Prácticamente toda la industria manufacturera mundial depende, en mayor o menor medida, del petróleo y sus derivados
El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Irán, y la respuesta contundente de Teherán, han desencadenado una crisis que va mucho más allá del petróleo y una previsible subida del precio de la gasolina.
Con decenas de barcos inmovilizados en el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz bloqueado de facto, según han anunciado los Guardianes de la Revolución, las consecuencias se extienden a sectores muy diversos más allá del petróleo y el gas.
Más allá del petróleo es toda la industria que puede verse interrumpida
En promedio, transitan unos 144 buques diarios por el estrecho de Ormuz, de los cuales la mayoría son petroleros, portacontenedores y graneleros. A priori, más allá del petróleo y del gas, no es una zona de tránsito para productos manufacturados, como el Canal de Suez. Sin embargo, si sube el petróleo, todo sube. Y es que prácticamente toda la industria manufacturera mundial depende, en mayor o menor medida, del petróleo o de sus derivados, ya sea como materia prima o como fuente de energía.
Por jemplo, Oriente Medio fabrica el 15% del polietileno mundial, unos 23 millones de toneladas al año. Es el plástico omnipresente en envases, tuberías y productos de consumo, desde la pajita del McDonald’s hasta el revestimiento del portón del maletero de tu coche pasando por tu móvil. La escalada bélica amenaza directamente esa producción.
El golpe ya es visible: el puerto de Jebel Ali, en Dubái, nodo clave de estas exportaciones, sufrió el domingo una explosión que desató un incendio en sus muelles. En Kuwait, otra terminal portuaria debió detener operaciones tras la caída de escombros en sus cercanías.
La vuelta al mundo obligatoria. Las grandes navieras no esperaron a que el peligro se volviera inevitable. Maersk y CMA CGM han suspendido sus tránsitos tanto por Ormuz como por el canal de Suez, obligando a sus flotas a rodear el continente africano para conectar Asia y Oriente Medio con Europa.
El rodeo implica miles de kilómetros adicionales y varios días de navegación extra. Las aseguradoras, por su parte, han encarecido drásticamente sus primas para buques en la zona; algunas, como la escandinava Skuld, han cancelado directamente la cobertura.
En estas condiciones, el precio del transporte de la materia prima como de los productos ya manufacturados, como los recambios o los propios coches, va a subir. Si el alza es muy severa o se extiende en el tiempo, no cabe duda que los fabricantes subirán el precio de sus coches para compensarlo.
Además de las consecuencias sobre la industria, también se teme un shock en la agricultura. Y es que “aproximadamente el 33% de los fertilizantes mundiales, incluidos el azufre y el amoniaco, transitan por el estrecho de Ormuz”, según la consultora Kpler. El azufre y el amoniaco producidos en Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos no tienen otra salida al mar viable.
India, China, Brasil y buena parte de África dependen de estas rutas para abastecer sus agriculturas. Y el problema se multiplica. Como los fertilizantes se producen a partir de gas y petróleo, el encarecimiento de los hidrocarburos provocado por el conflicto arrastrará inevitablemente hacia arriba el precio de los abonos agrícolas también en Europa.
La crisis no ha hecho más que comenzar, y sus efectos ya se sienten en los mercados de materias primas, en los puertos y, en última instancia, en los precios que pagarán los consumidores.
Imágenes | Goran_tek-en, IFREMER
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