
La llegada de los coches eléctricos está obligando a replantear uno de los impuestos más antiguos del automóvil: el que se paga cada vez que se reposta
Los coches eléctricos están creando un problema inesperado para muchos gobiernos. Cuantos más circulan, menos dinero entra por uno de los impuestos que históricamente ha servido para financiar carreteras e infraestructuras. Uno de los últimos países en enfrentarse a ello es Japón, cuna del automovilismo.
Allí, y desde hace más de medio siglo, los conductores han ido contribuyendo al mantenimiento de las carreteras de una forma sencilla y casi invisible: pagando un recargo cada vez que llenaban el depósito. El sistema seguía una lógica sencilla, pues si gastabas más combustible, más dinero recaudaba el Estado para carreteras. Pero ahora, el auge del coche eléctrico está cambiando esa dinámica; ha roto ese equilibrio.
Todo gira alrededor de los coches eléctricos
Como en otras partes del mundo, en el país del sol naciente cada vez hay más vehículos que utilizan las carreteras sin pasar por la gasolinera, lo que significa que tampoco contribuyen a las arcas públicas a través de los impuestos sobre el carburante. Y eso ha llevado a Japón a plantearse una pregunta cada vez más difícil de esquivar para muchos gobiernos: si los coches dejan de consumir combustible -o lo reducen drásticamente-, ¿Cómo se paga el mantenimiento de las carreteras?
La respuesta obliga a mirar atrás, cuando en 1974 Japón introdujo un recargo “temporal” sobre la gasolina para financiar la construcción y mejora de carreteras. La medida acabó prolongándose mucho más de lo previsto, hasta que el impuesto sobre la gasolina dejó de aplicarse a finales de 2025 y el equivalente sobre el diésel desapareció en abril de este mismo año. Por eso ahora toca encontrar una nueva forma de recaudar.
Ahora Japón quiere reformar la fiscalidad del automóvil para repartir y equilibrar la carga impositiva entre los distintos tipos de vehículos, ya que los eléctricos y los PHEV no pagan allí los impuestos asociados al consumo de gasolina o diésel. En la reforma fiscal para 2026, el Ministerio de Finanzas ya planteó estudiar una nueva carga para los coches eléctricos y los híbridos enchufables en función de su peso, por ejemplo.
La idea es tener en cuenta que, independientemente de cómo se propulse un coche, todos utilizan las carreteras y generan costes de mantenimiento.
Esto es importante porque Japón también está eliminando algunos de los impuestos que durante décadas han gravado los combustibles. El recargo temporal sobre la gasolina, introducido en 1974 para financiar la construcción y mejora de carreteras, dejó de aplicarse a finales de 2025, mientras que el equivalente para el diésel se eliminó en abril de 2026.
El resultado es un cambio de modelo: si una parte cada vez mayor del parque utiliza electricidad y, además, desaparecen algunos impuestos vinculados al combustible, los gobiernos necesitan encontrar otras formas de recaudar para mantener las carreteras. Aquí aparece una posibilidad que ya se ha probado en otros lugares: cobrar directamente por el uso de la carretera.
Por ejemplo en Oregón, EEUU, funciona desde 2015 el programa OReGO. Los conductores que participan pagan dos centavos de dólar por cada milla recorrida y esa cantidad se destina al mantenimiento y mejora de carreteras y puentes. El sistema registra los kilómetros recorridos y sustituye parte de la recaudación que antes llegaba a través del impuesto sobre los carburantes,
Sobre el papel parece una medida sencilla de aplicar, pero llevarlo a la práctica plantea varias dudas: una de las principales, tiene que ver con quienes viven lejos de las grandes ciudades. En Tokio y otras grandes áreas urbanas existe una amplia red de trenes, metro y autobuses, pero en muchas zonas rurales el coche sigue siendo imprescindible para ir al trabajo, hacer la compra o acudir al médico. Si la factura depende directamente de los kilómetros recorridos, quienes más necesitan conducir a diario podrían acabar asumiendo la mayor parte de la carga.
También hay otra dificultad añadida: las motos. Registrar los kilómetros de un automóvil es relativamente fácil, pero hacerlo en una motocicleta plantea más problemas por su exposición a la lluvia, las vibraciones, los golpes y el espacio disponible para instalar cualquier dispositivo. Además, muchas motos japonesas de baja cilindrada ni siquiera están sujetas a inspecciones obligatorias en Japón como ocurre en España, lo que añade otro problema a la hora de controlar su uso.
La paradoja es que las motos podrían acabar entrando en una reforma fiscal impulsada principalmente por otro vehículo: el eléctrico. A medida que aumentan los coches que no utilizan gasolina ni diésel, los impuestos asociados a los carburantes dejan de ser una fuente de ingresos tan eficaz. Y los gobiernos ya están buscando nuevas fórmulas para mantener la recaudación necesaria para financiar las carreteras.
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Imágenes | Unplash, Renault
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