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¿Un híbrido se conduce de forma distinta?

La pregunta es rara, pero una de las preocupaciones habituales de quienes dudan si un híbrido les gustará es saber si el estilo de conducción tiene que ser diferente al que emplean con su coche habitual. Será que como los vehículos híbridos les suenan a alta tecnología (que lo son) del futuro (que lo son también), los ven como algo raro.

Y ahí es donde se equivocan, porque conducir un híbrido no se distingue en nada de conducir un coche movido exclusivamente con gasolina o gasóleo. ¿Qué? ¿Sorprendidos con esta afirmación? Pues no hay de qué sorprenderse…

Un híbrido se conduce de forma eficiente, como cualquier otro automóvil. La diferencia está en que cuando se trata de un coche de gasolina o gasóleo la conducción eficiente siempre se ha vendido como un añadido prescindible, mientras que en un coche híbrido se vende la conducción eficiente como la manera de sacarle partido a sus mejores prestaciones.

Dicho de otra manera: un coche de inyección, gasolina o gasóleo, cuando circula por encima de su régimen de ralentí, con una marcha engranada y sin pisar el pedal del acelerador, consume cero litros de combustible. En el caso del híbrido, cuando lo dejamos rodar sin apretar el acelerador, se nos recarga la batería, lo que redunda en ahorro energético.

¿Eso quiere decir que las prestaciones de un híbrido van a ser las mismas que las de un coche movido sólo por carburantes fósiles? De ninguna manera, ya que la energía eléctrica que se va acumulando en las baterías a medida que somos eficientes con la conducción se puede emplear como única fuente energética en entornos donde los coches que se mueven sólo con carburantes fósiles contaminan más: la ciudad.

Si logramos conducir de manera que nuestra fuente de energía dentro de ciudad sea la electricidad acumulada gracias al mismo movimiento de nuestro vehículo… no sólo nos estaremos ahorrando un buen pico en gasolina, sino que además estaremos contribuyendo a la mejora del medioambiente, tanto en la calidad del aire como en la reducción del ruido.

Las claves para conseguir este ahorro energético tan significativo como saludable son las mismas que las de la conducción eficiente: observación del entorno a la mayor distancia posible, previsión de las acciones de los demás, dominio del espacio propio y ajeno… y suavidad en el manejo de los mandos.

Esto se entiende muy bien con un antiejemplo. Si vemos un semáforo en amarillo y aceleramos como locos para pasarlo sin tener en cuenta que el coche de delante está frenando… no sólo estaremos gastando energía sino que nos exponemos a tener un percance. Y eso sí que es igual en coches movidos por baterías, por carburantes fósiles… o tirados por un animal.

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