
El acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos debería permitir que cientos de barcos salgan del golfo Pérsico. Sin embargo, varios factores influirán todavía negativamente sobre los precios del petróleo.
Este domingo, Donald Trump anunció en Truth Social que llegó a un acuerdo con Irán y autorizó de manera inmediata la reapertura del Estrecho de Ormuz. La firma formal del memorando de entendimiento está prevista para el viernes 19 de junio en Suiza, con Pakistán actuando como mediador. Más de cien días después del inicio del conflicto, el paso marítimo más estratégico del planeta vuelve a estar abierto al tráfico.
Para los consumidores, significa una gasolina y un diésel más baratos, aunque tardaremos semanas en verlo por el efecto pluma. Para las petroleras, en cambio, es un marrón enorme.
La montaña rusa del petróleo
El anuncio de la firma de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, el domingo por la noche, hizo caer un 4,5 % los precios del petróleo crudo en Europa. Un barril se cotizaba esta mañana a 83 dólares, frente a los 97 de principios de agosto. En Estados Unidos, la caída es aún más pronunciada: el barril de petróleo WTI perdía más de un 5 % durante la noche, hasta 80 dólares.
Antes de que comenzara la ofensiva militar de EEUU e Israel contra Irán, el Brent cotizaba en torno a los 72 dólares el barril. A partir de ahí, el mercado vivió una escalada sin precedentes recientes. El cierre de Ormuz suprimió de golpe aproximadamente el 20% del petróleo que se comercializa en todo el mundo.
El Brent llegó a superar los 126 dólares en los mercados asiáticos, máximo desde 2022, cuando las negociaciones se rompieron y EEUU mencionó la posibilidad de un bloqueo prolongado. Ahora, con la reapertura pactada, el barril se desploma de vuelta hacia los 83 dólares: más de 40 dólares de caída en semanas.
La montaña rusa del Brent en lo que va de año.
Por qué es una pésima noticia para las petroleras. La lógica parece contraintuitiva: más petróleo fluyendo debería ser bueno para el sector. No funciona así cuando el precio del crudo depende, en buena medida, del miedo. Durante el bloqueo, el mercado incorporó una prima de riesgo enorme al precio de cada barril. No era el coste real de extraerlo ni transportarlo: era el precio del pánico, de la incertidumbre sobre si mañana habría suministro.
Analistas como Stephen Innes, de SPI Asset Management, advertían de que el riesgo ya no era solo una interrupción temporal, sino una caída duradera en la producción. Esa narrativa sostenía el precio. Al desaparecer, la burbuja especulativa se pincha sin aviso. O casi.
Aunque Estados Unidos e Irán logren desminar el estrecho rápidamente, hará falta tiempo para que los petroleros que ahora están en el golfo Pérsico alcancen su destino final. Las petroleras también podrían dudar antes de enviar nuevos buques al golfo, por miedo a que las hostilidades se reanuden y los barcos vuelvan a quedar atrapados.
Además, las reservas mundiales de petróleo han caído fuertemente desde el inicio de la guerra. En mayo, se situaban en 7.900 millones de barriles, frente a los 8.200 millones anteriores al conflicto, según la AIE. Esta cifra, que debe actualizarse esta semana, probablemente sea inferior a la del mes pasado. Con la reapertura, los países de todo el mundo buscarán reconstituir sus reservas, lo que debería mantener los precios en un nivel elevado.
Aun así, que Ormuz vuelva a canalizar el crudo de Arabia Saudí, Emiratos árabes Unidos, Irak y Kuwait implica que el mercado va a recibir un volumen que no estaba previsto. La OPEP ya había reducido su producción hasta los 18,8 millones de barriles diarios en mayo, un 34% menos que en febrero.
Cuando esos flujos se normalicen, la oferta puede superar con claridad a la demanda, especialmente si la desaceleración económica provocada por meses de energía ha enfriado el consumo. El resultado es una brutal compresión brutal de márgenes. Las petroleras vendieron durante el bloqueo a precios de escasez. Ahora tendrán que competir a la baja para dar salida a una producción que vuelve a ser abundante.
¿Cuándo se notará en el surtidor? El mecanismo ya lo conocemos, los precios en gasolinera suben con rapidez cuando el crudo se dispara, y bajan con cuentagotas cuando cae, el efecto cohete y pluma. La bajada llegará, pero con semanas de retraso respecto al movimiento en los mercados mayoristas.
La moraleja de fondo es más dura que el propio desplome del barril: el mercado energético no teme a la escasez de recursos. Lo que le aterra, y lo que destruye márgenes, es la estabilidad.
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