La falta de rigor (memorias de un 'ombudsman' de estar por casa algo sensible)

Imagina que hoy me levanto y me pongo a escribir una entrega de Dolorpasión™. Total, es domingo cuando redacto estas líneas que lees en lunes, de manera que todo podría ser. Imagina que el coche aporreado es... un Ferrari 458 Italia. E imagina que yo, en el fragor de la batalla, escribo esto:

Del golpetazo que recibió en todo el morro, il Caballino se quedó sin su V12 de 419 CV.

¿Qué? ¿Te duelen mucho los ojos? Pues así es como veo yo los textos que perpetra más de uno y más de dos cuando se supone que hablan de seguridad vial. Sobre ellos va el fauna en ruta de hoy.

Quien tiene boca se equivoca, por supuesto. Y está claro que con la de noticias y medias noticias que nos brindan últimamente tanto la DGT como el Ministerio del Interior, hay que correr para publicar. Pero eso es una cosa, y cometer errores de bulto es otra. Máxime, si tenemos en cuenta que cometer algunos de los fallos que se leen y se escuchan en las crónicas publicadas supone que no te concedan el permiso de conducir.

Esa es la diferencia entre meter la pata hasta el fondo con el motor y la ubicación del motor del 458 y decir cosas como que el límite actual en carretera es de 110 km/h, que se va a reformar la ley para cambiar los límites en algo denominado carreteras secundarias, que en la actualidad 1 metro de arcén en una carretera da pie a que se pueda circular a 100 km/h, y que si no son 80 km/h, o confundir calzadas con arcenes y plataformas. Por citar algunas proezas que se han publicado.

Eh, se dice el pecado, pero no el pecador. Por cierto, que cuando usábamos máquinas de escribir no eléctricas empleábamos Tipp-ex en laminillas de papel para rectificar los errores de tecleo, y al sacar el folio se veían las huellas de los fallos al trasluz. Para el caso que nos ocupa, algunos de los aludidos en esta suerte de informe de ombudsman de estar por casa aún podrían dejar sus trabajos y su reputación como los chorros del oro sin que se notase demasiado. Ventajas de nuestros tiempos.

¿Qué tiene que ver esto con la seguridad vial?

Dentro del análisis multifactorial de los riesgos viales, encontramos que detrás de cada factor de riesgo, también de los factores inanimados, existe una persona de carne y hueso. Que la señalización falla porque alguien la ha puesto mal, que detrás de una velocidad absurdamente fijada está el señor que la fija, que un conductor se encuentra tras una curva con un atasco monumental (frenazo, choque por alcance) porque en la radio le han dicho que la circulación era fluida en aquella zona...

Que la banalización de la información sobre asuntos de seguridad vial es en sí un factor de riesgo. Vale, considerarás que soy un exagerado. Considera lo que quieras, yo sé que no lo soy. O que si lo estoy siendo es porque la situación lo merece. Al fin y al cabo, hablamos de tener mejor información sobre un tema vital: la seguridad vial.

Si un medio --tanto me da el formato que emplee-- confunde aspectos que son tan obvios como que el motor de un 458 es un... 4.5 V8 (curiosamente), el mensaje que está lanzando es, por naturaleza, confuso. Y puestos sobre la materia que nos ocupa, con su confusión contribuye a alejar la seguridad vial del ciudadano, lo cual --también por naturaleza-- constituye un riesgo para ese ciudadano.

La banalización del volante, lo peor

En general, la banalización del volante es uno de los principales riesgos que corremos como conductores. Pensar que no hay para tanto cuando alguien nos alerta de un riesgo que se ha comprobado que incide en la siniestralidad vial es uno de los principales escollos contra los que topa nuestra propia seguridad... y la de quienes nos rodean.

El ejemplo más clásico de banalización es la distracción al volante. Si no estás por lo que estás, la puedes acabar liando. Y en la carretera, que tú la líes puede suponer que otros sufran las consecuencias de tus líos. Ese es el resultado de tener por banal la conducción de vehículos en entornos habitados (o sea, circular).

Pero desde luego la distracción no es el único ejemplo de quitar importancia a lo que supone circular. Llevar un vehículo de un punto A a un punto B con todos los condicionantes que nos rodea es una actividad que se puede equiparar, por sí mismo, a un trabajo complejo. Por lo tanto, merece que seamos rigurosos con él.

Si desde los medios se lanzan informaciones que abundan en la banalización, quienes las elaboran se convierten en propagadores del riesgo. Así de fácil. No hablo ya de periodistas del Motor que hacen malabarismos en los coches que prueban por las vías públicas, me quedo ya sólo en aquellos que tratan sobre temas de seguridad sin poner el cuidado debido, haciendo banal una cuestión vital.

Cuando se habla de seguridad vial, el sentido de la ética manda hacerlo con propiedad. Insisto en lo que decía al principio: el que tiene boca se equivoca y todos hemos tenido lapsus. Sin ir más lejos, yo soy un lapsus andante y no lo escondo. Pero una cosa es tener un lapsus (o mil) y otra es hacer un ejercicio de "igual me da ocho que ochenta". Hay una sutil diferencia.

Y sí, ya sé que cavallino se escribe con v, que la potencia máxima de su motor no es de 419 CV sino 419 kW (unos 570 CV al cambio) y que si chafando el frontal se llega a romper el motor, es que el leñazo ha sido de mucho cuidado. Me pregunto por qué hay redactores que no ponen el mismo celo cuando tratan de una materia sobre la que, para más inri, se supone que un día se examinaron.

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