BMW M135i, prueba (conducción y dinámica I)

No lo voy a negar, desde que me enteré del lanzamiento al mercado de la línea M Performance, me moría de ganas por conducir alguno de sus integrantes para ver hasta que punto se trataba de auténticos M o si por el contrario eran una simple herramienta de marketing para diversificar la gama. El M135i me lo ha dejado muy claro, la M de M Performance no es solo marketing.

No esperéis de él un coche cualquiera, insípido y aburrido, porque este es uno de los coches más divertidos de conducir de cuantos he probado en mi vida. El M135i es, gracias a su acertada puesta a punto y a los 320 caballos que entrega el motor de seis cilindros, el arma definitiva para los que quieren altas prestaciones sin pasar de los 45.000 euros. ¿Os cuento que esconde bajo su aspecto casi inofensivo?

El BMW M135i es el modelo compacto de tres puertas más potente del mercado. Solo le superan coches como el Ford Focus RS500, pero se trata de una edición limitada, o su hermano mayor el BMW Serie 1 M Coupé y el Audi RS3 Sportback, en estos dos sin carrocería compacta.

Bajo su apariencia sencilla, y ese capó de formas curiosas con líneas que se dirigen hacia las branquias delanteras, se esconde un motor de seis cilindros en línea con tecnología M Performance TwinPower Turbo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que te agarres, que llegan prestaciones de auténtico superdeportivo en formato compacto.

El motor de la bestia

El motor seis cilíndros de 2.979 c.c es una auténtica maravilla. Frente a los TwinTurbo de la anterior generación, en este caso monta un único turbo TwinScroll, además de inyección directa de gasolina High Precision Injection a través de múltiples orificios centrales, regulación plenamente variable de las válvulas Valvetronic y regulación variable de los árboles de levas doble-VANOS.

Ello se traduce en uno de los motores más explosivos del mercado, una maravilla que parece estar siempre lista para entregarte todo aquello que le solicites mediante los movimientos del acelerador. Es como la novia perfecta que siempre te da lo que necesitas, caña o relax dependiendo del momento.

La potencia máxima de 320 caballos la entrega bastante arriba, concretamente a 5.800 RPM, pero no hace falta llegar hasta ahí para sentirte en el olimpo de los dioses. Por debajo, los 450 Nm de par disponibles entre las 1.300 y 4.500 RPM se encargan de pegarte al asiento con ganas.

De serie el M135i viene, al igual que el resto de BMW Serie 1, combinado con una caja de cambios manual de seis velocidades. Por 2.861 euros puedes optar por una de las variables más a tener en cuenta, la caja de cambios deportiva automática de 8 velocidades.

Esta es una auténtica delicia, una maravilla de la técnica que me ha dejado sorprendido por su buen funcionamiento. En modo automático, la suavidad con la que cambia de marchas se agradece mucho cuando ruedas a diario por ciudad o cuando estás en modo tranquilo sin querer exprimir el coche al máximo.

Gracias a esas ocho marchas escalonadas a la perfección, es como si siempre tuviese engranada la marcha necesaria, y en caso de no ser así se encarga de subir o bajar dos marchas en un abrir y cerrar de ojos.

En cambio si optamos por meter nosotros las marchas a través de las levas del volante o de la palanca de marchas, los pasos entre una y otra también se hacen de forma instantánea, tanto que a veces parece que llevas una caja de doble embrague en lugar de una convencional con ajustes deportivos como esta.

En conducción deportiva te permite mantener las marchas hasta dónde quieras, nunca sube una marcha porque estés a punto de pasarte de vueltas. Lo mismo ocurre con las reducciones, que te permiten jugar con el cambio a tu antojo. Además cuando reduces marchas hace el doble embrague de forma automática, una delicia.

Por terminar ya de hablar sobre la caja automática de ocho velocidades, hay que destacar que con ella mejoran las prestaciones y los consumos respecto a la manual. Si el M135i de serie hace el 0 a 100 km/h en 5,1 segundos, con esta caja el registro baja hasta 4,9 segundos. Además con ella se incluye el modo Sport+ del que ya hablaré más adelante.

También mejoran las cifras oficiales de consumo, ya que BMW declara 8 l/100 km con la manual y 7,5 con la automática deportiva. En cuanto al CO2 sus emisiones son de 188 gr/km en manual y 175 gr/km en la automática. Más ecológico.

No he conseguido acercarme a estos consumos, pero tampoco los he buscado. Durante la prueba en carretera normal con una conducción ágil y dinámica el M135i se ha quedado en unos más que dignos 10,1 l/100 km, una cifra bastante justa si tenemos en cuenta que tenemos 320 CV debajo del pie derecho y que es imposible resistirse a pisar alguna vez a fondo a la salida de las curvas para ver de lo que es capaz el coche.

Pilotando un auténtico BMW M

Los BMW M de verdad, más que conducirse se pilotan. Son coches con mucho nervio, coches preparados para ponerse de lado cuando la caballería entra en acción con la electrónica desconectada. Durante los primeros cinco días conduje el M135i en uso normal.

Destaca por la suavidad de movimientos que demuestra en el modo Comfort, el preseleccionado cuando enciendes el coche. Aunque sus suspensiones son bastante duras, lo cierto es que es igual de confortable en el día a día que sus compañeros de catálogo. No llegas a casa con la espalda machacada como ocurría con el Serie 1 M Coupé. Para nada.

En el modo Comfort, pero sobre todo en el Eco Pro que puedes seleccionar mediante un mando situado entra ambos asientos, el coche premia el confort de marcha y los bajos consumos, llevando siempre engranada la marcha más alta posible y sin hacer demasiado ruido. Queremos pasar desapercibidos.

Pero a parte de estos dos aburridos modos, hay otros dos pensados para arrancar una sonrisa de tu cara. Hablamos del Sport y Sport+, los modos para los que realmente está concebido el M135i. En el Sport, el motor, cambio, suspensiones y dirección están coordinados de forma que reaccionan casi instantáneamente a tus movimientos.

La caja de ocho velocidades se olvida de las aburridas marchas largas, para tener siempre engranadas las más cortas y que la aguja del cuentarrevoluciones esté siempre en una zona dónde si pisas el acelerador, encuentras potencia suficiente como para dejar las ruedas marcadas sobre el asfalto.

Y no exagero en absoluto, porque los 450 Nm de par son más que suficientes para que el coche tatúe el asfalto a cada movimiento de acelerador, y eso que la capacidad de pasar los 320 caballos al asfalto es impresionante para un coche de su tamaño.

Es entonces, cuando aceleras con decisión a la salida de las curvas, cuando el sonido del motor seis cilindros se hace notar más en el interior, y os aseguro que es auténtica música para los oídos. Hay rumores por ahí de que se trata, como en el BMW M5, de un sonido ficticio amplificado a través de la electrónica. Personalmente no me importa, al contrario, lo considero uno de los sonidos más bonitos de cuantos he escuchado en la casa BMW, siempre con permiso de la melodía metálica del BMW M3 CSL.

El coche se muestra muy ágil, esa es tal vez su principal seña de identidad. La dirección es muy directa, tanto que en ocasiones me recordó a sus hermanos pequeños los MINI. La capacidad de tracción es excelente, y admito que en ese sentido tenía serias dudas cuando lo cogí.

Pensaba que 320 caballos a las ruedas traseras serían demasiados para un BMW Serie 1, pero lo cierto es que han conseguido una puesta a punto del conjunto que permite entregar la potencia sin que el coche se vuelva loco ni que el salpicadero se convierta en una máquina recreativa con tanto encender y apagar de la luz del control de tracción.

Salir de una curva lenta o media, pisar el pedal derecho de forma progresiva hasta el fondo mientras vas abriendo dirección y colocándote para encarar la siguiente curva de derechas se convierte en una maniobra muy rápida, en ocasiones demasiado gracias a los 320 caballos que empujan sin descanso el coche hacia delante. Es un coche muy serio, capaz de poner en aprietos a los mejores gallos del corral.

Sport+, el modo para circuito y carreteras sin tráfico

Como viene siendo habitual en los BMW deportivos, desde hace algunos años hay un modo de conducción mágico, el Sport+. Es el modo más radical de todos, y después de él solo queda desconectar los controles por completo, rezar y confiar en tus manos.

Con 320 caballos de potencia, una aceleración de 0 a 100 km/h en 4,9 segundos y una velocidad de crucero que puede llegar a asustar, el BMW M135i se debe considerar un coche de muy altas prestaciones. Por ello no es sencillo encontrar un lugar dónde sacar partido a toda esta caballería en modo Sport+. O si, el Circuito del Jarama.

El trazado madrileño volvió a convertirse en nuestra segunda casa durante una tarde en la que pude rodar más de 20 vueltas al volante del nuevo modelo, coincidiendo con un Track Day de Drivex y la revista AutoHebdo Sport.

Mi sesión de pruebas se iba a dividir en cuatro tandas de cinco vueltas, para poder sacar conclusiones después de cada una de ellas y dejar descansar entre tanda y tanda a la mecánica y que no sufriese demasiado. A las 13 horas de una soleada mañana de sábado, tomaba la salida en la primera tanda a los mandos de esta bomba firmada por M Performance.

El resto de asistentes al Track Day me miraron con cierto desprecio cuando me vieron aparecer con lo que a simple vista parece un Serie 1 tres puertas con el kit deportivo M. En el pit lane descansaban coches como Porsche 911 GT3, KTM X-Bow, Porsche 911 (991) Carrera 4S, BMW M5, BMW M3, Ferrari 599 GTB o incluso coches de carreras como los MINI Challenge o los Radical SR3 como el que probamos hace unos meses (parte 1 y parte 2).

Pero lo que no sabían es que aquel aparentemente discreto BMW M135i iba a dar tanto de sí sobre la pista del circuito. Me puse el casco, coloqué la cámara para grabar la tanda (en la cuarta entrega tendreis un vídeo) y salí a pista cuando el comisario me lo indicó. Previamente había seleccionado el modo Sport+, el que considero más idóneo para sacar el máximo rendimiento en pista.

El comisario me indica que puedo salir y piso el acelerador a fondo hasta que la aguja llega a las 7.000 revoluciones. Con la leva derecha engrano una marcha más mientras mi cuerpo se pega de forma irremediable al asiento de cuero. Como acelera este coche, es impresionante.

El coche acelera de 0 a 100 km/h en solo 4,9 segundos, pero de 100 km/h en adelante no se acaba la potencia, la fuerza y la rabia de ese motor de 3.000 c.c y sin darte casi cuenta llegas a la curva de final de recta a un ritmo muy alto. Toca frenar, frenar y frenar, algo con lo que el M135i no tiene ningún tipo de problema.

Los frenos, en una jornada en circuito fueron sometidos al mayor de los esfuerzos, porque el ritmo al que rodamos fue muy alto, y a pesar de ello no dieron síntomas de fatiga en ningún momento. Consiguieron mantener el tipo incluso después de una tanda en la que llegaron al rojo vivo a boxes, tal y como demostraba el humo que salía de ellos.

En este sentido los BMW M han mejorado considerablemente en los últimos años, y en el caso del M Performance parece que también han hecho un buen trabajo. Su tacto se mantuvo inalterado a lo largo de toda la jornada, que fue muy larga y que continuará mañana con cosas curiosas.

Continuará...

En Motorpasión | BMW M135i, prueba (parte 1, parte 2, parte 3 y parte 4)

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