SEAT Ibiza Cupra, prueba (parte 1)

Su nombre ha conseguido hacerse un hueco entre los mejores coches deportivos de pequeño tamaño y lo ha hecho por méritos propios, porque el SEAT Ibiza Cupra se ha ido superando versión tras versión desde que se lanzó la primera de ellas en el año 1996.

El último en llegar ofrece unas cifras que asustan: 180 caballos para el motor 1.4 TSI, cambio de marchas DSG de siete velocidades con levas en el volante y por último autoblocante electrónico.

No creo que ninguno de los encargados de diseñar el primer SEAT Ibiza Cupra, construido como homenaje al primer Campeonato del Mundo de 2 litros conseguido por la marca de Martorell, pensase que en 13 años aquel pequeño Ibiza Cupra, que tenía las letras Cupra enormes sobre las aletas delanteras y las llantas blancas, evolucionase hasta convertirse en lo que hoy es.

Las siglas Cupra vienen de la abreviatura de las palabras Cup y Racing. A lo largo de su breve historia ha marcado algunos hitos que debemos destacar: en el año 2000 la tercera versión Cupra fue el primer modelo de su segmento en incorporar el ESP, un elemento de seguridad que hoy es casi de serie en todos los coches.

También hay que destacar que en 2004 la cuarta versión del Cupra incorporó a la gama una versión diesel con un motor 1.9 TDI de 160 caballos de potencia. Nunca olvidaré la primera vez que probé el Cupra “petrolero”, fue en la presentación a prensa que se celebró en las inmediaciones del pueblo de Jabugo y la diversión fue total por las curvas de la Sierra de Aracena.

Hace unos días tuve durante una semana la quinta generación del SEAT Ibiza Cupra y os puedo asegurar que el único punto en común respecto a las anteriores generaciones es el nombre.

El aspecto exterior del Cupra impresiona. Está claro que los diseñadores no se han cortado un pelo a la hora de aplicar todo lo que a los jóvenes amantes del “tuning racing” de hoy en día les gusta. Según SEAT el Ibiza Cupra tiene “una línea lo suficientemente agresiva, pero a su vez sin entrar en estridencias innecesarias”.

No estoy de acuerdo, creo que la línea del SEAT Ibiza Cupra se ha ido demasiado hacia el mundo del “tuning” y ha abandonado de forma evidente pronto el estilo “racing” que siempre le ha caracterizado.

Es un cambio de línea que no comprendo muy bien, ya que su hermano mayor el León, tanto en sus versiones FR como en el Cupra y el Cupra R siguen siendo coches más “racing” que “tuning”, como debe ser en un Cupra.

La base es el SEAT Ibiza SC, sobre el cual se ha hecho el clásico ejercicio de diseño para destacar su aspecto deportivo. Los faldones son quienes cargan con el peso de la mayor parte de los cambios estéticos. El delantero destaca por sus dimensiones superiores al modelo base, con una entrada de aire realmente grande en el frontal que destaca por su forma de “U”, un poco extraña pero que le da personalidad.

Sobre el perfil superior de color negro de esta entrada de aire, las letras Cupra suponen una de las novedades más destacadas. Siguen con la tradición del modelo original de llevar el nombre distintivo del modelo en un lugar poco habitual.

En los extremos del faldón, están las luces antiniebla, que a su alrededor tienen un plástico negro que semeja un nido de abeja. Se trata simplemente de un aditivo estético, ya que por ahí ni entra aire para refrigerar los discos de freno ni nada. Para mi gusto, son excesivamente grandes.

Bajo el logotipo de SEAT, rodeado de una parrilla de estilo nido de abeja, hay cinco pequeñas aberturas que le confieren un aspecto diferente también respecto al Ibiza normal.

La parte trasera es, según mi criterio, bastante más discreta que la delantera. Ahí el faldón también ha crecido considerablemente en tamaño. En la parte central dónde va situada la matrícula, el color negro prevalece sobre el blanco y en los extremos hay también unas zonas de color negro que, al igual que en la delantera, le dan el toque “barroco” al faldón trasero.

Debajo de la matrícula, está la única salida de escape, de gran tamaño y con formas angulosas. Recuerda en parte a la del Lamborghini Murciélago LP 640, salvando las diferencias claro.

Lo que me parece un error realmente imperdonable es que a simple vista se vea que dentro de la salida de escape hay dos pequeñas terminaciones, y que toda la parte exterior solo es simple diseño y que no tiene nada de funcional.

Por lo demás, las letras Cupra van situadas en posición central y el maletero de abre desde la S de SEAT. Mucho “barroquismo” en los faldones tanto delantero como posterior y en cambio el alerón trasero es más que discreto. No es precisamente más grande que el de un Ibiza normal.

Los espejos van pintados en color negro brillante y son sin duda alguna el elemento más elegante del exterior del coche.

Por fuera no hay duda que el SEAT Ibiza Cupra llama la atención, pero su aspecto le sitúa más en la puerta de una discoteca de las afueras de una gran ciudad que en en la cuneta de un rallye del norte de España. Mañana veremos si su interior y el comportamiento siguen esta línea o en cambio mantienen el espiritu deportivo que siempre ha caracterizado a las creaciones tocadas por SEAT Sport.

En Motorpasión | SEAT Ibiza Cupra - Parte 1, Parte 2, Parte 3 y Parte 4

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