Hemos caído en la trampa del extrarradio: Nos fuimos a las afueras para poder pagar una casa o un local. Lo estamos pagando en gasolina y tiempo

  • Cada día 1,2 millones de personas entran en Madrid para trabajar, un 50% más que en 2016

  • Los distritos financieros del norte han cambiado los desplazamientos… pero las infraestructuras siguen pensadas para ir al centro

Irene Mendoza

Por la concentración demográfica y el crecimiento económico, durante décadas el desplazamiento al trabajo en Madrid tenía una dinámica generalizada: vivir en la periferia y moverse a diario al centro. Metro, Cercanías y grandes avenidas estaban diseñados para ese modelo radial. Pero ese mapa laboral ha cambiado.

Hoy miles de trabajadores ya no van al centro cada día: van de una punta a otra, de periferia a periferia. Y ese nuevo patrón, junto a varias obras simultáneas en la capital, está saturando carreteras, alargando los trayectos y convirtiendo el coche en una trampa diaria para buena parte del área metropolitana.

Cuando el trabajo se muda a la periferia, pero el transporte no

Cada mañana se repite la misma escena en los accesos a Madrid. Incluso antes de las siete, largas filas de coches avanzan lentamente por la A-5, la A-42 o la M-607 rumbo al norte de la ciudad. Allí se concentran muchos de los nuevos polos empresariales surgidos en las últimas dos décadas. Y es que distritos como Las Tablas, Sanchinarro, Valdebebas o Montecarmelo se han convertido en centros de empleo.

Uno de los ejemplos más claros es el Distrito Telefónica, un complejo de 22 hectáreas con más de 12.000 trabajadores. El cambio tiene una explicación: el suelo del centro se volvió demasiado caro. Muchas empresas han ido optando por trasladar poco a poco sus oficinas a zonas periféricas donde podían construir grandes complejos empresariales a menor coste.

El problema es que ese ahorro empresarial ha trasladado el coste al trabajador. “El gran conflicto se produjo cuando los madrileños se mudaron a la periferia al mismo tiempo que las empresas desplazaban los centros económicos al norte”, explica Samir Awad, doctor ingeniero de Caminos, en el El País. Según el experto, las infraestructuras nunca se diseñaron para conectar periferias entre sí.

El resultado: más coches, más tráfico y cientos de horas perdidas

Las cifras muestran hasta qué punto ha cambiado la movilidad en Madrid. Según el Atlas de Movilidad Residencia-Trabajo de la Comunidad de Madrid, cada día 1,2 millones de personas entran en la capital desde otros municipios para trabajar, frente a las 790.000 que lo hacían en 2016. Este aumento del tráfico se refleja también en los datos del TomTom Traffic Index.

Según sus datos, en 2025 el nivel medio de congestión en Madrid alcanzó el 38 %, 3,6 puntos más que el año anterior. En hora punta recorrer solo 10 kilómetros puede llevar más de media hora, con velocidades medias de apenas 17 km/h. Cuando esos trayectos se alargan, el impacto mucho peor.

Algunos trabajadores pueden acumular hasta 500 horas al año desplazándose al trabajo, el equivalente a casi un mes completo de su vida sentado en el coche. Así, mientras las empresas han reducido costes al trasladarse fuera del centro, muchos empleados pagan esa decisión con tiempo, gasolina y calidad de vida atrapados entre la M-40, la M-50 y los accesos al norte de la capital. Y mientras el mapa laboral cambia, el transporte público sigue diseñado para un modelo de ciudad que ya casi no existe.

Imágenes | Unsplash, Comunidad de Madrid

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