
Las aves ya evitan muchas turbinas mejor de lo que se pensaba, pero este nuevo ensayo busca reducir todavía más las colisiones mediante un sencillo contraste visual
La energía eólica es una de las renovables que más crece en el mundo, especialmente en Europa y en el mar del Norte. Pero su desarrollo sigue enfrentándose a un reto importante: cómo reducir su impacto sobre la fauna. Ahora, un gigantesco parque eólico quiere comprobar si una solución tan simple como pintar una pala de rojo puede ayudar a evitar colisiones de aves y murciélagos puede ayudar.
El experimento se llevará a cabo en Hollandse Kust West VI, un parque eólico marino de 760 MW desarrollado por Ecowende (la alianza formada por Eneco y Shell), que cuando entre en funcionamiento será capaz de suministrar energía a más de un millón de hogares al año. Allí, siete aerogeneradores Vestas V236-15.0 MW incorporarán una única pala roja de 115,5 metros de longitud, más larga que un campo de fútbol.
Una pala roja para que las aves detecten antes el movimiento del rotor
La idea parte de una hipótesis científica relativamente sencilla: cuando las tres palas tienen el mismo color, el rotor genera un patrón visual uniforme que puede resultar difícil de interpretar para algunas aves, especialmente en condiciones de niebla, baja luminosidad o reflejos intensos sobre el mar. Al pintar una de ellas de rojo se rompe esa simetría y se crea un contraste dinámico que facilita la detección del movimiento.
La iniciativa surge de investigaciones realizadas en Noruega ya obtuvieron resultados prometedores al pintar parcialmente algunas palas de aerogeneradores terrestres, llegando a registrar reducciones significativas en las colisiones.
En concreto, un estudio realizado por el Norwegian Institute for Nature Research (NINA) en el parque eólico de Smøla, que concluyó que pintar una de las palas de negro podía reducir de forma notable las colisiones de aves, con descensos cercanos al 70 % en algunas de las turbinas monitorizadas. El reto ahora es comprobar si ese mismo efecto puede reproducirse en alta mar, donde las rutas migratorias, la niebla y los reflejos sobre el agua añaden nuevas variables a la ecuación.
Los ingenieros han elegido finalmente el color rojo tras estudiar otros colores como tonos negros y fluorescentes, pero acabaron descartándolos por posibles problemas de sobrecalentamiento y durabilidad de los materiales compuestos. En contraste, el rojo ofrecía el mejor equilibrio entre visibilidad, resistencia y comportamiento térmico. Según Lisa Malmquist Ekstrand, vicepresidenta de sostenibilidad de Vestas, el objetivo es “reforzar la base científica que permita desarrollar parques eólicos cada vez más compatibles con la naturaleza”.
Mucho más que una pala roja
Este proyecto forma parte de una estrategia mucho más ambiciosa, pues el Hollandse Kust West VI ha sido concebido como un laboratorio a tamaño real para demostrar que la energía eólica marina puede integrarse mejor en los ecosistemas. Entre otras, integra soluciones como turbinas más altas de lo normal para reducir interferencias con las rutas migratorias y su distribución crea corredores ecológicos entre la costa y espacios protegidos como Brown Bank, incluido en la red Natura 2000.
Bajo el agua, cuatro de las cimentaciones incorporan innovadores refugios para peces, mientras que el proyecto contempla la recuperación de arrecifes y la reintroducción de la ostra plana europea, una especie desaparecida del mar del Norte neerlandés en los años cincuenta. Además, la instalación de los pilotes se ha realizado utilizando tecnologías que reducen el ruido submarino para minimizar las molestias a marsopas y otros mamíferos marinos que dependen del sonido para orientarse.
Este despliegue de medidas responde a un escenario de expansión masiva: el mar del Norte se está consolidando como el gran motor de la eólica marina en Europa, donde se prevé multiplicar la capacidad instalada durante las próximas décadas. Ante una escala industrial de tal magnitud, la viabilidad y la aceptación de los futuros parques ya no dependerá sólo de su rendimiento energético, sino de su capacidad técnica para convivir con el entorno.
Imágenes | Vestas
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