
Las excavaciones de la variante de Las Angosturas descubrieron un complejo oleícola romano cuyo valor arqueológico obligó a modificar el trazado previsto
En un territorio con rica historia como lo es España, es habitual que, en mitad de unas obras, se encuentren auténticos hitos del pasado. Es lo que ha pasado en las labores de la variante de Las Angosturas, en Priego de Córdoba, que escondían bajo tierra mucho más que un simple yacimiento arqueológico.
Empezó como una intervención preventiva para arrancar una nueva carretera. Pero ha acabado revelando un auténtico complejo romano de producción de aceite de oliva cuya importancia ha llevado a modificar el trazado previsto de la infraestructura, según Cordópolis. Hasta han encontrado una calzada romana.
El descubrimiento que cambió el trazado de una carretera
Y es que los trabajos arqueológicos que se estaban llevando a cabo en el entorno del Cortijo de los Cipreses han permitido documentar una gran almazara de época romana junto a otras estructuras asociadas a un asentamiento de gran tamaño.
Tan relevante es el asunto que hasta la Junta de Andalucía ha optado por rediseñar parte de la variante para evitar cualquier afección sobre los restos. Y no, no es algo habitual, porque hacía muchos años que un descubrimiento arqueológico de esta magnitud no obligaba a replantear una infraestructura viaria en la provincia de Córdoba.
El “valor patrimonial excepcional”, según los propios especialistas, ha descubierto un complejo oleícola. Realmente, no es casualidad. Hoy en día la comarca de Priego de Córdoba es una de las grandes referencias mundiales en la producción de aceite de oliva virgen extra. No es cosa de los últimos años, ni mucho menos; la relación de Priego con el olivar se remonta a tiempos… romanos, literalmente.
Y para prueba, las excavaciones, que han identificado una almazara romana construida entre los siglos I y II d.C. que formaba parte de un complejo productivo mucho más amplio; un complejo con varias edificaciones conectadas entre sí y asociadas a la transformación y almacenamiento de aceituna.
Entre ellas, pues las zonas habituales de un complejo de producción de aceite: zonas de molienda, de prensado, sistemas de canalización para la recogida del aceite y dependencias vinculadas al funcionamiento del conjunto… hasta infraestructuras hidráulicas y una amplia vía de comunicación que atravesaba el enclave.
A pesar de todo, los especialistas destacan el “tamaño y estado de conservación” del lugar, hasta el punto de que algunos muros aún conservan alturas superiores a dos metros, algo poco frecuente para un yacimiento de la época romana. Creen que este conjunto fue estratégico dentro de la red de producción oleícola de la antigua provincia Bética, una de las principales regiones exportadoras de aceite de todo el Imperio romano.
Más allá del hallazgo de la almazara también ha salido a la luz una calzada romana de más de seis metros de anchura que podría estar relacionada con una de las grandes rutas históricas que comunicaban el interior de Andalucía durante la Antigüedad, según recoge Cordópolis.
Al principio pensaron que era algo no demasiado grande, pero a medida que avanzaron los trabajos arqueológicos se dieron cuenta de que el yacimiento era mucho mayor de lo esperado inicialmente, hasta el punto de que parte de las estructuras incluso continúan más allá de la zona excavada, lo que hace pensar que el complejo podría extenderse todavía bajo terrenos que no han sido investigados y que llevarían años descubrir.
Así que han tenido que estudiar alternativas para poder conservar el patrimonio y a la vez, ejecutar la variante prevista. Entre las opciones analizadas figuraban cubrir los restos, elevar la carretera o construir una estructura que permitiera salvar el enclave.
La alternativa elegida ha sido la de modificar el recorrido previsto de la infraestructura para evitar cualquier impacto directo sobre el yacimiento y permitir futuras investigaciones arqueológicas.
Porque más allá de una carretera desviada, el verdadero valor del descubrimiento puede estar en todo lo que todavía queda por conocer bajo la tierra de una comarca que lleva más de dos mil años viviendo del aceite.
Imágenes | Jose Antonio G.
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