BMW 118d, prueba (conducción y dinámica)

Nos subimos al BMW 118d. Los asientos de serie, no deportivos, destacan por su comodidad y por su reposacabezas, a los que les doy un sobresaliente. Uno de los grandes misterios de los asientos de los coches es por qué el reposacabezas está siempre tan inclinado hacia adelante.

Si tratas de pegarte al asiento, debes inclinar el cuello hacia adelante. Como si el matón del colegio te estuviese agarrando por el pelo para intimidarte. Esa es la sensación que me transmiten gran parte de los reposacabezas, y está bastante alejada de lo que llamamos confort. En el Serie 1 están correctamente alineados con el respaldo. Diseño sencillo pero confort sobresaliente.

Los asientos, incluso en la versión eléctrica no tienen apoyo lumbar regulable, sin embargo el apoyo que tienen es correcto y no se echa en falta la posibilidad de cambiarlo.

Respecto a la postura de conducción, en el BMW Serie 1 nos llama la atención el piso donde ponemos los pies. Esa zona está algo más baja que el resto del piso. Para poder apoyar el pie izquierdo cuando no estamos pisando el embrague, hay un reposapiés metálico de tacto agradable y de posición cómoda gracias a este piso bajo. La posición de conducción es algo distinta a lo habitual pero termina siendo más cómodo y más descansado.

El pedal del acelerador está fijado al piso, tipo “camión”. Los pedales no son de aluminio, visualmente no son agradables pero tienen un tacto bueno. Los bajos y esos pequeños detalles están bien rematados, por ejemplo la columna de dirección del volante está protegida por una espuma de tacto blando, de forma que si tocamos por debajo del volante no estamos tocando plásticos duros o desagradables.

Nos abrochamos el cinturón de seguridad, y al hacerlo nos topamos con una de las mayores incomodidades del coche, ya que queda especialmente atrás incluso comparado con otros compactos tres puertas. Al menos yo no soy capaz de cogerlo con el brazo izquierdo, ni siquiera haciendo algo de contorsionismo, algo que sí es posible en otros coches de ese tamaño.

Parte de este problema viene por el tamaño de la puerta, considerablemente grande. Resulta algo complicado entrar en él en un garaje si tenemos un coche pegado, y a esto tampoco ayuda que la solución de conducción sea baja (queja asegurada para novias y madres). Eso sí, hay un detalle que nos ayuda. Pulsando en el mando dos veces el botón de abrir la ventanilla se baja, y al no tener marco no tropezamos en ella y nos resulta más fácil entrar en sitios estrechos.

En la consola central encontramos una pequeña pantalla que nos muestra la hora, la temperatura exterior y los datos del ordenador de a bordo (no de abordo, eso sólo lo llevan los barcos piratas).

Lleva de serie el indicador de cambio de marcha, que nos indica cuál es la óptima en cada momento. Siempre tienden a recomendar marchas largas (obvio), aunque en el caso del BMW 118d encuentro que son más razonables que en el BMW 325d, que tendía a pedirlas demasiado largas.

De serie en toda la gama cuenta con arranque por botón. La llave, que no es una llave propiamente dicha, se sitúa en un hueco a la derecha del volante, como es habitual. Para arrrancarlo en batería se le da al botón sin pisar ningún pedal. Si pulsamos el botón mientras pisamos el embrague, el motor se enciende.

Conducción y dinámica del BMW 118d

Sin duda lo más impresionante del BMW 118d es su comportamiento en carretera. Su aplomo, inesperado incluso para un vehículo compacto, tiene un comportamiento de un segmento superior. La dirección es de dureza variable con la velocidad, y genera muchísima seguridad a la vez que transmite al conductor las irregularidades que pueda tener el asfalto.

Al circular por autopista y adelantar o esquivar algún obstáculo en carretera nos da la sensación de máximo control, algo que no es sencillo de alcanzar en ningún coche. Su comportamiento en curvas y su tracción trasera hacen que recordemos a cada kilómetro el famoso “¿te gusta conducir?” con el que BMW se anunciaba.

La suspensión es tirando a dura, pero no es incómoda incluso para los que buscan confort. En el caso de esta unidad influyen las llantas de 18 con perfil bajo, 245/35 R18 detrás y 215/40 R18 delante.

El BMW 118d monta un motor de cuatro cilindros en línea, dos litros de cilindrada y 143 CV. Su aceleración teórica es de 8,9 segundos en el 0 a 100 km. Se trata de un motor ágil y progresivo, con buenas recuperaciones y de conducción agradable. Es el más vendido de la Serie 1 y con motivo gracias a su equilibrio, resulta el motor más razonable para la mayoría de compradores de este coche.

Tiene una pega leve, y es que su sonoridad es mejorable. Y otra algo más grande, su consumo, que sin ser disparatado podría ser algo más contenido.

Otro pequeño detalle que tampoco me ha gustado es que en una ocasión, engranando rápido la primera, he metido sin querer la marcha atrás, una confusión que nos puede causar un accidente leve. Esto es debido a que la marcha atrás está situada como la primera, pero algo más a la izquierda. Si la metemos rápido y enérgicamente nos podemos confundir.

Start&Stop automático

Todos los BMW Serie 1, salvo las versiones más deportivas, tienen un sistema de arranque y parada en semáforos. Es decir, al parar el coche en un semáforo o en un atasco, si ponemos punto muerto y soltamos el embrague, el motor se apaga para ahorrar combustible. Al pisar de nuevo el embrague, el coche arranca.

Este sistema se activa automáticamente cada vez que arrancamos, aunque se puede desconectar pulsando un botón en la consola central. En determinadas circunstancias el motor no se apaga, como por ejemplo si la temperatura exterior es menor a tres grados, o si el climatizador está actuando de forma que necesite calentar el habitáculo o enfriarlo.

He probado este sistema en varios coches. BMW se encuentra en la parte intermedia, ya que penaliza un poco la velocidad de arranque. Si queremos arrancar muy rápido cuando el semáforo se ponga en verde, mejor que lo desactivemos. En una conducción normal no nos molestará, salvo por las vibraciones del motor al arrancar. Para evitarlo, lo más cómodo es pisar el embrague sin tener la mano en el pomo, y una vez arrancado poner la marcha.

A pesar de este pequeño inconveniente, considero este sistema muy recomendable. Puede reducir el consumo en ciudad en un 10%, pero a mí me reduce el estrés en los atascos en un 30%. La sensación de “no hay ruido y como bonus no estoy gastando combustible” genera una tranquilidad que no viene en la ficha técnica del coche pero que es un valor muy positivo.

Consumo del BMW 118d, algo más de lo esperado

Su consumo homologado son 5,4 litros en ciudad, 4 en carretera y un mixto de 4,5 litros a los 100 km, lo que además le permite quedarse en 119 g/km de CO2 y no pagar impuesto de matriculación, buen logro para un coche de 140 CV.

Es de esperar que el consumo real sea superior al homologado, como en todos los coches. Pero en mi caso con una conducción normal no conseguí bajarlo de 5,9 litros en el tramo más favorable, por carretera. En el consumo urbano hay menos diferencia, entre 6,1 y 6,8 litros, gracias en parte al sistema de parada y arranque automático en los atascos.

De Santiago a Compostela a Madrid, circulando siempre por autopista y autovía, sin superar en ningún momento 131 y teniendo normalmente esa velocidad con el control de crucero y una media de 120km/h con dos paradas para tomar café y gasolina, la media fue de 6,4 litros.

Me parecía algo excesiva y me quedé pensando si realmente le eché café al coche y me habría tomado yo la gasolina, pero no, es la media real para esa velocidad, lo que resulta algo excesivo para un motor diésel de 140 CV que debería estar algo más refinado.

Mañana, la tercera parte.

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