Trump quiere comprar Groenlandia, y las tierras raras para baterías de coches eléctricos es uno de los motivos

Parece una payasada de Donald Trump o el capricho de un niño mal criado. Trump, en nombre de Estados Unidos, quiere comprar Groenlandia a Dinamarca. Lógicamente, el país escandinavo y el país ártico han dicho que no. Sin embargo, a pesar de las apariencias, no ha soltado esa ocurrencia sin pensarlo.

Está perfectamente planeada y tiene varios trasfondos, uno de ellos siendo las inmensas reservas en tierras raras que posee la isla ártica, esenciales para las baterías de los coches eléctricos, entre otros.

Groenlandia es la segunda isla más grande del mundo, cuenta con 2,2 millones de km² y 2,5 millones de km² de zona exclusiva económica (sus aguas con tanto pescado que no saben qué hacer con él). Groenlandia es aproximadamente grande como cuatro veces la Península Ibérica, pero con una población de unos 56.000 habitantes, es decir, como Ávila o Cuenca.

Y con el cambio climático, el país antaño cubierto de hielo, se abren nuevos espacios que facilitarían la extracción de numerosos materias primas, como hierro, zinc, rubis, uranio, diamantes y agua dulce (el 10 % de la reservas mundiales).

Por qué le interesa Groenlandia a Trump

También se especula que podría haber petróleo, pero lo que realmente interesa son las tierras raras que se usan en las baterías de los coches eléctricos y casi cualquier aparato electrónico con batería, desde el móvil hasta centrales eólicas, pasando por sistemas de defensa militares. Es algo que hasta se busca en España. El "problema" es que China es el primer productor mundial de tierras raras.

En 2018 han producido casi el 71 % de esos metales estratégicos. Y en cuanto a baterías de coches eléctricos goza de una hegemonía que preocupa a todos, especialmente a Europa.

Las tierras raras son una de las armas definitivas que esgrima China en la guerra comercial con Estados Unidos. China amenazó con cerrar el grifo. Y “casualmente” China ya tiene un pie en Groenlandia.

Vista de Nuuk, capital de Groenlandia.

Lo hace a través de una compañía minera australiana, la Greenland Minerals, cuyo principal accionista es la Shenghe Resources Holdings (posee el 11 %). Shenghe Resources Holdings es también el primer productor chino de tierras raras.

Obviamente es casi imposible que los Estados Unidos compren Groenlandia. Trump lo sabe, pero de todos modos habrá puesto los focos sobre él, dando la imagen a su electorado fiel que no desatiende la seguridad del país y busca soluciones. Y, cómo no, echando la culpa del fracaso de su idea rocambolesca a otro país (aunque ese país sea amigo y uno de los fundadores de la OTAN) y a los medios de comunicación.

Mientras tanto, los Demócratas mantienen un silencio condescendiente y el resto del mundo lo vemos como una broma de mal gusto y no vemos más allá del “chiste”. Vamos, que esto es un punto más para su reelección.

No es la primera vez que Estados Unidos intenta comprar Groenlandia

En 1867 y en 1946, Estados Unidos ya intentó comprar Groenlandia. Al comienzo de la Guerra Fría, Harry Truman propuso 100 millones de dólares por Groenlandia, la importancia era sobre todo estratégica para repeler un posible ataque de Rusia por el flanco Este.

Tampoco podemos olvidar que una buena parte del territorio de los Estados Unidos se ganó a base de abrir la cartera. Compraron Luisiana a Francia, Florida a España y Alaska a Rusia, por ejemplo. Incluso compraron las Islas Vírgenes hace más de cien años por 25 millones de dólares a...Dinamarca.

Más allá de lo incongruente que pueda parecer que un país compre otro país, se puede hacer. Aunque en este caso concreto, el Congreso y el Senado estadounidenses deben dar luz verde y desbloquear los fondos. Dinamarca debe estar de acuerdo (no lo estará, pues perdería su sitio en el Consejo del Ártico) y por último el pueblo de Groenlandia debe aceptar vender, pues es su territorio.

Y es que aunque Dinamarca mantenga la soberanía sobre Groenlandia y aporte el 60 % del presupuesto del país, Groenlandia goza de tal autogobierno que es prácticamente independiente. De hecho, decidió salir de la Unión Europea por su desacuerdo con las políticas de pesca de la UE, mientras que Dinamarca sigue siendo miembro.

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