Pagando el depósito a 80 euros, la calefacción del coche no va a salir gratis este invierno
Cuando están presentes las bajas temperaturas, el uso de la calefacción del coche, o climatizador, está a la orden del día. Pero si nos pasamos con la temperatura puede afectar al consumo de combustible como ocurre con el aire acondicionado en verano, pero también en la conducción, ya que puede provocar somnolencia.
Somnolencia y que para evitar el empañamiento constante lo suyo es conectar el aire acondicionado también cuando hace frío. El aire acondicionado hace que el coche consume más, y con la gasolina marcando su máximo del año a finales de septiembre y el diésel disparado merece la pena ajustarse el cinturón (doblemente) en el coche.
¿Y cuál es la temperatura recomendada para evitar ambas cosas? Esto es lo que recomienda la DGT, así como otros aspectos para utilizar el climatizador en los meses más fríos del año de la forma más eficaz posible.
Entre 19º y 22ºC: por gasto, pero también por seguridad
Regular la climatización a una temperatura demasiado elevada en el coche se traduce en un mayor gasto de combustible, ya sea gasolina o diésel. Y esto se debe a que los sistemas auxiliares también funcionan con la energía generada por el motor.
En definitiva si además de mover el coche, el bloque debe alimentar varias tecnologías, como la climatización, el consumo será mayor. Y aunque este extra no es muy elevado, al sumarse con otros sistemas que asimismo hacen lo propio hablamos a la postre de más gasto de carburante.
Es por ello que lo recomendable, según detalla la DGT y en base a los consejos de la patronal de las inspecciones técnicas AECA-ITV, es que la temperatura oscile como máximo entre los 19 y los 22 grados.
Así, se evitará un gasto energético mayor derivado de un exceso de calor en el habitáculo, lo que además de ahorrar combustible también supone menos emisiones de gases contaminantes. No en vano, en los meses fríos se detectan mayores picos de contaminación precisamente por el uso de la calefacción en los vehículos.
Según el ADAC a 100 km/h la climatización incrementa en 0,3 litros el consumo cada 100 km, y en ciudad este consumo puede ascender al 20%.
Sin embargo hay que tener en cuenta que esto esencialmente afecta a coches térmicos puros, ya que en los híbridos los sistemas auxiliares van en teoría alimentados por la batería que surte de energía al bloque eléctrico o bien el motor-arranque generador en el caso de los mild-hybrid.
En los eléctricos es al contrario. No producen el excedente de calor por lo que el sistema tiene que trabajar aún más para dar aire caliente y la calefacción directamente resta autonomía. Por eso precalentar el vehículo eléctrico antes de salir tiene mucho más sentido del que parece.
Además, para que el interior del automóvil se caliente más eficazmente lo ideal es enfocarlo a la zona de los pies, ya que el aire caliente pesa menos, y tiende a subir, distribuyéndose mejor por el habitáculo. Con la recirculación activa ya lo bordamos.
Y asimismo también se aconseja no mantenerla encendida con el coche parado por un tiempo superior a un minuto (aparcado). Ya el propio coche parado en sí con el motor al ralentí, se estima que gasta unos 0,6 litros/hora por litro de cilindrada. Así, por ejemplo en un motor de 1.5 litros consumirá casi un litro a la hora si está detenido pero con el propulsor en marcha.
Ponerla al máximo nada más arrancar es totalmente desaconsejable. Es un consumo extra con un desperdicio casi del 100%. Lo que sí recomiendan desde Faconauto, Anfac y Ganvam es aprovechar el calor residual y apagar la calefacción cuando estamos llegando a destino.
Por otro lado, más allá de un mayor gasto, circular con la calefacción a una temperatura excesivamente alta puede afectar a la seguridad, ya que puede provocar al conductor somnolencia, fatiga e irritabilidad. Y esto a su vez ocasiona que se reduzca la capacidad de atención o la de reaccionar ante un imprevisto.
Pero ojo con sustituir la calefacción por el abrigo: si se conduce con una prenda muy voluminosa la efectividad del cinturón se reduce y además puede impedir que se manejen correctamente los mandos, como el volante o el cambio, al restar movilidad en los brazos. Y aunque no se prohíba expresamente, nos pueden multar por ello.
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