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Un ingeniero puso un agujero en la manguera de gasolina hace 80 años. Su idea sigue salvando millones de litros de combustible cada día

Agujero

Sin chips, sensores electrónicos ni software: la física sigue siendo la responsable de uno de los mecanismos de seguridad más eficaces del automóvil

Irene Mendoza

Cuando repostamos combustible en la gasolinera, casi todos esperamos ese característico "clack" que indica que el depósito está lleno. Lo escuchamos miles de veces a lo largo de nuestra vida, pero muy pocos saben realmente por qué suena, para qué sirve y que detrás de ese sonido no hay electrónica, sensores ni nada por el estilo.

La realidad es mucho más curiosa e interesante: el responsable del sonido es un pequeño agujero situado en la punta de la boquilla del surtidor. Un detalle que,  aparentemente es insignificante, pero aprovecha un principio físico descrito por el científico italiano Giovanni Battista Venturi hace más de 80 años y que lleva funcionando prácticamente igual desde mediados del siglo XX.

El diminuto agujero que sabe cuándo está lleno el depósito

Dentro de la pistola de combustible existe un estrechamiento por el que circula la gasolina a gran velocidad, un agujerito de apenas unos milímetros. Pues bien: al atravesar esa zona se produce el conocido efecto Venturi, por el que aumenta la velocidad del fluido y disminuye su presión. Esa caída de presión genera una pequeña depresión que se comunica mediante un conducto interno con el agujero situado en la punta de la boquilla.

Mientras ese orificio permanece al aire libre, el sistema aspira aire y el combustible sigue fluyendo con normalidad, pero cuando el nivel de combustible alcanza la punta de la manguera y tapa el agujero, el equilibrio cambia de forma repentina: el sistema deja de aspirar aire, se genera una depresión mucho mayor y una membrana mecánica libera el mecanismo de cierre. 

Todo sucede en milisegundos y provoca el famoso “clack” que corta el repostaje. Patentes históricas desarrolladas por empresas como OPW contribuyeron a popularizar esta tecnología en los años cincuenta.

Por qué a veces el surtidor salta antes de tiempo

El sistema no mide realmente cuánto combustible queda en el depósito, lo único que hace es interpretar lo que ocurre en la punta de la boquilla. Y a veces puede equivocarse. Por ejemplo, el diésel genera más espuma que la gasolina debido a su mayor densidad y viscosidad, y esa espuma puede tapar momentáneamente el orificio. También pueden influir que los cuellos de llenado estrechos o incluso la posición con la que introducimos la manguera.

En los coches más modernos existe además otro factor: muchos llevan sistemas de recuperación de vapores que interactúan con los sistemas de aspiración presentes en determinadas estaciones de servicio. Esa convivencia tecnológica puede provocar cortes prematuros que no significan necesariamente que exista una avería.

Seguir llenando después del primer corte puede salir caro

A veces intentamos redondear la cifra del surtidor o exprimir hasta la última gota tras el primer corte automático de la manguera, pero eso, dependiendo del coche en cuestión, es una costumbre poco recomendable.

Los sistemas EVAP utilizan filtros de carbón activo (cánister), para capturar los vapores de gasolina y evitar que lleguen a la atmósfera. Están diseñados para trabajar con gases, no con combustible líquido, por lo que, si llenamos el depósito más allá de lo necesario por costumbre, parte de la gasolina puede acabar entrando en ese circuito, saturando el filtro y provocando averías que en algunos casos terminan encendiendo el testigo de fallo motor. Por eso los fabricantes recomiendan detener el repostaje en cuanto se produce el primer corte automático.

La otra función secreta de la manguera: evitar una lluvia de gasolina

La mayoría de las boquillas modernas incorporan además un sistema de seguridad adicional completamente mecánico: en su interior alojan una pequeña bola que se desplaza por gravedad. Si la manguera se cae al suelo o queda apuntando hacia arriba accidentalmente, esa bola bloquea el circuito interno y provoca el cierre inmediato del surtidor para evitar que el combustible salga disparado si el gatillo sigue accionado.

En una época en la que los coches eléctricos utilizan complejos protocolos digitales para comunicarse con los cargadores rápidos y gestionar cada kilovatio de energía, una de las tecnologías más eficaces y fiables del repostaje siga dependiendo de un pequeño agujero y una ley física descubierta hace más de dos siglos.

Imágenes | Pexels, Unsplash

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