“No sé dónde pasaré la noche”: tiene trabajo, pagaba 550 euros por vivir en una furgoneta en Ibiza y aun así acabó desalojada

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Cada vez más trabajadores de Ibiza viven en caravanas y camper porque no pueden pagar un alquiler. Y eso también les coloca en el punto de mira de la ley

Irene Mendoza

La imagen que mejor resume la situación de la vivienda en Ibiza no es la de una urbanización de lujo o la de una cola frente a una inmobiliaria, es la de Yamile Elisabeth Mora sentada sobre una maleta después de ser desalojada del terreno donde vivía. Su casa era una furgoneta por la que pagaba 550 euros al mes, porque no tenía otra alternativa real para vivir en la isla, según relató a elDiario.es.

“Cuando una busca un alquiler le piden fácil mil euros y tres o cuatro meses de fianza por compartir un espacio chiquito con cinco personas más”, explicaba en la entrevista esta trabajadora venezolana, fisioterapeuta de formación y empleada en el sector turístico durante la temporada alta. Una situación que cada vez afecta a más personas en una isla donde encontrar una vivienda asequible se ha convertido en una misión imposible.

Cuando trabajar en Ibiza ya no garantiza un lugar donde vivir

Los desalojos ejecutados en abril en Sa Joveria y Can Misses han vuelto a poner el foco sobre una realidad que Ibiza arrastra desde hace años: en ocho días, las autoridades desmantelaron dos asentamientos donde habían llegado a vivir cientos de personas en caravanas, autocaravanas, furgonetas camper, tiendas de campaña y construcciones precarias. Según cifras oficiales, en Sa Joveria llegaron a concentrarse más de 130 residentes, mientras que en Can Misses vivían entre 70 y 80 antes de la intervención judicial.

Pero detrás de los números hay camareros, cocineros, personal de limpieza, repartidores, albañiles o trabajadores de hoteles; personas que cada mañana acuden a sus puestos de trabajo y que forman parte de la maquinaria que sostiene la temporada turística de la isla. Para muchos de ellos, una caravana o una furgoneta camper ha dejado de ser un vehículo para convertirse en su única opción habitacional, lo que explica la proliferación de asentamientos donde estos vehículos terminan utilizándose como viviendas permanentes.

El negocio oculto de las caravanas alquiladas como vivienda

Ante la falta de oferta residencial asequible, ha surgido otro fenómeno cada vez más visible en Ibiza: el alquiler de caravanas y furgonetas como residencia permanente. La propia Yamile explicaba que decidió alquilar una furgoneta equipada porque no tenía carné de conducir y no podía comprar una propia.

“Yo he vivido bien allí dentro”, decía. Disponía de una cama elevada, espacio para guardar sus pertenencias e incluso una pequeña zona exterior, aunque debía buscar agua constantemente para alimentar una ducha portátil. Su caso demuestra hasta qué punto estos vehículos han pasado a cubrir una necesidad básica de vivienda. Una práctica que ha proliferado al calor de la crisis residencial de la isla y que incumple la normativa urbanística y territorial balear.

La paradoja de Ibiza: tampoco es fácil vivir legalmente sobre ruedas

La aplicación de la Ley 5/2024 de control de vehículos ha endurecido las condiciones de acceso a la isla para autocaravanas y campers no residentes: en muchos casos es obligatorio acreditar una reserva previa en un camping autorizado. El problema es que la oferta es limitada, suele agotarse rápidamente y las tarifas oscilan entre los 40 y los 60 euros por noche, cifras difíciles de asumir para quienes buscan una solución habitacional a largo plazo.

A ello se suma el aumento de los controles, ya que en municipios como Sant Antoni de Portmany ya utilizan drones para localizar asentamientos irregulares en suelo rústico, mientras que las administraciones justifican estas actuaciones por motivos de seguridad, riesgo de incendios y protección del territorio.

Las entidades sociales, por su parte, llevan tiempo advirtiendo de que los desalojos eliminan los asentamientos, pero no resuelven el problema que los origina. “Lo he pensado, pero no quiero rendirme”, confesaba Yamile cuando le preguntaron si valoraba abandonar Ibiza.

Porque una vez que las excavadoras se marchan y desaparecen las caravanas, la pregunta sigue siendo la misma: dónde dormirán mañana quienes siguen sin poder permitirse una vivienda en la isla.

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