El asfalto negro puede absorber hasta el 95 % del calor del sol. Los Ángeles lleva años probando una solución: calles de color gris

Asfato Gris Apertura
  • El asfalto convencional puede absorber hasta el 95 % de la radiación solar

  • Los pavimentos reflectantes prometen ciudades más frescas, aunque Los Ángeles ha descubierto que no basta con cambiar el color de las calles

Irene Mendoza

El asfalto tiene muchas virtudes, pero mantenerse fresco en pleno verano no es una de ellas. Los pavimentos convencionales tienen un albedo muy bajo, de aproximadamente 0,05 a 0,1, lo que significa que reflejan solo entre el 5 % y el 10 % de la radiación que reciben y pueden absorber hasta el 95 %, según datos del MIT. Después acumulan esa energía durante horas y la van liberando lentamente, incluso cuando ya ha anochecido.

Es uno de los motivos del conocido efecto isla de calor en las ciudades, que hace que estas tengan temperaturas sensiblemente más altas que sus alrededores. Y hay mucho suelo capaz de acumular energía: aproximadamente el 40 % de la superficie de las zonas urbanas está pavimentada, según los investigadores. Los Ángeles, EEUU, decidió convertir la posible solución a ese problema en un experimento a gran escala.

Los Ángeles lleva casi una década intentando enfriar sus calles

En 2017 la ciudad comenzó a aplicar sobre algunas calzadas “CoolSeal”: un revestimiento gris claro que aumenta el albedo del pavimento, es decir, su capacidad para reflejar la radiación solar. No se trata simplemente de pintar las carreteras de color claro, sino de modificar el comportamiento de una superficie que normalmente absorbe enormes cantidades de energía para conseguir que la devuelva.

Los primeros resultados fueron espectaculares a ras de suelo: las superficies tratadas podían estar varios grados más frías que el asfalto negro durante las tardes de verano. En las pruebas, el pavimento convencional rondaba los 42 o 43 ºC mientras el tratado con una sola capa se quedaba en unos 36 ºC.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) recoge resultados similares en otros proyectos: algunos pavimentos convencionales pueden alcanzar unos 67 ºC al mediodía mientras las superficies frías se mantienen entre 5,5 y 8,9 ºC por debajo. Y cuando el tratamiento se aplica a una superficie suficientemente grande, el efecto puede llegar también al aire.

El potencial tampoco se limita a California. Los modelos desarrollados por el “Concrete Sustainability Hub” del MIT calculan que los pavimentos más reflectantes podrían reducir las temperaturas máximas de verano hasta 1,7 ºC en Boston y 2,1 ºC en Phoenix.

Además, estiman que las emisiones de CO₂ podrían reducirse hasta un 3 % en Boston y un 6 % en Phoenix a lo largo de 50 años. El resultado, eso sí, cambia mucho de un barrio a otro dependiendo de la forma de los edificios, las calles y el tráfico. Al otro lado del océano, hay soluciones similares en marcha por ejemplo, en Marruecos.

El problema es que el calor reflejado tiene que ir a alguna parte

Pero todo experimento tiene su cara B, y una carretera más fría no garantiza que un peatón vaya a sentir menos calor: al reflejar más radiación, parte de esa energía puede terminar sobre las aceras, las fachadas o directamente sobre las personas.

Una investigación sobre el efecto de estos pavimentos en el estrés térmico de los peatones recoge que las superficies reflectantes de CoolSeal estudiadas en Los Ángeles estaban entre 4 y 6 ºC más frías que el asfalto convencional, pero aumentaban la radiación de onda corta recibida en su entorno y podían elevar unos 4 ºC la temperatura radiante media al mediodía.

Por eso, no tiene sentido aplicar este tipo de soluciones indiscriminadamente: por ejemplo, en una calle estrecha entre edificios altos, donde el sol apenas alcanza el pavimento, obtiene poco beneficio. Además, la radiación reflejada hacia las fachadas puede aumentar la necesidad de refrigeración de los edificios.

La propia EPA advierte de que los costes y beneficios de estas soluciones “no pueden evaluarse únicamente por cuánto baja la temperatura del pavimento”: influyen el material, el clima, el tráfico, la vida útil, el mantenimiento y el lugar donde se instala. Incluso el balance ambiental puede complicarse.

La conclusión después de años de experimentos no es que los pavimentos claros no funcionen: sí que funcionan, pero hay que elegir muy bien dónde. En avenidas abiertas, aparcamientos o lugares donde resulte difícil introducir vegetación pueden convertirse en una herramienta más contra el calor extremo. En otros espacios, los árboles siguen portando ventajas únicas y difíciles de superar pues, entre otras cosas, dan sombra antes de que la radiación llegue al suelo y enfrían el aire mediante evapotranspiración.

Imágenes | CoolSeal, AFP Español, MIT

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