Nombres de coches poco afortunados: Ford Corrida, Mitsubishi Pajero...

Hace unos meses, Opel hizo saltar todas las alarmas de los mal pensados al anunciar que lanzaría al mercado un coche descapotable llamado Opel Cascada. Por suerte alguien en la marca alemana se debió dar cuenta de que ese nombre podría suponer el fracaso comercial del precioso descapotable y finalmente en España se llamará Opel Cabrio.

¿A que viene esta historia? Pues viene a cuento de que ponerle nombre a un coche puede ser mucho más complicado de lo que parece. Mientras algunas marcas como Audi, BMW o Mercedes optan para designar a sus coches por juntar letras y números sin formar palabras, otras se complican mucho más.

¿Sabéis de dónde viene el nombre Twingo del Renault? Pues viene de la unión de las letras Twist, Swing y Tango, tres bailes de los que se extraen dos letras de cada uno hasta formar una palabra que “a priori” no debería sonar mal en ninguna parte del mundo. Para el Twizy usaron la misma fórmula.

Y es que ahí radica la dificultad de encontrar un nombre adecuado para cada modelo, en que en todo el mundo suene bien y no tenga dobles sentidos. Todos recordamos que algunos modelos como el Mitsubishi Pajero, en España adoptaba el nombre de Montero por razones más que obvias.

Pero ha habido muchos más casos. En el año 1976, Ford presentó un prototipo llamado Ford Corrida, que tiene el honor de ocupar la portada de este artículo. Aunque en medio mundo ese nombre no tendría ninguna interpretación negativa, está claro que en el mercado español iba a ser un tanto ridículo.

Otro ejemplo lo encontramos en el Nissan Moco, un pequeño monovolumen utilitario presentado por la marca japonesa que nunca llegó a venderse en España. Sus similitudes con el Nissan Cube además hacían de él un coche con poco potencial de éxito, aunque he de decir en defensa de este último que el Cube me parecía un acierto en cuanto a diseño.

El Mazda Laputa tampoco llegó a venderse en España, pero si lo hizo en EEUU dónde muchos hispanohablantes debieron divertirse mucho cada vez que veían pasar a una chica al volante de uno de ellos.

También en otros países ha ocurrido el mismo fenómeno. En Reino Unido el Pajero se renombró como Mitsubishi Shogun. El SEAT Málaga cuando se vendió en Grecia, lo renombraron como Gredos, porque malakas en griego significa… pajero, con perdón de la expresión. En Francia, el Toyota MR-2 sonaba sospechosamente a merde, cuya traducción es obvia.

Marearse a bordo de un coche es una de las sensaciones más desagradables que se pueden vivir. Pero nadie en FIAT debió de pensarlo cuando en el año 1996 los responsables de la marca italiana decidieron lanzar al mercado el FIAT Marea en versión berlina y familiar conocida como Weekend. Lo peor del caso es que mi tío tenía uno y las dos únicas veces que monté en él, acabé mareado.

Volkswagen también tuvo algún que otro desliz. En este caso el protagonista del nombre poco afortunado ha sido el Jetta, una de las berlinas más exitosas de la marca alemana. ¿Tal vez sea el nombre el motivo por el que en España no se ven muchos Jetta por la calle?

En este caso creo que queda demostrado que un nombre poco afortunado no es suficiente para llevar un modelo al fracaso, ya que no debemos olvidar que el Volkswagen Jetta se llamó durante mucho tiempo Bora en el mercado español, para volver luego a sus orígenes ya que ahora se comercializa como Jetta.

Otros ejemplos como Polo GT, Kia Borrego o Lexus LF-A ya suponen una interpretación un tanto avanzada para conseguir sacarle el doble sentido. También los hay con doble sentido si se usa su plural, como el Audi Q3. ¿Quién se atreve a aportar algún ejemplo más?

Estos son solo algunos casos que evidencian que la labor de los responsables de marketing a la hora de elegir un nombre para una marca de coches global no es precisamente una tarea sencilla. Pero ojo, porque el tema de los nombres de los coches todavía va a traer cola.

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