Jessica Forrest, bióloga: “Solo hay que dejar las cunetas un poco menos ordenadas” para proteger a las abejas

Carretera Cuneta Ok

Los márgenes con menor mantenimiento ayudan a la supervivencia de especies como las abejas o las mariposas

Irene Mendoza

Las cunetas y los márgenes de las carreteras tienen una función muy concreta: mantener la vía despejada, facilitar la visibilidad y evitar que la vegetación invada la calzada. Pero segar esos espacios más veces de las necesarias puede tener un efecto poco visible para quien circula por la carretera: reducir el hábitat disponible para abejas, sírfidos y otros polinizadores.

Por eso, un estudio realizado en Ontario (Canadá), ha comparado distintas formas de mantener estos márgenes sin que esto afecte a la seguridad vial, y llega a una conclusión muy sencilla: cuando la vegetación se corta con menos frecuencia, hay más polinizadores y también más especies diferentes.

Dos formas de mantener una misma carretera

El trabajo, publicado en Insect Conservation and Diversity, analizó 31 emplazamientos durante 2023 y 2024. Los investigadores recogieron 3.773 ejemplares pertenecientes a 153 especies, entre ellas 100 especies de abejas y 53 de sírfidos. Los márgenes sometidos a un mantenimiento menos intensivo registraron alrededor de un 45 % más de individuos polinizadores y un 23 % más de especies.   

La diferencia más sólida del estudio está precisamente en la diversidad: la riqueza media pasó de 21,8 a 26,9 especies por emplazamiento. El sistema menos intensivo consistía en dos siegas al año y tratamientos localizados contra plantas invasoras, mientras que en las zonas convencionales se realizaban entre dos y cuatro siegas y se aplicaban herbicidas sobre superficies más amplias.

Jessica Forrest, catedrática de Biología de la Universidad de Ottawa e investigadora principal del estudio, explica que lo que sorprendió al equipo no fue simplemente que la gestión tuviera consecuencias, sino cuánto podían cambiar los resultados con solo dos ajustes relativamente modestos. Según la investigadora, “tampoco hace falta plantar nuevos espacios ni realizar grandes inversiones para obtener beneficios”.   

Hay, eso sí, un matiz importante en ese 45 %: la diferencia en el número total de individuos estaba condicionada en buena medida por unas pocas especies muy comunes y perdió fuerza estadística cuando se retiraron del análisis. El aumento del 23 % en la riqueza de especies es el resultado más consistente del trabajo, y la explicación está en algo tan sencillo como las flores.

Cada siega elimina parte de las plantas que proporcionan néctar y polen y reduce también los tallos y pequeños refugios que utilizan los insectos. Así, una vegetación algo más compleja permite mantener esos recursos durante más tiempo. Por eso, el estudio no plantea abandonar las cunetas, sino reducir la intensidad del mantenimiento y sustituir los tratamientos generales por actuaciones localizadas cuando sean necesarias.   

Ben Phillips, investigador de la Universidad de Exeter, resume el problema desde el punto de vista de la carretera: “Algunas cunetas hay que segarlas por seguridad, pero ahora mismo segamos mucho más de lo que necesitamos”. Su trabajo, basado además en una revisión de más de 140 estudios, apunta a que los beneficios de estos márgenes para los insectos pueden superar ampliamente sus costes. 

Forrest, por su parte, insiste en que la seguridad y el control de especies invasoras siguen siendo necesarios. Su conclusión es mucho más sencilla: “Solo hay que dejar que la cuneta esté un poco menos ordenada”.   

En España también se está estudiando cómo mantener estos espacios

La cuestión no se queda en Canadá. En España también se están desarrollando trabajos sobre la relación entre carreteras, vegetación y polinizadores, y el MITECO ha publicado este mismo año unas orientaciones específicas para gestionar estos espacios. La guía propone dividir los márgenes en distintas zonas según su función, con una zona de seguridad junto a la carretera y otras áreas donde se puede favorecer una vegetación más diversa.  

La frecuencia de siega cambia bastante según la zona. En la franja de seguridad se plantean dos o tres siegas al año, mientras que fuera de ella, si no existe un objetivo concreto como controlar especies invasoras, la recomendación pasa a una siega anual o incluso una cada dos o tres años. El documento también aconseja evitar, siempre que sea posible, las siegas durante primavera y verano y desplazarlas a principios de otoño, algo que puede reducir además el riesgo de accidentes con animales como los jabalíes.    

La guía incluye al detalle de cómo hacer esa siega y, entre otras cosas, establece una altura de corte óptima de 12 a 15 cm, mientras que en ambientes especialmente sensibles recomienda dejar alrededor de 25 cm o más. También propone utilizar la siega en mosaico o por parches, para evitar grandes superficies de vegetación cortadas de manera uniforme.

Pero hay una particularidad especialmente interesante para una carretera: una cuneta llena de flores también puede convertirse en una trampa ecológica si atrae a los polinizadores hacia una vía con mucho tráfico. Por eso el MITECO establece distintos criterios según la intensidad media diaria: considera prioritarios los tramos con menos de 1.000 vehículos al día, pide una evaluación específica entre 1.000 y 4.000, limita las actuaciones a zonas alejadas de la influencia inmediata entre 4.000 y 10.000 y deja fuera de estas medidas de mejora activa los tramos que superan los 10.000 vehículos diarios.   

También hay datos españoles que ayudan a entender el problema desde el otro lado. El CEDEX está estudiando desde 2025 cómo afecta una autovía a los insectos polinizadores en un tramo de 10 kilómetros de la A-2, entre Trijueque y Gajanejos, en Guadalajara. El trabajo ya ha identificado más de 120 especies pertenecientes a 70 familias y analiza si la carretera actúa como una barrera para su movilidad.

La cuestión, por tanto, no es dejar de mantener las cunetas, sino decidir dónde, cuándo y cuánto hay que segarlas para que la carretera siga siendo segura sin convertir cada margen en un terreno estéril para los insectos.

Imágenes | Ecoinventos, Unsplash, Universidad de Otawa, MITECO

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