Carlos Sainz, la suerte y una frase que define a un campeón: "Lo siento, pero quiero ganar esta carrera"

El Gran Premio de Italia de 2020 puso de manifiesto lo interesante que puede llegar a ser la Fórmula 1 actual sin los Mercedes en pista (y con Max Verstappen en horas bajas). Pierre Gasly ganó la carrera tras una persecución espectacular con Carlos Sainz hasta la última curva. Un duelo que por la sexta posición hubiese pasado desapercibido, pero que por la victoria ha quedado en la historia.

Sin temor a equivocarnos se puede decir que lo que hizo Sainz en Monza fue su mejor fin de semana desde que es piloto de Fórmula 1. En la que muy pronto será su casa, el piloto español demostró una velocidad templada impropia de un piloto que estaba ante su primera opción de ganar una carrera. Y dejó una frase que le define como piloto: "Lo siento, Tom, pero quiero ganar esta carrera".

Sainz tuvo mala suerte en carrera y aún así se quedó a cuatro décimas de la victoria

Ocurrió a dos vueltas del final. El ingeniero de pista de Sainz, sabedor de lo bien que le venían a McLaren esos 18 puntos del español más los doce que estaba sumando Lando Norris, instó a su pupilo a que se conformase con ser segundo. Le dio una excusa perfecta a Sainz para dejar de competir, pero él demostró que es un campeón. Quien le dio la orden por radio fue McLaren, pero él respondió a Ferrari.

Carlos Sainz fue el piloto del día en Monza. O, mejor dicho, el del fin de semana. Ya, Pierre Gasly ganó su primera carrera en la Fórmula 1 y es innegable que hizo una carrera impresionante. Culminó lo que ya venía demostrando durante muchas carreras: que es muy rápido y ha ganado una consistencia enorme. Recordemos que tan solo es su tercer año en la Fórmula 1.

Las vidas de Sainz y Gasly están más unidas de lo que parece. Fueron compañeros de equipo durante tan solo dos carreras en 2017, las que fueron las dos primeras de Gasly en la Fórmula 1 y las dos últimas de Sainz en Toro Rosso. Después, ambos se postularon para sustituir a Daniel Ricciardo en Red Bull, pero el elegido fue el francés. Ya conocemos el resultado.

Ahora Gasly está demostrándole a Helmut Marko y a toda la plana mayor de Red Bull que se equivocaron gravemente cuando lo relegaron tras solo medio año. Entonces apostaron por lo decentes resultado que podía dar inmediatamente Alexander Albon antes que por los brillante que podría dar potencialmente algún día Gasly. Ya están aquí, incluso con Alpha Tauri.

Pero, aún así, el piloto del día fue Carlos Sainz. Lo suyo fue una exhibición. Teniendo (muy) mala suerte en la carrera, aún así se quedó a cuatro décimas de ganar. Y con un coche que, evidentemente, no se puede decir que sea uno de los dominantes. Sí, el McLaren iba bien en Monza, pero sus tiempos estaban más cerca del Ferrari y del Alfa Romeo que del Mercedes.

Sainz hizo una clasificación brillante, colándose el primero del resto del mundo. La primera salida fue perfecta, tenía la segunda posición muy amasada, cuando llegó el caos. Pero el coche de seguridad y luego la bandera roja. De repente, en una carrera que Sainz tenía asegurado el podio pasó a verse saliendo sexto de la parrilla.

La resalida de la carrera fue un punto crítico. El azar colocó a Sainz saliendo sexto, en mitad de muchos coches y por la zona sucia, más sucia que nunca después de casi 30 vueltas de carrera en las que los coches habían estado pasando por la zona limpia. Pero Sainz lo bordó. No cedió posiciones y tampoco se precipitó atacando a los coches lentos que tenía delante.

La injusta norma del cambio de neumáticos bajo bandera roja, que ya arruinó una preciosa carrera en Mónaco 2011 en la que Sebastian Vettel, Fernando Alonso y Jenson Button estaban luchando cuerpo a cuerpo por la victoria, le colocó por delante mágicamente a Lance Stroll. Pero sin dejarse llevar por la rabia, Sainz le hizo un adelantamiento muy limpio y meritorio por lo difícil que es pasar al Racing Point.

El español se ganó el podio primero por el procedimiento habitual: enorme clasificación, buena salida y ritmo de carrera. Luego la fortuna le quitó el cajón, pero él se lo volvió a ganar, esta vez por las malas: salida por la zona sucia, adelantamientos en pista a Stroll y Kimi Raikkonen y persecución a Gasly en pos de una victoria que, en buena lid, era suya.

No, Gasly no se ahorró la parada en boxes por la bandera roja. Cambió sus neumáticos en cuanto el coche de Kevin Magnussen se paró y comenzó a ondear la bandera amarilla, esperando que se convirtiese en Safety Car. Lo que no esperaba era que directamente cerrasen el pit lane. Echó la lotería esperando llevarse el reintegro, para seguir jugando, y al final le tocó el premio gordo.

Además, luego sí que cambió neumáticos durante la bandera roja. Se deshizo de los duros que originalmente había montado para poner los medios, lo que le dio más velocidad y, sobre todo, le evitó el drama de hacer la resalida con el compuesto más duro de Pirelli. Sí, Gasly y Alpha Tauri lo bordaron, pero la suerte les sonrió.

A él y a Stroll, que pasó de estar en ninguna parte a cazar otro podio más. El único que estaba ahí antes y después del coche de seguridad y la bandera roja fue Sainz. Dice mucho en su favor que con la suerte en contra y sin un coche dominante, cruzase la meta a tan solo cuatro décimas de la victoria. Faltó solo una recta más.

Primero triunfo de un equipo que no es Ferrari, Mercedes o Red Bull en toda la era híbrida

En cualquier caso, lo que pasó en Monza es historia para la Fórmula 1 por muchos motivos. La última vez que un francés ganó una carrera fue en el Gran Premio de Mónaco de 1996, un triunfo tan extraño como el de Gasly, puesto que lo hizo Olivier Panis saliendo el decimocuarto con un Ligier-Honda.

Pero más importante que eso, la de Gasly es la primera victoria de un equipo fuera de Ferrari, Mercedes y Red Bull de toda la era híbrida. La última vez que ganó un coche que no fuese de este tridente fue en el Gran Premio de Australia de 2013, cuando triunfó Kimi Raikkonen con un Lotus-Renault.

Es más, no es que no ganasen, es que ningún coche de Ferrari, Red Bull y Mercedes estuvo ni siquiera en el podio. La última vez que eso pasó fue en el Gran Premio de Hungría de 2012, cuando Lewis Hamilton ganó con un McLaren y estuvo escoltado en el podio por los Lotus de Raikkonen y Romain Grosjean. Ocho años han pasado.

Viniéndonos a España, lo de ayer definitivamente consagra a Sainz como el segundo mejor piloto español de la historia de la Fórmula 1. Ya ha desempatado en podios con Pedro de la Rosa y Alfonso de Portago, y su carrera no ha hecho más que empezar. Con Ferrari, y a partir de 2022, Sainz ha demostrado que está listo para luchar por cualquier cosa.

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