Honda CR-V, presentación y prueba en Múnich (parte 1)

Partimos hacia Múnich para asistir a la presentación del nuevo Honda CR-V, un SUV medio que llega con declarada vocación urbana, buscando un público que apuesta por la libertad de movimientos dentro del coche, por su versatilidad y por la seguridad que le sugiere un vehículo como este. Eficiencia, funcionalidad y seguridad son sus tres valores.

Con la que está cayendo™, ¿es el gran momento de los SUV? Si hacemos caso de los datos que nos ofrece Honda, los SUV están aguantando el tipo en plena crisis. La salida al mercado de la tercera generación del CR-V, la más urbana hasta el momento, supuso un aumento de ventas que lo llevó a ser en 2008 el número 1 en SUV de tamaño medio, haciéndose con casi un 19 % del mercado. Así, no nos extrañe que la cuarta generación se aleje aún más del campo y se mueva hacia la ciudad.

En este contexto, detalles como la incorporación de la tracción delantera se entienden como un intento por reducir costes y ampliar mercado por el listón del precio, aunque por sus acabados interiores Honda quiere llegar también a un número superior de clientes procedentes del mercado premium. Bajo estas premisas y con la futura introducción del motor i-DTEC 1.6 de 120 CV, Honda augura una sólida recuperación de sus ventas a partir de 2015, donde fija el punto de inflexión de la situación actual.

A grandes trazos, en España la política de introducción de la cuarta generación del Honda CR-V parte este próximo mes de noviembre con unas expectativas de ventas de 3.500 unidades en 12 meses, siendo el SUV junto con el Civic y su nuevo motor las bazas más importantes con que cuenta la firma para fijar sus perspectivas de crecimiento en un 1,4 % para el año 2013.

No olvidemos que estamos ante un modelo fundamental para la marca que se comercializa en 160 países y cuyo recorrido en Europa es ya de 15 años. Desde su aparición, ha cosechado ya 142 premios, además de una cifra de ventas acumuladas de 5 millones de unidades. Por cierto, que Honda nos regala un dato anecdótico pero ilustrativo sobre su fiabilidad: en Islandia, el 97 % de los Honda CR-V vendidos siguen en activo. Islandia, sí, allí donde el frío y los volcanes de nombre atragantable.

La evolución, a través del aspecto exterior

Desde que en 1997 viera la luz el primer Honda CR-V, la evolución de los todoterrenos de la marca japonesa ha sido palmaria sobre todo a partir de la tercera edición, cuando las otrora cuadradotas formas del CR-V han ido dando paso a un diseño cada vez más dinámico, también más alejado del campo y más metido en ciudad.

Tras la segunda generación, que fue una evolución evidente sobre el primer planteamiento del CR-V, vino una tercera edición que rompía definitivamente con la imagen del SUV como vehículo pensado para el off-road y le daba alas a una cierta deportividad urbana, prescindiendo de la rueda trasera ubicada en la zaga, dando paso a un portón de carga abatible y acentuando las formas del todoterreno urbanita.

La cuarta generación del Honda CR-V queda definida dentro de ese planteamiento, con unas medidas y una filosofía que lo aproximan más a un turismo de gran tamaño que a un todoterreno. Ha perdido 30 mm de altura y ha disminuido 5 mm en longitud manteniendo la misma batalla, ganando en dinamismo y visibilidad.

Su frontal es más audaz y transmite una suavidad reflejada desde el inicio en su paragolpes, más liviano que en su predecesor. La parrilla que se funde con las ópticas contribuye a dar calidez al rostro visible del SUV, mientras que la zona inferior contribuye a dar dinamismo al conjunto.

En los pasos de rueda encontramos la robustez deseable en un vehículo versátil como este, pero no esperemos encontrar dureza. Las líneas del Honda CR-V han sido concebidas desde el concepto de la suavidad, la fluidez y el culto al espacio. Un espacio que queda en buena medida garantizado gracias a las amplias lunas laterales, incluidas las custodias traseras, y al techo panorámico de una pieza que monta en el techo.

En la parte posterior, tenemos un alto portón de carga que da paso a un amplio maletero. Al cerrarlo, de forma automática en la unidad probada, queda ese diseño que uno no sabe muy bien cómo definir, y que puede levantar pasiones en uno y otro sentido. Para gustos se hicieron los colores. Personalmente, no me desagrada aunque tampoco me entusiasma. ¿Demasiada sobriedad, quizá? ¿Demasiada robustez para un conjunto tan suave? En cualquier caso, hay que reconocer su funcionalidad, que a capacidad de apertura no le gana nadie.

Interior, accesibilidad y acomodación

En el interior encontramos toda la carne que Honda ha puesto en el asador. Quieren captar la atención de un público cada vez más amplio, también más premium, y de amplitudes y de premiums va la cosa. Si el exterior transmitía suavidad y espacio, el interior cumple sobradamente con las expectativas que genera desde fuera.

Así, tanto en las plazas delanteras como, de forma más que evidente, en las plazas traseras el espacio es la nota dominante. La comodidad se abre camino desde el momento en que accionamos las puertas y accedemos al interior, que ha ganado milímetro a milímetro habitabilidad para los ocupantes.

Al observar los acabados, vemos que la apuesta de Honda por la calidad no es un brindis al sol. La apariencia es sólida desde la base. Los guarnecidos invitan a tocar, aunque aquí podemos encontrarnos con una pequeña sorpresa, y es que las partes mullidas son sólo aquellas que quedan más al alcance de la mano. Si pasamos de esa línea el tacto es duro, aunque no desagradable.

En cuanto a la accesibilidad, no hay mucho que discutirle a un SUV que lucha por parecerse a un turismo grande. Uno sube y baja del coche con alegría, y en las plazas traseras el suelo totalmente liso se agradece. Por ponerle una pega al espacio trasero, que es inmenso, se puede decir que los asientos van algo escasos de agarre transversal. Nada, sólo por protestar. Quizá sus formas se vean influidas por el mecanismo que los pliega por completo utilizando un automatismo eléctrico.

Ese plegado de asientos, por cierto, se realiza con un simple tirar de una cinta encajada a cada lado de los asientos o bien accionando una palanquita situada en el maletero, sobre el paquete de triángulos de emergencia que queda fijado al suelo por una moldura abierta expresamente en el piso. Primero se sitúa en posición la parte de la banqueta y luego le sigue el respaldo. Y todo con una sola mano, con las ventajas que esto supone. Jugando con este mecanismo ya podemos echar la tarde.

Con los asientos plegados, tenemos una superficie de carga cuyo piso no es completamente plano, aunque se queda a punto. Realmente caben las bicicletas que hemos visto en las imágenes promocionales, y hasta el mecánico que las repara si se deja. No, en serio: como espacio de carga cumple perfectamente, aunque da pena llenarlo de leña, todo hay que decirlo.

Ya sabemos que al plegar los asientos pasamos de tener 589 a 1.648 litros de volumen útil (en la versión española, que lleva rueda de repuesto), con 1.570 mm de longitud de carga hasta los respaldos delanteros. Y ahí va un dato más: la boca de carga queda a 665 mm de altura, lo que permite cargar y descargar sin demasiado esfuerzo. Y más, si disponemos de la apertura eléctrica del portón, como es nuestro caso, y la ejecutamos bien desde el mismo portón, bien desde el puesto de conducción.

La posición de conducción es muy adecuada para un vehículo de estas características. Lógicamente es elevada, pero sin caer en el afurgonetamiento. De hecho, es 30 mm más baja que en el tercer CR-V, y ahora transmite esa mezcla de turismo grande y vehículo multipropósito que se plantea la marca. Al cabo de un ratito de estar al volante, dejamos de pensar en el Honda CR-V como un grandullón y lo llevamos como un turismo más.

Contribuye a eso que la acomodación sea correcta, aunque puede costar un poco encontrar la postura idónea con los reglajes eléctricos. No por el funcionamiento de los mismos, que es impecable, sino por esa gran combinación de ajustes que a veces vemos en algunos modelos, que cuando no falta de carrera longitudinal sobra un poquito de altura y luego se echa en falta más inclinación o qué sé yo.

Se trata de ese tipo de pejigueras de usuario eminentemente premium que conviene dejar bien atadas. Afortunadamente, el sistema cuenta con memoria vinculada a la llave inteligente, de manera que cuando uno abre el coche el asiento se autorregula para que el conductor lo encuentre todo tal y como lo dejó la última vez. Apto para obsesivos de la posición de conducción, que los hay.

En cuanto a la disposición de los mandos, el Honda CR-V de cuarta generación introduce un sonoro cambio sobre la instrumentación de su predecesor. La filosofía que se sigue es la separación de elementos por nivel de uso, marcando distancias por ejemplo entre la navegación y la climatización. Todo queda a mano pero a veces resulta poco intuitivo. Quizá por protestar, vale la pena hablar de los mandos del volante, más propios de una videoconsola que de un SUV premium.

Con todo, dicen que la calidad se aprecia en los pequeños detalles, y en este capítulo el Honda CR-V va bastante servido. Se ha puesto cariño en las pequeñeces y eso hace del conjunto un espacio muy cómodo de utilizar, confortable sin ser recargado y funcional sin ser espartano. No, está bien conseguido, la verdad es que sí.

Detalles como los mandos del climatizador, que tienen un tacto perfecto para moverlos sin mirar, las almohadillas de protección para las rodillas o un cumplido aprovechamiento de los espacios para encajar huecos portaobjetos, muy a la francesa, son esos aspectos que pueden conquistar el corazón de quienes se interesen por un coche grande que un día fue todoterreno aunque ahora poco monte pisará.

Ojo, y para quien lo desee, la tracción total le sacará de un apuro igualmente, que lo cortés no quita lo valiente. En cualquier caso, la cuarta generación del SUV supone el canto del cisne para una evolución más que evidente que poco a poco se ha ido moviendo del campo al territorio urbano.

Con todo lo que hemos dicho, nos queda por delante una vuelta por Baviera a golpe de navegador para poner a prueba el Honda CR-V como un turismo grande, circulando por autopista, carretera y también por ciudad. ¿Qué tal se moverá este grandullón en la selva del tráfico en pleno centro de Múnich?

Continuará... Continúa

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