España nunca había hecho un avión de combate competente. Hoy es fundamental para la creación de uno de los cazas más poderosos del mundo

Typhoon Estonia

El Eurofighter da trabajo a 26 000 personas en España y hay 769 aparatos pedidos, todo con una industria nacida de la nada.

Daniel Murias

Más de 400.000 personas abarrotaron las playas de Salou (Tarragona) con motivo de la ‘Festa al Cel’, uno de los mayores festivales de aviación de España. Entre acrobacias con aviones históricos o paracaídas de media europa y despliegue de toda clase de aviones, la prestación más esperada fue sin duda la del Eurofighter Typhoon C.16 español. 

El caza europeo es todo un símbolo del papel que ha tomado España en los últimos años en la industria aeronáutica militar de primer orden, entrando la élite de los pocos países que diseñan y producen cazas de quinta generación.  

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A finales de los años 80, la idea de que un ingeniero español participara en el diseño de un avión de caza era ciencia ficción. El país sabía construir aviones de transporte y mantenerlos, como el excelente CASA CN-235, pero diseñar un caza seguía siendo patrimonio de un puñado de potencias aeronáuticas. El programa Eurofighter lo cambió todo.

Nacido hace treinta años entre el Reino Unido, Alemania, Italia y España, el consorcio se ha convertido en el mayor programa de defensa jamás puesto en marcha en Europa. Hoy, cada Eurofighter Typhoon que despega lleva un ala derecha fabricada en España; la izquierda procede de Leonardo, en Italia. Es una aportación acorde a la inversión de España en el programa. Es decir, el retorno industrial es proporcional a la inversión.

El dinero se queda en el país que lo aporta, pero la tecnología circula entre los socios, y cada uno recibe carga de trabajo y patentes en proporción a su contribución. Un modelo heredado del programa Tornado, considerado hoy de una eficacia temible.

Puede no parecer mucho, pero es que España tuvo que compensar un notable retraso tecnológico al incorporarse al proyecto sin experiencia previa en cazas. La antigua CASA, hoy integrada en Airbus, nunca había diseñado un avión de combate..

Aprendió del contacto con los británicos de British Aerospace, convertidos en BAE Systems; con los alemanes de DASA, que pasaron por EADS antes de unirse a Airbus; y con los italianos de Alenia, hoy Leonardo.

Esa mejora de capacidades hizo emerger toda una industria. Indra es el ejemplo más llamativo, partiendo de casi nada, la compañía se ha convertido en una referencia mundial en radares y en el principal proveedor de aviónica del programa, capaz de competir con Leonardo o la alemana Hensoldt. 

ITP Aero, creada específicamente para el Eurofighter, fabrica piezas de turbina muy cotizadas. MTorres se ha consolidado en utillaje y materiales compuestos. Alrededor de ese núcleo giran Tecnobit, CESA, Amper, el grupo OESIA y medio centenar de subcontratistas, que sostienen unos 26.000 empleos directos e indirectos.

Cuarenta años después, se han construido más de 600 aparatos y cinco países ajenos al consorcio (Arabia Saudí, Omán, Catar, Kuwait y Austria) han comprado el Typhoon. Turquía encargó veinte unidades nuevas en 2025 y negocia otra veintena de segunda mano. 

La cartera de pedidos alcanza las 769 unidades sobre un objetivo de 1.000, frente a las 660 previstas inicialmente; la producción se prolongará hasta 2034 y la flota volará hasta 2065.

España opera sus Eurofighter desde tres bases, Gando, en Canarias; Los Llanos, en Albacete; y Morón (Sevilla). Posee el 13 % del programa industrial. Una cifra engañosa: entre el 70 y el 80 % del mantenimiento de los aparatos españoles se realiza en territorio nacional, una ventaja económica importante, si se tiene en cuenta que el mantenimiento de un avión de caza cuesta, a lo largo de su vida útil, entre tres y cuatro veces su precio de compra.

En el plano técnico, con 16 metros de eslora y compuesto en un 70 % de fibra de carbono y vidrioel Eurofighter dispone de dos motores Eurojet EJ200 tan potentes que le otorgan una relación empuje/peso de 1,6 en vacío, frente a aproximadamente 1,5 en el caso del Rafale, según Eurofighter GmbH y Dassault Aviation. 

Así, el empuje de sus motores supera el peso del avión. Un avión de línea, para hacernos una idea, se queda en un empuje con sólo el 25 o 30 % de su peso. Esto significa que el Eurofighter puede subir a la vertical literalmente como un cohete, sin depender de sus alas, allí donde otros aviones irían perdiendo velocidad a medida que fueran ganando altura.

Los programas Halcón I (2022) y Halcón II (2024) han permitido a España adquirir 45 aparatos adicionales por unos 6.600 millones de euros, elevando la flota nacional a 114 unidades en la próxima década. 

Estos ejemplares llevarán el misil Meteor, el Brimstone, el casco Striker y después el Striker II con visión nocturna integrada, y, a partir de 2030, un radar de barrido electrónico E-Scan desarrollado por Indra, Leonardo y la alemana Hensoldt, mejorando el radar actual capaz de detectar amenazas aéreas y terrestres a más de 100 kilómetros.

Mientras el futuro caza europeo de sexta generación se ha quedado en el limbo tras el divorcio entre París y Berlín sobre esa cuestión, el Eurofighter no es una solución transitoria, constituye el esqueleto de la defensa aérea española para las próximas décadas. Y todo con una industria que, hace cuarenta años, sencillamente no existía.

Imágenes | Aircom, Airbus, David Álvarez López, Sergio Ruiz González

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