Europa, dividida entre frenar el calentamiento global y proteger a la industria automovilística

Ha costado muchos días de complejas negociaciones en Luxemburgo, pero finalmente los 28 países europeos se han puesto de acuerdo para determinar cuánto contaminarán los coches en unos años. Han acordado que para 2030 los fabricantes de vehículos y furgonetas deberán reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO₂) de sus productos en un 35 %, pero antes, en 2025, ya deberán haberlas reducido un 15 %.

Una cifra que deberá ser respaldada por la Comisión Europa (CE), que pide límites más laxos y por el Parlamento Europeo, que pide objetivos más ambiciosos.

Un grado adicional, la diferencia entre la vida o la muerte

El paquete obliga a que los nuevos coches matriculados en la Unión Europea no emitan más de 95 gramos de CO₂ por kilómetro en el año 2021, 80 gramos en 2024 y 66,5 gramos por kilómetro en 2030. Unos límites que la CE ya advirtió que ocasionarían "la pérdida de miles de empleos en la industria automovilística europea". Así, la CE sugería una reducción del 30 %, no más.

Una posición exacta a la de Alemania, junto a los países del este, que ha estado bloqueando el acuerdo ante el temor de dañar a su poderosa industria automotriz y que ha esgrimido también el arma del desempleo. En el otro extremo se han posicionado Suecia, Luxemburgo, Irlanda, Eslovenia y Francia, que ha liderado los grupos más ambiciosos pidiendo una reducción del 40 %.

España por su parte no ha querido tensar más cuerda y se ha alineado en objetivos intermedios, y finalmente acordados, del 35 % que está, no obstante, lejos del 40 % que propuso en Parlamento Europeo hace dos días.

Se trata sin embargo de un acuerdo cerrado pero que debe ser negociado con el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, ambos como acabamos de ver con intereses distintos.

Todo gira en torno a un preocupante y reciente informe científico de la ONU que advierte que debemos tomar medidas para evitar que la temperatura global aumente más de 1,5 grados a mitad de siglo: un solo grado de calor adicional podría marcar una diferencia en la vida o la muerte en las próximas décadas para multitudes de personas y ecosistemas, advierte.

No perder la perspectiva de lo que se está debatiendo en Luxemburgo es vital; debemos dejar a un lado los debates políticos y económicos. Lo que está en juego es todo lo que tenemos.

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