Economía colaborativa: ¿afectará el 'car sharing' a la venta de coches?

Para quien no esté muy puesto en este tema de actualidad, la Economía colaborativa se refiere a la manera tradicional de compartir bienes o servicios, redefinida con la tecnología actual. De un escenario de consumo individualizado nos estamos acercando a nuevos modelos, potenciados por el uso de internet. Y el mundo del automóvil no escapa a esa renovada forma de abordar la Economía.

Estos días, los compañeros de Genbeta le han estado dando una vuelta al consumo colaborativo. Han estado hablando, entre otras cosas, sobre compartir casa y coche, y esto nos ha llevado a analizar la cuestión desde el punto de vista del aficionado al automóvil. Teniendo en cuenta el actual escenario económico y la pujanza del consumo colaborativo, ¿afectará el car sharing a la venta de coches?

Compartir coche: cada día más habitual

En paralelo con este artículo, nuestro compañero de Genbeta Jaime Novoa ha publicado un reportaje sobre este mismo tema, pero desde otro punto de vista. Sobra decir que es lectura recomendada del día. El caso es que Jaime aporta datos sobre la proliferación de plataformas de coche compartido, y los números cantan. Los usuarios de este tipo de servicios se cuantifican ya por millones. Y cada día aumentan las cifras.

Cuando abordamos la cuestión en Motorpasión Futuro, realizamos todo un especial sobre plataformas de coche compartido, y glosamos varias de ellas: BlaBlaCar, Roadsharing, Carpooling, Amovens y Avancar. En Genbeta han ampliado la lista y han añadido otras opciones, como alquilar el coche de otras personas, ya sea por jornadas... o incluso por horas. "¡Sacrilegio!", pensará más de uno.

El ladillo que da pie a este apartado ("Compartir coche: cada día más habitual") es absolutamente intencionado. Compartir coche es cada día más... habitual. De hábito. En un escenario económico que pone en suspenso la tenencia de un vehículo en propiedad, cada día son más los que están cambiando de hábitos. Sabemos que un hábito sólo desaparece cuando aparece uno nuevo, y resulta que hay millones de personas que han creído a pies juntillas eso de más vale ser que tener.

Tampoco vayamos a creer que compartir coche a través de una empresa es el colmo de la novedad. Esta práctica se remonta a 1920, cuando en Alemania surgieron unas plataformas analógicas llamadas Mitfahrzentrale que en las inmediaciones de las paradas de autobuses y mediante un registro ponían en contacto a pasajeros y conductores que fuesen a hacer las mismas rutas para ahorrar en el viaje.

La existencia de empresas para compartir coche se remonta a 1920

Por su parte, los antecedentes en Estados Unidos, donde cada día que pasa hay más plataformas, vienen de 1942, cuando la situación bélica llevó al Gobierno a pedir a sus ciudadanos que compartieran coche para ahorrar carburante y caucho, una materia prima que en aquel entonces estaba en manos de Japón. Vamos, que está todo inventado desde hace ya unos cuantos años, aunque últimamente no nos acordáramos mucho.

Lo que pasa es que cuando el hambre acucia, todos volvemos a los guisos de la abuela. Y ese es otro punto crucial para comprender el boom de las plataformas de coche compartido: la oportunidad de quienes han visto aquí una renovada veta de negocio, frente a aquellos que consideran que su coche es un símbolo de estatus y, por encima de todo, una propiedad irrenunciable.

Pero introduzcamos ahora un elemento imprescindible para abordar la cuestión desde nuestro punto de vista. En esta ecuación del coche compartido, en este mundo feliz donde la gente renuncia a la propiedad para entregarse al placer de vivir en comunidad, ¿dónde queda la pasión por el Motor?

¿Es compatible la pasión por el automóvil con la actividad de compartir coche?

Planteo la cuestión como una dicotomía constituida por dos opciones excluyentes. ¿Por qué? Pues porque compartir coche es una idea 100 % racional, mientras que la pasión por el automóvil es irracional por definición. Vamos, que de este debate saldrá cada uno como entró: pensando que lleva razón y el otro está equivocado. ¿O quizá encontremos un punto de consenso?

En el fondo, hablamos de resistencia al cambio en un entorno donde las reglas del juego nos fuerzan a cambiar. Mantener un coche es caro, pero por supuesto las alegrías que nos proporciona quedan por encima de cualquier desembolso que tengamos que hacer.

Más que eso: durante décadas, se nos ha educado en la convicción de que tener un coche era ser alguien. O sea, que prescindir del vehículo propio se percibe ahora como una caída a los infiernos, no fastidiemos. Que para algo que podemos hacer todavía disfrutando de un mínimo de libertad en este mundo de aborregados, ¿ahora vamos a tener que desistir por ahorrar cuatro cuartos? ¿Y qué más?

¿Afectará entonces el 'car sharing' a la venta de coches?

Estas son las posiciones de saque, y ambas corren paralelas mientras la Industria del sector de la Automoción asiste a un escenario en el que las ventas de coches no pasan por su mejor momento. Si el car sharing crece, ¿empeorará la situación? ¿Se venderán menos coches porque se necesitarán menos coches en circulación?

Depende. Aunque lo más obvio es pensar que sí, que la nueva realidad impone un cambio estructural, lo cierto es que al sector del Automóvil se le presentan algunas oportunidades interesantes. La primera, la más evidente, consiste en entrar en el floreciente segmento del car sharing por la puerta grande, ofreciendo beneficios para la compra a quienes pongan su coche a disposición de los demás.

Por otra parte, los fabricantes podrían erigirse en plataformas de coche compartido, ya fuera por sí mismos o delegando esta función en filiales especializadas. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que las empresas del automóvil para poner a disposición de los viajeros coches que, por otra parte, se convertirían en un inmejorable escaparate rodante?

Porque, a todas estas, ¿no sería positivo para la imagen de una marca ofrecer coches para compartir? ¿No estaría en línea con los objetivos de Responsabilidad Social Corporativa que tiene más de una empresa del ramo? Quizá no se trata tanto de analizar si disminuirán o no las ventas, como de prever cómo se pueden recolocar, en el mercado del coche compartido, los coches que dejen de fabricarse para ese concepto que quizá pase pronto horas bajas: la propiedad.

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