¿Puede vivir Madrid con coches compartidos sin que el sector del taxi salga a protestar?

¿Es posible integrar el coche compartido como estrategia de movilidad sostenible sin que se resienta el sector del transporte público tradicional? En esa cuadratura del círculo anda la ciudad de Madrid, donde los taxistas se quejan de la llegada de car2go, el servicio de eléctricos compartidos de Daimler que lleva cuatro años operando en Estados Unidos y que ahora desembarca en España.

Los representantes del sector del taxi niegan estar de espaldas al progreso, pero denuncian que en las conversaciones entre el Ayuntamiento de Madrid y car2go no han tenido ningún papel, que nadie les ha tenido en cuenta. En su protesta van más allá y explican que cuando su sector intenta innovar se les sanciona, y ponen el ejemplo del proyecto de taxi compartido iniciado el mes de abril en Rivas-Vaciamadrid, que fue rechazado por el Gobierno de la Comunidad.

Otra queja de los taxistas va en la línea de preservar los puntos de parada céntricos de la ciudad, que según denuncian han ido desapareciendo para dejar paso a las plazas de aparcamiento de bicicletas, o el previsible corte de tráfico en el Paseo del Prado, una importante arteria del centro de Madrid, los domingos por la mañana. En general, reclaman que la gestión de los espacios públicos también les tenga en cuenta a ellos, como profesionales del transporte de viajeros.

Tras las protestas de los taxistas contra Uber, que ya sabemos que en un primer momento no obtuvieron los resultados esperados, este es el siguiente capítulo en una historia que huele a lluvia sobre mojado, y que ahora tiene en car2go un nuevo exponente, que seguramente no será el último.

Sumando todas las ciudades en las que opera, car2go cuenta con una flota
de 13.500 vehículos y con una cartera de más de un millón de clientes.

Los coches que aportará Daimler en Madrid son 500 unidades, todas eléctricas por primera vez en este proyecto de coches compartidos. Se trata de un número relativamente pequeño frente a las 15.500 licencias de taxi que hay en la capital de España. Unas licencias que, además, han dejado de ser un negocio desde que comenzó la crisis: en primer lugar, porque la facturación ha caído un 40 %; en segundo, porque las licencias también han perdido el valor de transmisión que tenían años atrás. El sector del taxi no pasa por su mejor momento en Madrid, y ese mal momento hace años que dura.

Responsabilizar de este mal momento a los nuevos servicios que van surgiendo resulta tan estéril como pretender forzar las negociaciones entre Daimler y cualquier gobierno local, quejarse de que las bicicletas ocupan espacio o protestar ante cualquier otro signo de cambio en una ciudad que necesita que mejore su movilidad. La pelea de este sector no debería ir con el resto de las empresas o personas que quieren moverse, sino con la manera en que se adapta el sector al nuevo escenario. En este sentido, el ejemplo de las innovaciones que se sancionaron en Rivas-Vaciamadrid es el paradigma de lo que es preciso resolver con las administraciones.

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