejemplo?

Ojo, no me sirve que el artículo tal diga que con carácter general la circulación de vehículos se realiza por la derecha y que, en ausencia de excepciones eso es lo que vale. Por culpa de imbecilidades imprecisiones como esa es por lo que el actual Reglamento no sirve a los conductores ni para hacer aviones de papel con las muchas hojas que ocupa una vez impreso y deforestado el Amazonas.

Un Reglamento es, por definición, una "colección ordenada de reglas o preceptos, que por la autoridad competente se da para la ejecución de una ley o para el régimen de una corporación, una dependencia o un servicio". ¿Qué orden y qué concierto tiene un texto en el que para saber cómo se circula por una rotonda hay que, como mínimo, consultar los artículos 29, 31, 32, 33 y 75?

Para muestra palpable de lo que puede ser el nuevo Reglamento General de la Circulación, tenemos el Reglamento General de Conductores de 2009. Quienes tuvimos que pelearnos con él cuando se publicó tenemos muy claro que ni con dinamita se habría conseguido un esparcimiento de metralla semejante a lo largo de sus 115 páginas. ¿Ocurrirá lo mismo en primavera, con el nuevo texto legal? Esperemos que Pablo esté muy equivocado en sus tribulaciones. Al fin y al cabo, él sólo es profesor de formación vial, así que en esto de meter la pata (sobre el doble mando) tiene experiencia.

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