Monza no se toca

El futuro de Monza está en el aire. A día de hoy, no es seguro que podamos seguir disfrutando de ver rodar los Fórmula 1 por una de las pistas con más magia del mundo entero. Magia que se complementa a la perfección con la desbordante pasión que caracteriza a los tifossi que hacen de Ferrari su religión.

Sebastian Vettel lo expresó estupendamente el pasado fin de semana a la finalización del Gran Premio de Italia: "si desaparece del calendario por cualquier (palabra malsonante) razón de dinero, básicamente nos destrozarían el corazón".

Porque no sólo de números, cánones y dólares debería vivir la Fórmula 1. ¿Acaso es mejor para la Fórmula 1 correr en una pista desierta que paga cantidades ingentes a Bernie por albergar la carrera que hacerlo en una pista donde la pasión de los aficionados desborda las gradas? ¿No es mejor escuchar esos motores rodando al máximo con el rugido de fondo del griterío de los aficionados dando fuerza a sus queridos Ferrari? ¿O preferimos que el ruido se ahogue rebotando en faraónicas tribunas de hormigón vacías?

Hay una serie de circuitos en el calendario de la Fórmula 1 que deberían estar siempre en él por decreto, por imposición de la FIA. Sin lugar a dudas, Monza es uno de ellos. No se puede menospreciar un circuito tan legendario, hasta el punto de ser el que más Grandes Premios de Fórmula 1 ha presenciado en su asfalto, habiendo estado siempre en el calendario salvo en 1980.

La invasión de pista de final de carrera, la siempre emocionante ceremonia del podium, la acogida de toda una afición loca por la Fórmula 1... Yo no quiero que 2016 sea el último año en que podamos vivir esa pasión que sólo Monza lleva a la máxima expresión. Los pilotos tampoco. La Fórmula 1 necesita el calor de circuitos como Monza. Eso no lo paga ni el canon más alto del mundo.

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