BMW M6 Cabrio, prueba (parte 3)

507 caballos y tracción trasera. Esos dos datos inevitablemente evocan en mi mente una cosa: derrapar. Con tanta potencia a las ruedas traseras, el BMW M6 Cabrio tiene que ser una máquina de derrapar cuando desconectamos los controles de tracción, y no pensaba quedarme sin comprobarlo.

Ya sabía que por carretera y por ciudad el coche va fantásticamente, pero tocaba divertirse con el. Para eso, nada mejor que un circuito cerrado. Pero no se trata de un circuito cualquiera, nos atrevimos a meter el BMW M6 Cabrio en una pista de drifting. Y no os puedo explicar cuánto disfrutamos con él…

El circuito en cuestión es el CPB, Centro de Perfeccionamiento de Bercimuel. Está situado en la provincia de Segovia, a escasos 130 kilómetros de Madrid saliendo por la carretera de Burgos. Dirigido por Jaime Sornosa, más conocido como “Correcaminos” (ese que no era capaz de coger durante las vueltas al Jarama con el Mini John Copper Works) allí imparten cursos de conducción de todo tipo.

En sus preciosas instalaciones, situadas en un tranquilo valle al lado del pueblo de Bercimuel tienen una pista de 4×4 de lo más completo, una zona para hacer slalom y lo mejor de todo, un circuito de drifting dónde Jaime jr.. imparte clases de drifting los fines de semana.

Quedamos pronto en Madrid un sábado por la mañana para ir a CPB. El sol acompañaba así que decidimos quitarle la capota al BMW M6 Cabrio. Si con ella puesta me había encantado, desnudo me consiguió enamorar. Es precioso se mire por dónde se mire, y el que no esté de acuerdo que me lo discuta.

Salimos descapotados a carretera, sin colocarle el difusor de aire que estaba guardado en el maletero. A ritmos altos de autopista es complicado que un cabrio de ese tamaño y cuatro plazas no meta demasiado aire al habitáculo, pero lo cierto es que el BMW M6 Cabrio tiene un aislamiento que sorprende.

El arco del parabrisas delantero llega muy atrás y conduciendo en una posición normal lo tendremos sobre nuestra cabeza. Así evitamos el aire en las plazas delanteras y las traseras, aunque quedan un poco al descubierto, tampoco sufren excesivamente. Para conseguir este aislamiento es básico tener todas las ventanillas subidas (tiene un botón que sube todas al mismo tiempo), incluída la trasera situada sobre el maletero.

Sin capota el sonido del coche se hace evidentemente más perceptible, y eso me encanta. No os quiero ni contar como se escucha cuando ruedas por un túnel descapotado y le das un acelerón, toda una maravilla.

Tras 130 kilómetros que se pasaron rápido disfrutando de la conducción del BMW M6 Carbio y de su confort, llegamos por fin a CPB. Allí Jaime jr. estaba empezando a dar un curso de drifting con varios alumnos. Los BMW Serie 3 se la generación E30 que usaban poco tenían que ver con el BMW M6 Cabrio en el que llegamos nosotros, pero todos teníamos el mismo objetivo, cruzar el coche y pasarlo de lujo.

El circuito de drifting es bastante ratonero y tiene todo tipo de curvas, desde rápidas seguidas de una recta hasta enlazadas a izquierda y derecha dónde hay que jugar con los pesos del coche y ser muy rápido de manos si quieres enlazar la cruzada en cuestión.

Lo primero era darme un par de vueltas para volver a familiarizarme con el circuito, porque aunque había rodado allí hace un año con un BMW 330CD, apenas me acordaba de como eran algunas zonas. Dos vueltas y ya tengo el trazado en mi cabeza. Comienza el espectáculo.

Desconecto por completo los controles de tracción pulsando durante un par de segundos el botón. No dejo nada conectado, el coche está en estado puro. Como creo que con 400 caballos de potencia será más que suficiente como para cruzarlo, no activo el botón “Power”. Tampoco toco las suspensiones, las dejo en la posición normal que es la más blanda. Los balanceos de la carrocería son buenos para jugar con los pesos.

Jaime me había advertido que sin modificar las presiones de las ruedas y con esos “pedazo rodillos” de 285/35 R19 detrás iba a ser complicado llevarlo demasiado tiempo cruzado. Decido salir por la recta principal despacio, en primera y luego segunda.

Llega la primera curva de derecha, me meto en ella y cuando estoy dentro piso sin miedo el pedal del acelerador. Sin apenas tiempo de reacción, el BMW M6 Cabrio se cruza por completo al mismo tiempo que los neumáticos empiezan a gritar. Todo ocurre muy rápido, y muy rápido se acerca también la siguiente curva que es a izquierda.

Contravolante rápido, poco a poco voy corrigiendo el sobreviraje y cuando ya casi tengo el coche enderezado pego otro acelerón aprovechando las inercias creadas por la trasera cuando vuelve a la posición correcta y el coche se cruza hacia el otro lado. He conseguido enlazar las dos primeras curvas del circuito y todo ha ocurrido a una velocidad impresionante, a pesar de que en el circuito se rueda despacio.

Lo básico es ser fino con el acelerador, ya que los 400 caballos de potencia son muchos como para hacer tonterías con el pedal. Las manos tienen que estar listas para moverse muy rápido, como si fuesen las de un boxeador entrenando con un saco de agilidad. En este caso nuestro saco será el volante, que giraremos constantemente a un lado y al otro.

Pongo el coche recto y entro sin cruzarlo en la siguiente curva, más amplia y de derechas de nuevo. Esta da paso a una pequeña recta y hay espacio de sobra para poder fallar, ya que hacia el exterior solo hay tierra y a lo lejos unas balas de paja.

Mi idea era sacar el coche derrapando por la recta el máximo tiempo posible. Dentro de la curva voy muy atento a la dirección, y cuando estoy justo en la salida de la curva, piso con fuerza el acelerador. Los 400 caballos se transmiten a las ruedas traseras, que derrapan sin pensarlo. Contravolante rápido, pero igual de rápido hay que empezar a abrir dirección si no nos queremos ir hacia dentro y acabar en la tierra.

Dosifico entonces el acelerador a medida que con la dirección voy deshaciendo el contravolante. La dirección activa hace que los movimientos de volante se traduzcan de forma rápida en las reacciones del coche. Conseguí sacar el coche completamente cruzado hacia la recta, y llevarlo cruzado unos cuantos metros por ella, al mismo tiempo que una inevitable sonrisa se dibujaba en mi cara.

Como esta última curva, en CPB hay varias, todas ellas a derecha. Poco a poco con el paso de las vueltas he de decir que le fui cogiendo el truco a estas curvas amplias, más rápidas y en las que el BMW M6 Cabrio se convertía en una máquina de derrapar y de tatuar las ruedas sobre el asfalto.

En cambio las curvas lentas y ratoneras del principio comenzaron a atragantarseme un poco a medida que las ruedas iban cogiendo temperatura. El coche se cruza, en ningún momento tendió a irse de morro, pero con temperatura en las ruedas no es tan fácil hacer dos curvas enlazadas cruzado.

En un par de ocasiones me fui a la tierra, lo cual me recordó que para nada soy Tiff Needell ni The Stig. Ellos sí que saben lo que es cruzar un coche y hacerlo sobre el asfalto a base de potencia, pero lo cierto es que yo estaba disfrutando un montón, más seguramente de lo que disfrutarán en su vida la mayoría de compradores de un BMW M6 Cabrio.

Porque lo cierto es que solo un porcentaje muy pequeño de sus dueños se atreverán a meterse con el en pista, y menos en una pista de drifting. Lo que más me gustó del coche es que es bastante predecible. Su larga distancia entre ejes hace que las reacciones sean muy nobles en todo momento. Las derrapadas a la salida de las curvas rápidas son progresivas y solo si te pasabas con el gas y no estabas atento a la dirección podías llevarte un susto.

Con otros coches como el Renault Clio V6 he hecho drifting, o más bien lo he intentado. Ese coche es muy corto, lleva el motor atrás y una vez que la trasera rompe a derrapar hay que tener muchas manos para corregirlo. Si no que se lo pregunten a un amigo mío que lo tiene y tuvo algún que otro lío por este motivo…

Volviendo al BMW M6 Cabrio, lo cierto es que poco a poco le fui cogiendo el truco a las cruzadas y al circuito. Lo más divertido de todo es hacer las salidas de las rápidas de lado, pero sobre todo conseguir enlazar dos o tres curvas completamente de lado, sin que el coche llegue a rodar recto en ningún momento.

Sólo lo conseguí en un par de ocasiones y fue como haber superado una prueba del “¡Qué apostamos!”, así que lo celebré con una cruzada dedo arriba saliendo por la parte de arriba del coche. Estaba disfrutando como un niño pequeño…

Continuará...

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